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Desarrollo Organizacional y Liderazgo
Abstract de Conferencia de Eric Gaynor Butterfield en el
“Congreso de Liderazgo”, Buenos Aires –
2000 que fuera organizado por The Organization Development
Institute International, Latinamerica – www. Theodinstitute.org
Dentro de la literatura de las Ciencias del Comportamiento
y además en la disciplina de Desarrollo Organizacional
se reconoce la importancia vital que tiene el liderazgo en
el proceso de iniciación de las organizaciones, su
posterior sostenimiento y su crecimiento. Dentro de ambos
cuerpos de conocimientos diversos autores, académicos,
investigadores y practitioners se esfuerzan en poder integrar
las teorías con la práctica de la vida diaria
dentro de las empresas, organizaciones e instituciones y son
muchas las cosas que aún no se saben y sobre las cuales
no se tiene total certeza de cómo se relacionan las
variables independientes con las variables dependientes dentro
del ámbito organizacional (Eric Gaynor Butterfield;
Michigan State University – 1975). Y por otro lado podemos
son muy pocas las cosas que sí sabemos a ciencia cierta:
una de ellas tiene que ver con la influencia determinante
del tipo de liderazgo sobre la efectividad y eficiencia organizacional
a través de sus distintas etapas de desarrollo.
Un trabajo de campo llevado a cabo a principios de la última
década del siglo pasado nos ha mostrado evidencia que
la mayor parte de los consultores involucrados en los procesos
de cambio y desarrollo organizacional, están familiarizados
solamente con algunos marcos conceptuales de Liderazgo. Teniendo
en cuenta el vital rol del Liderazgo en las organizaciones
hemos de dedicar el tiempo que nos queda disponible a resumir
distintos enfoques.
El tema de Liderazgo es central para las Comunidades y Países,
sus organizaciones e instituciones, y también para
los grupos. Los historiadores y antropólogos en especial
dedican mucho de su tiempo a analizar cuáles son las
características que acompañan a una comunidad
u organización exitosa y a las características
que tienen sus líderes con el propósito de establecer
algún tipo de relación entre ellas. El papel
que juegan los Presidentes en sus respectivos países
y los Líderes en sus grupos ha sido materia de exhaustivo
análisis durante muchos siglos por ellos poniendo un
fuerte énfasis en las “características”
y atributos principales. M. Smith & M. White “Strategy,
CEO specialization, and succession” (ASQ – 1987)
muestran la importancia de la estrategia a que apelan los
CEO´s.
Después de la Revolución Industrial y con el
surgimiento de las organizaciones modernas con especial énfasis
dentro de los Estados Unidos de Norteamérica, se buscó
y consiguió los importantes aportes de otras disciplinas
y ciencias como es el caso de la psicología y la psicología
industrial. Ya en la primera década del siglo XX en
dicho país se contaba con un test de selección
a ser utilizado en los procesos de selección y reclutamiento
de conductores de ómnibus y más adelante ante
el dilema de las consecuencias disfuncionales que sufría
el país como consecuencia de los paracaidistas que
eran muertos o caían en manos del enemigo se “aprende”
a través de los aportes del comportamiento de grupos
y equipos de trabajo. Edgar Schein ha hecho importantes aportes
en la materia que tuvieron su origen en el problema mencionado
anteriormente sobre los paracaidistas.
Para las distintas comunidades los Líderes deben ser
“distintos” y parece ser que también las
diferentes comunidades aprecian cosas distintas en los Líderes.
Los Líderes en Italia se caracterizan por su ingenio,
en Inglaterra por su pragmatismo, en España por su
persistencia y resistencia y en Francia por su apreciación
a lo cognitivo y la educación (“Líderes
en la Argentina”; separata de Eric Gaynor Butterfield
: Congreso de Desarrollo Organizacional; año 2001).
J. L. Barsoux y P. Lawrence (“The making of a French
manager”; Harvard Business Review – 1991) destacan
que los propios gerentes en Francia perciben que en su trabajo
el aspecto que priva es el intelectual y que el mismo requiere
un intenso trabajo analítico. El planeamiento estratégico
y la aplicación de las matemáticas y las disciplinas
cuantitativas son de vital importancia para ellos junto con
un fuerte rigor intelectual. La importancia de lo conceptual
priva dentro de la forma de pensar en Francia mientras que
en Inglaterra es la acción lo que prevalece, y por
ello no es casualidad que los primeros ponen un mayor énfasis
en el método deductivo mientras los segundos lo hacen
en el inductivo. La importancia de lo que la persona hace
y como se comporta es vital para los anglo-sajones y por ello
la comunicación y el desarrollo de habilidades y competencias
intra e inter personales está al corazón mismo
de ellos cuando se interesan en los grupos y en las empresas.
De allí que un enorme número de investigadores
relacionados con el comportamiento humano que han hecho importantes
contribuciones han sido anglo-sajones dentro de distintas
disciplinas como ser la antropología, etnología,
y paleontología.
