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Conflicto y Desarrollo Organizacional
Abstract de Eric Gaynor Butterfield: Conferencia sobre “Conflicto
y Desarrollo Organizacional”; Buenos Aires – 2005
organizado por The Organization
Development Institute International. www.theodinstitute.org
Dentro del mundo corporativo se “corre la voz”
desde hace más de una generación que el conflicto
es de todas maneras inevitable. Distintos trabajos de campo
han mostrado que los directivos y ejecutivos emplean alrededor
del 20 % de su tiempo en lidiar con alguna situación
conflictiva (R. A. Baron: Personality and organizacional conflict:
Type A behavior-pattern and self-monitoring”; Organizacional
behavior and human decision processes – 1989; K. W.
Thomas & W. H. Schmidt: “A survey of managerial
interests with respect to conflict”; Academy of Management
Journal – 1976) y de allí se puede deducir la
importancia del conflicto y su consiguiente impacto en la
performance organizacional. El sociólogo alemán
Georg Simmel (“Conflict” – 1908) nos hace
ver que la paz no sigue al conflicto en la misma medida que
el conflicto sigue a la paz y que el final de un conflicto
es por sí sola una empresa en sí misma. El conflicto
“No pertenece ni a la guerra ni a la paz, así
como un puente es diferente es diferente de los dos extremos
de tierra que el puente conecta”.
George Sarton (nacido en Bélgica) señala que
uno de los peores conflictos de nuestro tiempo radica en la
diferencia de opinión y de perspectivas entre los humanistas
(literatos, historiadores, filósofos) y los científicos
y que la diferencia entre ellas se ve aumentada en el tiempo
como resultado de la intolerancia entre ambos grupos y también
por el hecho que la ciencia está creciendo a saltos
(“The history of science and the history of civilization”
– 1930).
El gran conflicto entre nuestro Yo biológico y el
que es puramente humano tiene que ver en realidad con el enfrentamiento
entre lo biológico y lo ético. El concepto de
ansiedad es más bien biológico y se relaciona
con algo externo como puede ser un objeto o una situación
mientras que la culpa sería una “ansiedad interna”
donde uno es temeroso de uno mismo (“Otto Rank: “Beyond
psychoanalysis” – 1929).
El historiador norteamericano Arthur M. Schlesinger (“The
vital center” – 1949) hace una importante acotación
en relación con “conflicto”. Señala
que lo que la mayoría de nosotros vivimos no se trata
de una elección entre progreso con conflicto o progreso
sin conflicto sino que más bien es una elección
entre conflicto y estancamiento. Dentro de una postura similar
encontramos al sociólogo de los Estados Unidos de Norteamérica,
Charles H. Cooley quien hace mención a que el conflicto
y la cooperación no son cosas separadas, sino más
bien distintas fases de un proceso que siempre incluye a ambas
(“Social Process” – 1918) y Lewis A. Coser
(“The functions of social conflict” – 1956)
muestra como es necesario el conflicto dentro de las comunidades,
organizaciones y grupos al ser en sí mismo un mecanismo
de resolución de tensión entre partes antagónicas
lo que lo posiciona al conflicto como una poderosa fuerza
estabilizadora.
Muchos trabajos de distintos autores y especialistas en organizaciones
estaban orientados a eliminar o caso contrario disminuir el
impacto de los conflictos. La especificación de roles,
el desarrollo de un arreglo organizacional jerárquico
con unidad de mando y una fuerte especialización, apoyada
en una alta formalización, con mecanismos de anticipación
claro y controles estrictos, se orientaban a eliminar en todo
lo posible las situaciones conflictivas dentro de las organizaciones
y empresas. Dicho enfoque comenzó a modificarse en
las economías mas desarrolladas y el conflicto se comenzó
a considerar como algo natural y que no debía evitarse.
Y hoy en día se considera al conflicto como uno de
los procesos básicos que deben ser manejados dentro
de las organizaciones (Kenneth W. Thomas: “Conflict
and Negotiation Processes in Organizations”; en Handbook
of Industrial and Organizacional Psychology”, Consulting
Psychologists Press – 1992). Este mismo autor define
al conflicto como un proceso que comienza cuando una de las
partes percibe que la otra la está afectando negativamente
respecto de algo que realmente le interesa o sino que está
por ser afectado negativamente.
Los lectores interesados en otras definiciones de conflicto
pueden acudir a distintas fuentes que han realizado muy buenos
resúmenes de distintas definiciones (Lewicki, Weiss
& Lewin: “Models of conflict, negotiation and third
party intervention: A review and synthesis”; Ohio State
University – 1988; C. F. Fink: “Some conceptual
dificulties in the theory of social conflict”; Journal
of Conflict Resolution - – 1968; R. W. Mack & R.
C. Snyder: “The analysis of social conflict: Toward
an overview and synthesis”; Journal of Conflict Resolution
– 1957; L. R. Pondy: “Organizational Conflict:
Concepts and Models”, ASQ - 1967).
Si queremos comprender lo que el Confllicto es resulta de
utilidad que tengamos en cuenta que el mismo es un proceso
donde se manifiesta una serie de eventos que tienen una secuencia
en particular, donde los eventos se manifiestan como episodios
conflictivos entre distintas partes. El conjunto de eventos
incluye experiencias pasadas sus comportamientos actuales
y visiones respecto del futuro. Thomas (ya citado) sugiere
que existen condiciones estructurales que están dadas
por ciertos parámetros estructurales del sistema y
de la situación que se confronta.