Los éxitos y fracasos que acompañan a las empresas,
instituciones y comunidades han hecho que muchos estudiosos
dedicaron sus energías hacia los líderes para
explorar la relación entre ciertas características
de éstos y el desarrollo de las comunidades y empresas.
El interesante trabajo de C. Chen y J. Meindl (“The
construction of leadership images in the popular press: The
case of Donald Burr and People Express”; en ASQ –
1991) muestra como el mismo CEO llevó a la empresa
al crecimiento, al éxito y a un posterior fracaso,
y a pesar de ello los autores concluyen que “eso no
significa que ello disminuye la importancia del liderazgo
en cuanto a su impacto sobre la performance”.
Debemos reconocer que tanto las fuerzas de la misma organización,
como la de sus miembros, grupos y coaliciones tienen una gran
incidencia en la performance organizacional a lo que debe
sumarse las fuertes presiones del contexto, pero existe una
fuerte evidencia empírica que muestra la gran importancia
que tienen los Líderes respecto de lo que se consigue
a través del esfuerzo de varias personas. Hoy en día
vemos como el cambio del Presidente a nivel nacional puede
tener un impacto en las fuerzas “del mercado”
y también suben y bajan las acciones de una empresa
como resultado del cambio de un CEO. Tanto la publicidad de
un CEO, como el propio CEO – y en particular si el CEO
viene de fuera de la empresa – pueden cambiar el valor
de las acciones de una empresa, como lo ha demostrado M. Reinganum
(“The effect of executive succession on stockholder
wealth”; ASQ – 1985). Lo que es muy importante
para nosotros puesto que estamos interesados en que tipo de
relación existe entre el Líder y su perfil con
la organización y en particular con los resultados
que esta alcanza, son las evidencias y conclusiones a que
ha arribado A. Thomas (“Does leadership make a difference
to organizational performance?; ASQ – 1988) quien destaca
la relación entre el líder y la performance
organizacional. A esto debemos sumar también los aportes
de N. Weiner y T. Mahoney “A model of corporate performance
as a function of environmental, organizational, and leadership
influences”; Academy of Management Journal – 1981),
quienes han encontrado evidencia de que los líderes
impactan sobre los resultados de las empresas.
Un caso interesante es el de los coaches y directores técnicos
en el deporte. Es bastante frecuente que ante resultados adversos
el coach sea cambiado aunque no necesariamente siempre este
cambiado haya producido los resultados mejoradas que se esperaban
de él. J. Pfeffer & A. Davis-Blake muestran que
el simple cambio no mejora la performance sino que son las
competencias que el nuevo coach o el nuevo líder trae
lo que realmente hace la diferencia (“Administrative
succession and organizational performance: How administrator
experience mediates the succession effect”; Academy
of Managment Journal – 1987).
Por lo tanto el aspecto de Liderazgo tiene mucho que ver
con los procesos de selección y reclutamiento. Toda
organización puede elegir entre las personas que tienen
dentro de la misma o considerar un universo más amplio
de personas que están fuera de la empresa cuando se
trata de renovar o reponer a alguien que está en una
posición de liderazgo. Y esta no es ninguna tarea sencilla
puesto que el liderazgo implica una serie de habilidades,
competencias, destrezas, conocimientos y experiencias que
no son fáciles de predecir a través de un instrumento
de selección.
Los distintos especialistas en ciencias del comportamiento
hacen distintas definiciones del Líder y lo que en
sí llegan a coincidir es respecto del hecho que un
Líder es aquél que toma decisiones para influir
sobre el comportamiento de otros.
Ahora bien ¿cuáles son las características
o atributos que marcan la diferencia entre un Líder
y aquellos que no lo son? B. M. Bass (“Bass and Stogdill´s
handbook of leadership: Theory, research, and managerial applications”;
New York: The Free Press – 1990) trató de hacerlo
realizando agrupaciones de características, y sugiere
que estos atributos de carácter general son los siguientes
(en Henry L. Tosi, John R. Rizzo & Stephen J. Carroll:
“Managing organizational behavior”: Blackwell
Business – 1995):
- La Capacidad que se relaciona con la habilidad de las personas
para resolver problemas, realizar evaluaciones, y trabajar
duro. Algunas características específicas son:
la inteligencia, el mantenerse en estado alerta, una facilidad
verbal, y originalidad.
- Una segunda característica general de los Líderes
está relacionada con los Logros. Por lo general los
líderes efectivos tienden a ser buenos en el trabajo
académico, poseen bastante conocimiento, y muestran
más logros en el deporte que aquellos líderes
que son ineficientes.
- La Responsabilidad es otra característica que poseen
los líderes efectivos. Las características particulares
que pertenecen a ésta categoría son: iniciativa,
persistencia, agresividad, auto-confianza, y una orientación
hacia sobresalir / la excelencia.