Como resultado de dichas condiciones estructurales los episodios
conflictivos tienen consecuencias que se traducen en distintos
“productos / resultados del conflicto” que impactan
sobre los logros y el mantenimiento del sistema social. Estos
productos / resultados del conflicto son manejadas de todas
maneras por las distintas partes involucradas y es posible
que también participen “terceras partes”.
Estas terceras partes juegan un rol muy importante y aunque
no siempre son visibles están presentes de toda manera.
En un conflicto entre un gerente y un subordinado de todas
maneras está también presente el superior del
gerente y también algunos pares de los subordinados.
También operan de alguna manera en forma abierta como
cuando el conflicto se maneja a través de un comité
o reuniones de trabajo con varias personas. Las dos formas
principales de intervención de un tercero son “intervenciones
de procesos” e “intervenciones estructurales”.
En las intervenciones de procesos la tercera parte involucrada
participa (Thomas, ya citado) en la secuencia de eventos del
proceso como es en el caso de actividades mediadoras o de
arbitraje que se orientan principalmente al objetivo de corto
plazo.
Por otro lado las intervenciones estructurales ponen foco
en aquello que está más allá del episodio
puntual que se está viviendo dentro del sistema social
y las intervenciones se orientan principalmente a alterar
las condiciones que han creado el conflicto o a modificar
las maneras en que las partes han de lidiar con el conflicto,
siendo por lo tanto más a largo plazo.
La mayor parte de las veces las situaciones de conflicto
existen porque las partes buscan una situación donde
ellos ganan y otros pierden o sino en otra opción que
se denomina de suma cero. En esta última las partes
perciben la posibilidad de que la contraparte reciba beneficios
pero de todas maneras estos últimos son logrados a
expensas del otro.
Aparentemente la manera en que las distintas partes definen
el tema en conflicto tiene mucho que ver con la resolución
del mismo, llegando Thomas (ya citado) a identificar tres
importantes dimensiones que se relacionan con la definición
del tema. La primera dimensión ha sido denominada como
egocentrismo que se caracteriza por el hecho que el conflicto
es definido en términos de lo que le interesa a una
persona en particular. Algunos ejemplos de Thomas tienen que
ver con un “conflicto de objetivos” como es el
caso de una situación donde se manifiesta que “Necesitamos
otro hombre más para mantenimiento pero el supervisor
de Mantenimiento no nos cede ninguno” o con un “conflicto
normativo”: “Juan debería cooperar, pero
se niega a ayudar”. También el autor cita un
“conflicto de juicio” como es el caso donde: “Nosotros
pensamos que las ventas podrían aumentarse dramáticamente
con este nuevo plan de marketing, pero el no ha de estar de
acuerdo”. Al concentrarse las partes en lo que es particularmente
en interés de ellos nos encontramos con situaciones
de “nosotros o ellos”. Las posturas egocéntricas
además de tener en cuenta los intereses propios llegan
también a minimizar el deseo que pueda tener el otro
en cuanto a satisfacer sus intereses, colocando el pensamiento
del “otro” en lo que el autor denomina “cuestionable
desde el punto de vista normativo”. Bajo este tipo de
definiciones donde están presentes las percepciones
egocéntricas es muy probable que la situación
se encamine hacia “ganar-.perder”.
Kenneth Thomas identifica una segunda dimensión que
tiene que ver con los aspectos subyacentes que se dan en todo
proceso de negociación donde las partes pueden pensar
en forma más bien superficial en términos de
“posiciones” en comparación con una apreciación
más detallada y analítica donde piensan en términos
de “intereses”. Son varios los autores que han
privilegiado esta dimensión dentro de los procesos
de egociación y en situaciones conflictivas (R. Fisher
& W. Ury: “Getting to YES: Negotiating agreement
without giving in”; Houghton Mifflin – 1981; D.
Lax & J. Sebenius: “The manager as negotiator”;
Free Press - 1986; D. G. Pruitt & J. Z. Rubin: “Social
conflict: Escalation, stalemate, and settlement”; Random
House – 1986). Eric Gaynor Butterfield (“Taller
de Desarrollo Organizacional y Conflicto” – 2004)
señala como ejemplo de definición posicional
aquella donde la fuerza de ventas se opone a cargar información
de relacionamiento con los Clientes dentro de un CRM verbalizando:
”El gerente de Ventas quiere que ahora además
de todo el trabajo que tengo cargue dentro de un software
datos de Mi Cliente”. Un análisis mayor y más
detallado sugiere que piensen de otra manera poniendo foco
en los intereses: “A nosotros como vendedores nos significa
aprender y adoptar una nueva forma de conocer y relacionarlos
con los Clientes lo que nos ha de llevar más tiempo,
pero al parecer nuestro gerente de Ventas necesita que lo
carguemos pues si nuestra empresa no tiene un sistema de CRM
estaremos en desventaja con nuestra competencia”. Thomas
hace mención a que varios teóricos e investigadores
(J. W. Eiseman: “Reconciling incompatible positions”;
Journal of Applied Behavioral Science – 1978; A. C.
Filley: “Interpersonal conflict resolution”; Scott,
Foresman - 1975; R. Fisher & W. Ury: “Getting to
YES: Negotiating agreement without living in”; Houghton
Mifflin – 1981; M. P. Folleto: “Constructive conflict”;
Harper & Row – 1941; D. G. Pruitt & J. Z. Rubin:
“Social conflict: Escalation, stalemate, and settlement”;
Random House – 1986; R. E. Walton: “Interpersonal
peacemaking: Confrontations and third party consultation”;
Addison-Wesley - 1969) han identificado que el hecho de que
las partes en conflicto muestren apreciación por los
aspectos subyacentes más allá de las posiciones
que adopten, ayuda a que el proceso sea encarado bajo una
manera cooperativa de resolución de problemas. Podemos
concluir entonces que el hecho de que las partes lleguen a
apreciar los aspectos subyacentes en los procesos de negociación
haciendo uso de un análisis más detallado donde
se privilegia el enfoque inductivo por sobre el deductivo
(Eric Gaynor Butterfield – 2005) facilita que el conflicto
se oriente hacia una resolución de tipo donde es posible
ganar-ganar.
Existe una tercera dimensión que Thomas considera
es también de importancia en la definición del
tema y que se relaciona con el “tamaño del tema”
lo que ha sido redefinido por Eric Gaynor Butterfield (2005)
como “alcance del tema”. Alcanzar resultados integrativos
(de ganar-ganar) cuando la definición del tema alcanza
a muchas más personas, grupos, individuos y comunidades;
un número de eventos, instancias y circunstancias muy
grande, cuando los debates se relacionan mas bien a nivel
abstracto, donde los alcances del tiempo entre el pasado que
se tiene en cuenta y el futuro que se visualiza es mayor,
no es algo fácil de alcanzar. Los riesgos en estas
situaciones y todo lo que está en juego hace difícil
que se puedan alcanzar soluciones de tipo integrativos.
M. M. Magula (“Toward a theory of conflict: Perceptions
and preferred behaviors”; University of Washington –
1977) hizo un trabajo interesante en su disertación
de doctorado atreviéndose a analizar estas dimensiones
de Kenneth Thomas. Los hallazgos de Magula han mostrado que
el “egocentrismo” se relaciona con situaciones
de “ganar-perder” mientras que aquellos que han
privilegiado los intereses por sobre la posición se
han orientado hacia la búsqueda de acciones cooperativas
en el conflicto que facilitan el “ganar-ganar”.
Existen modelos de resolución de conflictos que han
tenido una fuerte influencia de economistas que asumen y toman
como hipótesis básica un modelo racional de
comportamiento, que, consiguientemente omiten aspectos principales.
Podríamos decir – siguiendo a Thomas (ya citado)
– que estos modelos económicos tienen un sabor
“sociopático” ya que tienen una clara percepción
de lo que es la realidad con la excepción de las obligaciones
sociales y morales. Al tener en cuenta el aspecto hedonista
y estar motivados por el interés personal solamente
se interesan por sus propias acciones, y no tienen en cuenta
la moralidad del acto en sí mismo.
El trabajo de Thomas encuentra su sustento en los aportes
de M. Fishbein (“An investigation of the relationship
between beliefs about an object and the attitude toward that
object”; Human Relations - 1963) quien visualiza a los
comportamientos como resultado de intenciones donde éstas
toman forma como consecuencia de los efectos acumulativos
de dos distintas formas de razonar: la “racional”
y la “normativa” que incluye a las emociones.
Es sabido que el razonamiento racional se encuentra dentro
de la concepción que une a los medios con los fines
que ha sido privilegiado dentro de las escuelas y pensamientos
económicos. Dentro de las ciencias del comportamiento,
y especialmente dentro de la disciplina de comportamiento
organizacional muchos expertos pertenecen a esta misma escuela
de pensamiento racional. Podemos incluir entre ellos a Herbert
Simon (“Administrative behavior: A study of decision-making
processes in administrative organization”; Macmillan
- 1957 // “The new science of management decision”;
Harper & Row - 1960); James March & Herbert Simon
(“Organizations”; Wiley and Sons – 1958);
Edward Lawler III (“Motivation in Work Organizations”;
Brooks/Cole - 1973); Victor Vroom (“Work and Motivation”;
Wiley & Sons - 1964); Robert J. House (“A path goal
theory of leader effectiveness”; ASQ – 1971).
Kenneth Thomas en “Conflict and Negotiating Processes”;
Handbook of Industrial and Organizational Psychology –
1992, hace una muy buena descripción del “razonamiento
racional” que reproducimos literalmente y en inglés:
“Using rational/instrumental explanations, a party’s
choice of a given settlement (outcome) as a strategic intention
is presumed to be a function of the desirability (valence)
of that settlement, together with the likelihood (expectancy)
that the strategy could be successfully implemented if one
tried. Within the negotiations literature, Pruitt (1983; Pruitt
& Rubin, 1986) provides an especially detailed discussion
of the role of outcome valences in the choice of strategic
intentions. Paraphrasing Pruitt, a party’s valence for
a given settlement appears to be a function of the degree
to which the settlement meets the party`s own aspirations
and his or her perceptions of the degree to which it meets
the other`s aspirations, together with the party`s desire
to satisfy his or her own and the other`s concerns”.
El nivel de aspiración y grado de satisfacción
del mismo son claros indicadores bajo la opción del
“razonamiento racional”. Sabemos que existe cierta
evidencia donde las acciones cooperativas orientadas hacia
“ganar-ganar” tienen más posibilidades
de ser seleccionadas cuando ambas partes dan un alto valor
tanto a satisfacer lo que es importante para ellos como para
la otra parte, mientras que las situaciones competitivas de
“ganar-perder” suelen presentarse comúnmente
cuando las partes le dan un alto valor a sus propias satisfacciones
y un bajo valor a las satisfacciones de otros. Las estrategias
orientadas a “perder-perder” están presente
cuando las partes le dan un bajo valor a satisfacer tanto
sus propios intereses como los del otro.
Dentro de esta concepción racional se puede ubicar
aquellas concepciones donde una parte puede visualizar que
su estrategia puede llevarse efectivamente a la práctica,
es decir, existen algunas tácticas, procesos y procedimientos
que han de ser de ayuda en la resolución del conflicto.
Por otro lado el “razonamiento normativo” no
se interesa en cuan deseable son las consecuencias que resultan
de un curso de acción (razonamiento racional) sino
en el grado de aceptabilidad normativa, es decir cuan “bueno”
es el acto en sí mismo desde el punto de vista moral
y ético. En un afán por resumir podemos concluir
en que el razonamiento racional privilegia el precio mientras
que el razonamiento normativo privilegia el valor. M. Fishbein
& I. Ajzen: “Belief, attitude, and behavior: An
introduction to theory and research”; Addison-Wesley
– 1975) han hecho importantes contribuciones al tipo
de “razonamiento normativo”.
Kenneth Thomas (ya citado) hace referencia a distintas especializaciones
por autor dentro de este campo de “razonamiento normativo”
citando a Deutsch (1975) en el área de acuerdos distributivos
en la justicia. A otros autores (R. Folger & J. Greenberg:
“Procedural Justice: An interpretive analysis of personnel
systems”; Research in Personnel and Human Resources
Management - 1985; J. Thibaut & L. Walter: “Procedural
Justice: A psychological analysis”; Erlbaum - 1975;
T. R. Tyler: “When does procedural justice matter in
organizational settings?”; Research on Negotiation in
Organizations – 1986) en relación con los procedimientos
de conflictos gerenciales; a R. J. Lewicki (“Ethical
concerns in conflict management”; Conflict Management
and Industrial Relations – 1982) en relación
a estándares éticos; a K. W. Thomas & R.
H. Kilmann: The social desirability variable in organizational
research: An alternative explanation for reported findings”;
Academy of Management Journal – 1975) en relación
a intenciones estratégicas en conflicto.
Teniendo en cuenta estos significativos aportes podemos quizás
concluir en que existen algunos aspectos básicos que
toda persona responsable de una situación en conflicto
sujeta a negociación debe tener en cuenta. En primer
término debe llevarse a cabo una apreciación
del tema en conflicto junto con una definición del
mismo orientado hacia posibles / probables acuerdos. Y además
debe considerarse los aspectos relacionados con el razonamiento
racional que toma en consideración las posibles consecuencias
derivadas de distintos cursos de acción a lo que se
debe acompañar de razonamiento normativo que considera
el grado de aceptación de los distintos cursos de acción
desde el punto de vista moral, ético y de valor.
Dentro de todo episodio el autor (Thomas, ya citado) basado
en los aportes de otros dos expertos (L. R. Pondy: “Organizational
conflict: Concepts and models”; ASQ – 1967 y R.
E. Walton: “Interpersonal peacemaking: Confrontations
and third party consultation”; Addison-Wesley –
1969) destaca que se presentan distintas facetas, a saber:
1. auto-conciencia. Siempre existe un evento que gatilla
esta toma de auto-conocimiento, que tiene que ver con tres
formas principales de conflicto: la que se relaciona con el
conflicto de objetivos; los conflictos que tienen que ver
con juicios (y se relacionan con diferencias empíricas
o de hecho); y conflictos normativos (que tienen que ver con
la evaluación que una persona hace respecto de sus
expectativas de cómo la otra persona debiera actuar.
2. los pensamientos y emociones de las distintas partes definen
la interpretación subjetiva de la realidad y son importantes
ya que pueden modificar las relaciones entre lo que conocemos
como las condiciones objetivas y las reacciones en los comportamientos
de las partes. En un proceso de negociación la satisfacción
de una de las partes puede ser percibida como menor en comparación
con lo que recibe la otra. Los posibles acuerdos son las eventuales
acciones finales por las cuales las personas se predisponen
a alcanzar un cierre del conflicto. Definir cual es el tema
principal sobre el cual discuten las dos partes es un tema
de principal relevancia pues ayuda a decidir cual es el tema
del conflicto. También es importante reconocer cuales
son los distintos tipos posibles de “productos / resultados”
(outcomes) que pueden terminar con el conflicto. B. H. Sheppard,
R. J. Lewicki & J. Minton (“A new view of organizations:
Some retrospective comments” – 1986) dan el nombre
de “enmarcar” (framing) al hecho de definir el
tema. Si contemplamos dos variables donde una de ellas es
el grado de satisfacción de una parte y la segunda
tiene que ver con el grado de satisfacción del otro
se pueden dar cuatro situaciones posibles:
- ganar-perder
- perder-ganar
- perder-perder
- ganar-ganar más una quinta que se denomina “compromiso”.
El acuerdo que se logra bajo la denominación de ganar-ganar
ha sido denominado por Follett (“Constructive conflict”;
Harper & Row - 1941) como “integrativo” y
más recientemente A. C. Filley (“Interpersonal
conflict resolution”; Scott, Foresman - 1975) lo llama
ganar-ganar.
Thomas (ya citado) muestra distintos patrones respecto de
posibles acuerdos. Uno de ellos es el que se denomina “ganar-.perder”
(R. Blake, H. A. Shepard & J. S. Mouton: “Managing
intergroup conflict in industry” – Gulf –
1964) donde los resultados posibles son los de total satisfacción
y de total frustración para las distintas partes, y
la satisfacción de cada una de las partes es conseguida
a expensas (o costo) de la otra.
Otro posible patrón es el que ha recibido el nombre
de “suma zero” donde las posibilidades no tienen
que ver con dos puntos distantes sino con una dimensión
(que une los puntos), siendo esta una de las diferencias con
el patrón anterior. De todas maneras bajo esta opción
los beneficios en satisfacción para una de las partes
sigue siendo a expensas de la otra, pero de todas maneras
permite todo un rango de acuerdos intermedios basados en compromisos
donde ambas partes pueden alcanzar cierta satisfacción.
Walton & McKersie (“A behavioral theory of labor
negotiations: An analysis of a social interaction system”;
McGraw-Hill -1965) han denominado a esta opción de
suma zero bajo el nombre de “distributiva”. Las
decisiones tienen aquí que ver más bien con
temas relacionados con la cantidad de tiempo que se ha de
dedicar para el desarrollo de un producto en lugar de decidir
si es que se va a ir adelante o no con el proyecto.
Thomas (ya citado) nos señala la existencia de un
cuarto patrón de posibles acuerdos que denomina “indeterminados”
que se presenta cuando las partes no están aun conscientes
respecto de algunos posibles acuerdos como cuando la disputa
entre opciones puede tener que ver con elegir entre “prestar
un servicio con celeridad” en oposición a “una
eficiente utilización de nuestros equipos y maquinarias”.
Es posible además la existencia de un cuarto patrón
que Thomas (ya citado) denomina bajo el nombre de “conflictos
no-posibles de resolver” que son frustrantes para ambas
partes y que se caracteriza por el hecho que estas partes
no llegan a encontrar posibilidades de llegar a un tipo de
acuerdo integrativo como lo señalan varios autores
e investigadores (A. C. Filley: “Interpersonal conflict
resolution”; Scott & Foresman – 1975; R. Fisher
& W. Ury: “Getting to YES: Negotiating agreement
without living in”; Houghton Mifflin – 1981; M.
H. Bazerman: “Judgment in managerial decision making”;
Wiley & Sons – 1986).
3. Las emociones, los afectos y los sentimientos son posiblemente
uno de los conjuntos de variables que más estén
presente en las ciencias del comportamiento dentro de las
áreas de Desarrollo Organizacional y Comportamiento
Organizacional.
Este conjunto de emociones tiene que ver con los conflictos
a través de todos los tiempos del proceso de negociación
y resolución de conflictos (Eric Gaynor Butterfield
– ya citado), es decir, antes, durante y después
de logrado el acuerdo. .Posiblemente nadie ha integrado tanto
material en materia de las emociones durante los últimos
años como Daniel Goleman (“La Inteligencia Emocional”;
Bantam Books – 1995). Mucho del trabajo de Daniel Goleman
dentro del mundo corporativo se ha fundamentado en los aportes
de expertos anteriores, dentro del área de las ciencias
del comportamiento. Algunos de ellos son: Carl Frost (“The
Scanlon Plan”; MSU – 1972); Chester I. Barnard
(“The functions of the executive”; Harvard University
Press – 1938); David A. Mc Clelland (“Toward a
theory of motive acquisition”; American Psychologist
– 1965); Edward E. Lawler III (Pay and Organization
Development”; Addison-Wesley – 1981); Elton Mayo
(“The social problems of an industrial civilization”;
Routledge & Kegan – 1949); Frederick Herzberg (Managerial
choice: to be efficient and to be human”; Dow Jones
– Irwin – 1976); Mary Parker Follett (Creative
Experience”; Longmans – 1924); Rensis Likert (“New
Patterns of Management”; Mc Graw Hill – 1961);
R. Kumar (“Affect, cognition and decision making in
negotiation: A conceptual integration”; Managing Conflict:
An integrative approach, Praeger – 1989).
R. Kumar (ya citado) señala que por un lado las emociones
dan forma a lo cognitivo, encontrando que las emociones negativas
(una vez que emergen) se retroalimentan con lo racional dando
como resultado la creación de “estados simplificados”
(como por ejemplo donde se privilegian las posiciones por
encima de los intereses). Además estos estados simplificados
suelen reducir el nivel de confianza entre las partes y a
predisponer el comportamiento de otros de manera negativa.
Por otro lado Kenneth Thomas (ya citado) hace mención
al trabajo de P. J. Carnevale e A. Isen (“The influence
of positive affect and visual access on the discovery of integrative
solutions in bilateral negotiation”; Organizational
behavior and human decision processes” - 1986) quienes
han encontrado evidencia que emociones y afectos positivos
aumenta la posibilidad de que las partes interactuén
y se relacionen mejor en cuanto a analizar los problemas a
resolver, y también ayuda a tener una perspectiva mas
amplia de la situación además de desarrollar
nuevas soluciones innovadoras.
Las emociones además de dar forma a lo cognitivo también
impactan sobre las fuerzas motivacionales. Kenneth Thomas
(ya citado) destaca que orientaciones de “rabia”
pueden influir negativamente sobre las fuerzas motivacionales
y para ello cita los trabajos de R. A. Baron (“Human
Aggression”; Plenum - 1977), R. Kumar (ya citado –
1989), D. G. Pruitt & J. Z. Rubin (ya citado - 1986).
Mientras que por otro lado las emociones positivas tienden
a aumentar la posibilidad de que las partes se ayuden y sean
generosas (P. J. Carnevale & A. Isen, ya citado –
1986). Es interesante destacar – especialmente para
aquellos practitioners dedicados a situaciones de conflicto
y de negociación como parte de sus servicios profesionales
y lo hacen de una manera continuada y sistemática,
que el “humor” tiende a reducir los sentimientos
de agresión, citando (Thomas) para ello a diversos
autores (Carnevale, Isen, Pruitt, Ben- Yoav, Nochajski &
Van Slyck.
4. Las Intenciones
De acuerdo con el esquema de Kenneth Thomas las Intenciones
son la cuarta fase de un episodio conflictivo, y las mismas
son la combinación de las fuerzas motivacionales producidas
por el pensamiento racional, por el pensamiento normativo,
y por las emociones. El autor define a una “Intención”
como una decisión adoptada con el propósito
de iniciar una acción de una manera determinada que
opera como una variable interviniente entre los pensamientos
y emociones de las partes y el comportamiento manifiesto de
ellos.
Para Kenneth Thomas las Intenciones son Propósitos
que sirven para explicar patrones de ciertos comportamientos
observables y cita como ejemplos de Intenciones a los siguientes
componentes:
- cooperación
- colaboración
- regateo,
- auto-defensa o auto-protección
- competencia
Hay que dejar en claro que existe una distinción muy
importante entre las Intenciones y los Comportamientos; todos
tenemos muchos ejemplos tanto dentro como fuera del mundo
organizacional donde se encuentra evidencia que no toda Intención
tiene un Comportamiento equivalente. Además una de
las partes puede esforzarse en inferir las Intenciones del
otro con el propósito de saber como responder al comportamiento
del otro, de modo que las evaluaciones y juicios que hacemos
respecto de las Intenciones de otros influyen fuertemente
en los episodios conflictivos.
También es importante hacer distinciones entre las
Intenciones “estratégicas” y las Intenciones
“tácticas” (Thomas, ya citado). Todos recordamos
la gran confusión que existió durante muchos
años respecto de cual era el tipo de Liderazgo más
efectivo que se basaba en un análisis (realizado por
los investigadores y académicos) que tomaba en cuenta
el aspecto uni-dimensional. Se discutía si los líderes
efectivos tenían una orientación de tipo autoritario
o si, por el contrario, eran más participativos. Afortunadamente
los estudiosos en este tema de Ohio State University adoptaron
un enfoque bi-dimensional en lugar de la tradicional perspectiva
uni-dimensional. Más adelante el excelente trabajo
de Robert Blake y Jane Mouton (“The managerial gris”;
Gulf – 1964) amplió los hallazgos anteriores
adoptando también el enfoque bi-dimensional.
Kenneth Thomas prevé la existencia de tres distintos
conjuntos de modelos bi-dimensionales de Intención
Estratégica. El primer modelo Taxonómico es
el suyo (K. E. Thomas: “Conflict”; Organizational
Behavior, Grid Publications – 1979) que tiene dos dimensiones
principales: Cooperación (tratando de tener en cuenta
los intereses del otro) y Asertividad (tratando de tener en
cuenta los intereses propios). Este modelo taxonómico
está sujeto a las siguientes Interpretaciones:
- Intenciones
- Colaborando
- Evitando
- Acomodando
- Tomando posiciones “medias” (compromising)
La Intención estratégica recibe el nombre de
“Competir” y la Interpretación de la Intención
estratégica son las mismas “Intenciones”.
El segundo modelo bi-dimensional de Intención Estratégica
incluye las concepciones de tres distintos autores y está
basado en las características de las personas (traits):
a. R. Blake & J. Mouton (“The Managerial grid”;
Gulf – 1964) donde las dos dimensiones principales son:
teniendo en cuenta a las personas o teniendo en cuenta la
producción. Las Intenciones estratégicas son:
forzando, confrontando, retirando o retrocediendo, suavizando,
o tomando posiciones “medias” (compromising).
Por otro lado la Interpretación de la Intención
estratégica tiene que ver con los enfoques de estilo
gerencial
b. J. Hall (“Conflict management survey: A survey of
one´s characteristic reaction to and handling of conflicts
between himself and others”; Teleometrics – 1969)
tiene dos principales dimensiones: teniendo en cuenta las
relaciones y teniendo en cuenta los objetivos personales.
Las Intenciones estratégicas son: Ganar-perder; sinérgicas,
dejar paso a otros – perder, perder – abandonar
la situación, y tomando posiciones “medias”
(compromising). La interpretación de las Intenciones
estratégicas tiene que ver con estilos y filosofías
de dirección / gerenciales
c. M. A. Rahim & T. V. Bonoma (“Managing organizational
conflict : A model for diagnosis and intervention”;
Psychological Reports – 1979) contemplan la existencia
de dos dimensiones principales: teniendo en cuenta a otros
y teniendo en cuenta a sí mismo. Las Intenciones estratégicas
son: dominante, integrador, evitando, obligando y tomando
posiciones “medias” (compromising). La interpretación
de las Intenciones estratégicas tiene que ver con los
estilos gerenciales y de dirección incluyendo también
las distintas orientaciones motivacionales.
El segundo modelo bi-dimensional de Intención Estratégica
incluye las concepciones de dos distintos autores y está
basado en las características de la situación:
a. Kenneth Thomas (ya citado – 1976) donde las dos
dimensiones principales son: el deseo de satisfacer lo que
cuenta para el otro y el deseo de satisfacer lo que cuenta
para uno mismo. Como vemos los deseos juegan un rol principal
en el modelo de Thomas. Las Intenciones estratégicas
son: competitividad, colaboración, evitando, acomodaticio,
compartiendo. La interpretación de la Intención
estratégica tiene que ver con la “relación
específica”.
b. D. G. Pruitt (“Strategic choice in negotiation”;
American Behavioral Scientist – 1983) tiene dos principales
dimensiones: teniendo en cuenta los “outcomes”
de otros y teniendo en cuenta los “outcomes” de
uno mismo. Las Intenciones estratégicas tienen que
ver con estos aspectos: contienda, resolución de problemas,
inacción, “dejando paso”.
James March y Herbert Simon (“Organizations”,
Wiley & Sons – 1958) al privilegiar el enfoque cognitivo
adoptan una posición particular. Para ellos el conflicto
se relaciona con un rompimiento de los mecanismos estándar
que tienen tanto los individuos como los grupos y las organizaciones
al tener que seleccionar una acción alternativa. En
términos de Alvar Elbing (ya citado) se presenta una
situación de desequilibrio.
March y Simon (ya citados) analizan los conflictos bajo tres
tipos de situaciones en particular:
- el conflicto de un individuo al tomar decisiones;
- el conflicto organizacional que se relaciona con el conflicto
de una persona o de un grupo dentro de una organización;
y
- el conflicto inter-organizacional que lidia con los conflictos
entre organizaciones o entre grupos, destacando que el foco
principal de interés que ellos tienen es el de conflicto
organizacional.
En su ambicioso trabajo los autores destacan que tienen interés
en encontrar respuesta a tres interrogantes:
1. ¿Bajo que condiciones emerge el conflicto?
2. ¿Cuáles son las reacciones de las personas,
grupos y organizaciones cuando confrontan el conflicto?
3. ¿Cuáles son los resultados (outcomes) de
un conflicto?
Para los autores existen las decisiones fáciles que
se presentan cuando entre todas las alternativas una es claramente
mejor que el resto y además dicha alternativa es suficientemente
buena como para ser aceptable. Muchos de los “programas”
instalados en las personas, los grupos y las organizaciones
tienen mecanismos incorporados dentro de sí mismos
para de ese modo tratar a las decisiones como fáciles.
Eric Gaynor Butterfield – dentro de su marco teórico
motivacional basado en el desarrollo de la zona de incomodidad
– sugiere que el conflicto en la toma de personas está
sujeta a las características propias de la unidad de
análisis en cuestión y a su ubicación
dentro de su propia zona de incomodidad.
Para March y Simon (1958) el conflicto emerge como consecuencia
de tres diferentes situaciones. La primera de ellas es nombrada
como una situación “no-aceptable”. Bajo
esta situación la persona conoce como mínimo
la distribución probable de resultados (outcomes) de
cada curso alternativo de acción, llegando incluso
a identificar una alternativa preferida por encima del resto.
Pero el conflicto se presenta porque dicha alternativa –
con resultados o outcomes conocidos – no es suficientemente
buena, es decir no llega a satisfacer los estándares
de satisfacción. Una segunda situación es aquella
que los autores denominan “no-comparable” que
se caracteriza por el hecho que las personas conocen la distribución
probable de los resultados pero no puede llegar a identificar
una alternativa preferida. Y la tercera situación es
llamada de incertidumbre que se presenta cuando las personas
no llegan a conocer las distribuciones probables que resultan
de distintos elecciones en cuanto a comportamientos y los
resultados (outcomes) a conseguir.
Dentro de su fuerte enfoque racional March & Simon se
atreven a crear una “tipología de conflictos”
basado en cinco distintos tipos (una buena, blanda, mezcla
de, pobre, e incierta alternativa) de posibles outcomes (percibidos).
Como resultado de estas 5 posibles alternativas los tipos
de conflicto emergentes son 15. La percepción de conflicto
es entonces una función de: la subjetiva incertidumbre
de alternativas; la subjetiva “no-comparación”
de alternativas; y la subjetiva “no-aceptación”
de alternativas.
En relación con el conflicto organizacional los autores
hacen referencia a dos factores. El primer tipo de conflicto
organizacional emerge cuando ninguna de las personas dentro
de la organización (o solamente muy pocas) tienen conocimiento
de alternativas aceptables en términos de sus objetivos
y percepciones mientras que el segundo tipo no se origina
en relación con los problemas que las personas tienen
en cuanto a tomar decisiones sino por la diferencia de elecciones
que hacen las distintas personas dentro de dicha organización.
A su vez entre las condiciones para el conflicto inter-grupal
James March y Herbert Simon (1958) destacan a los siguientes
factores: cuando las personas sienten la necesidad de decidir
conjuntamente lo que se relaciona fuertemente con el estilo
de liderazgo y la filosofía de dirección de
la organización;, cuando existe una diferencia en cuanto
a los objetivos, y cuando existe una diferencia entre los
grupos respecto de las percepciones de la realidad.
Ahora bien ¿Cuáles son las consecuencias que
produce el conflicto en la organización? En este caso,
y como señalan James March & Herbert Simon (1958
– ya citado), el conflicto ya no es tratado como una
variable dependiente donde “algo” impacta sobre
él, sino que más bien ahora el conflicto es
una variable independiente. Es decir, ahora ponemos foco a
observar que es lo que hace la organización para reaccionar
al conflicto. En este sentido los autores destacan que las
organizaciones usualmente reaccionan a través del desarrollo
de cuatro procesos principales que toman la forma de: a. resolución
de problemas; b. persuasión; c. regateo; y d. “haciendo
política”.
Para March & Simon el comportamiento de las personas
en la organización tiene que ver directamente con la
toma de decisiones y lo cognitivo donde se privilegia el aspecto
“racional”. Ahora bien, una de las preguntas que
se formulan estos dos notables autores, tiene que ver con
si realmente las personas somos racionales, especialmente
dentro de nuestro actuar en las organizaciones.
Para los economistas el hombre es hedonista y en su calidad
de tal toma decisiones y actúa en función de
“lo racional” donde ha de privilegiar el máximo
beneficio con el mínimo de esfuerzo. Pero para March
y Simon esta premisa de los economistas está sujeta
a crítica y además no encuentra total sustento
dentro de las ciencias del comportamiento de las personas
dentro del ámbito organizacional. Ellos postulan que
existen límites en cuanto a las capacidades intelectuales
de las personas para resolver los problemas que ellos confrontan
en el día a día dentro de las empresas. Los
gerentes solamente “capturan” algunas facetas
del problema a resolver y por lo tanto se encuentran en situaciones
vulnerables.
Para solucionar este problema las personas y las organizaciones
desarrollan una serie de características principales:
1. las personas, grupos y organizaciones no maximizan sino
que simplemente “satisfacen”; es decir, se opera
para alcanzar niveles de satisfacción;
2. las opciones que están disponibles (al tomar decisiones)
y las consecuencias (de las decisiones tomadas) son descubiertas
de una manera secuencial a través de diversos procesos
de búsqueda que no siempre son totalmente óptimos;
3. ante esta situación de “imperfección”
las personas y las organizaciones desarrollan “repertorios
de programas” que sirven como opciones disponibles para
decidir en situaciones recurrentes;
4. estos repertorios de programas tienden a encaminarse como
“programas de acción específica”
que tiene en cuenta solamente un rango limitado de situaciones
y también un rango (previsto) limitado de consecuencias;
5. cada programa de acción por mejor que sea desarrollado
solo es capaz de ser ejecutado de una manera “semi-independiente”
de la otra; en pocas palabras hay “eslabones muy débiles”.
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional”,
2005) agrega algunas variables adicionales que se relacionan
con una diversidad situacional cada vez mayor basado en las
3 T (transición, tradición y transformación)
que agrega aun más complejidad como resultado de las
3 P (persona, personalidad, personaje). A ello debe adicionarse
una condición natural que está distribuida “democráticamente”
en todo el planeta independientemente de la comunidad, su
cultura y las personas: “todo se deteriora con el simple
transcurso del tiempo”.
Nadie definió tan claramente la partida de defunción
de la organización jerárquica piramidal como
James March y Herbert Simon al afirmar que son estos “límites
de racionalidad” los que hacen que las organizaciones
no tengan una estructura estable en el tiempo. Es por ello
que así como las organizaciones desarrollan programas
para la supervivencia de la organización “en
el corto plazo” se hace también indispensable
que estén en condiciones de lidiar con nuevas “resoluciones
de problemas” y la incorporación de procedimientos
que permitan el desarrollo de nuevos procedimientos tanto
para crear, elaborar, instituir, instalar y revisar programas.
La calidad con que la dirección de la empresa y la
gerencia puede llegar a lidiar con esta situación “en
conflicto”, ha de tener mucho que ver con la eficiencia
organizacional y la salud de sus miembros.
Gracias por compartir.
Eric Gaynor Butterfield – Presidente
The Organization Development Institute International –
Latinamerica
(also Board member of The Organization Development Institute
– Worldwide)
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