- Los Líderes efectivos se diferencian de aquellos
menos eficientes por ser más Participativos y tener
un mayor grado de Involucramiento. Los líderes efectivos
tienden a ser más activos y más sociables, suelen
habituarse más rápidamente a nuevas situaciones,
y muestran mayores niveles de cooperación que aquellos
líderes menos efectivos.
- Otro atributo de los Líderes es el “Status”.
No es nada sorprendente que los Líderes efectivos tengan
un nivel de status socio-económico más alto
y son también mas “populares” que aquellos
que no son tan efectivos.
- El último “grupo de características
particulares” tiene que ver con “factores situacionales”
tales como los Objetivos a ser alcanzados y también
la inteligencia, habilidades, necesidades y status de los
seguidores.
Aquellos que están interesados en el Liderazgo no
pueden dejar de interesarse en el importante trabajo de D.
McClelland que resulta sumamente valioso ya que encuentra
fundamento en una investigación realizada unos 8 a
16 años antes de que se evaluara la medición
del éxito. McClelland realiza una configuración
en cuanto a las dimensiones de personalidad donde emergen
tres de ellas y guardan una relación con la efectividad
gerencial. McClelland identifica tres necesidades distintas:
hacia el poder, de afiliación, y hacia el logro. Los
líderes más efectivos no tienen una alta orientación
hacia la afiliación, tienen una fuerte disciplina y
auto-control en el ejercicio del poder, y una importante orientación
hacia los logros.
El enfoque basado en lo que un Líder es ha estado
vinculado con aquellos estudiosos que han privilegiado y puesto
foco en las “características y atributos”
del líder. Otros expertos en las Ciencias del Comportamiento
pueden ser categorizados en otras dos grandes categorías:
• aquellos que relacionan el impacto de las decisiones
en los comportamientos; y
• aquellos que han estudiado los comportamiento en
la tarea y en lo social.
Dentro del primer grupo es importante destacar la contribución
de K. Lewin, R. Lippitt, & R.White (“Patterns of
aggressive behavior in experimentally created social climates””Journal
of social psychology” – 1939). Estos autores estudiaron
como compartían el proceso de toma de decisiones los
líderes con sus subordinados. Y en base a ello desarrollaron
una tipología de liderazgo donde prevalecían
las siguientes categorías:
1. Liderazgo autocrático que es aquél donde
el líder toma todas las decisiones por sí solo
y no le permite a los subordinados tener ningún tipo
de influencia en el proceso de toma de decisiones. Bajo ésta
práctica el superior le asigna ciertos objetivos al
subordinado en los cuáles éstos últimos
no tienen ningún tipo de influencia o participación.
2. El Liderazgo participativo es aquél donde el superior
consulta a sus subordinados sobre ciertos aspectos en el trabajo
y les permite que participen en el proceso de toma-de-decisiones.
Bajo el tipo de liderazgo participativo se trata al personal
con dignidad, no es de tipo punitivo basado únicamente
en un sistema de recompensas y castigos y la decisión
es finalmente tomada por el superior luego de haber dialogado
con los subordinados sobre los objetivos y metas y las preferencias
entre ellas. Una práctica usualmente usada bajo este
estilo de liderazgo es aquél donde el superior en una
reunión informal dialoga con los subordinados respecto
de una situación nueva y le permite a los subordinados
que den su opinión respecto de dichos objetivos, o
alternativamente el superior puede haber decidido respecto
de los objetivos y sus preferencias pero luego dialoga con
los subordinados respecto de ellos.
3. El Liderazgo laissez-faire es aquél que se caracteriza
por el hecho que el superior le da total autonomía
al subordinado, es decir prescinde de la supervisión
directa. Los subordinados pueden elegir respecto de que tareas
realizar y de cómo desarrollarlas. Dentro de este enfoque
de liderazgo son los subordinados los que establecen sus propias
metas sin la participación del superior y también
deciden respecto de cómo alcanzar los objetivos.
B. M. Bass ha mostrado evidencia donde los grupos efectivos
han tenido líderes tanto autocráticos como participativos
(ya citado) y también existe suficiente evidencia empírica
donde se muestra que el liderazgo de tipo participativo se
caracteriza por una mayor satisfacción en el trabajador.
En este aspecto el lector no debe dejar de tener en cuenta
el monumental trabajo de James March y Herbert Simon (“Organizations”;
New York: Wiley and Sons - 1958). Algo que ya “sabemos”
es que aquellos que trabajan bajo un liderazgo participativo
están más predispuestos al cambio (o que ofrecen
menor resistencia al cambio) y también exhiben una
mayor identificación con la empresa que aquellos que
trabajan bajo un tipo de liderazgo autocrático.
Es por ello que aquellos expertos en cambio y desarrollo
organizacional se esfuerzan en enfatizar la importancia de
un diagnóstico conjunto como así también
una participación del personal en la toma de decisiones,
previo a realizar la implementación durante la intervención
de consultoría.
No se han realizado demasiadas investigaciones respecto del
liderazgo de laissez-faire como en los dos opciones anteriores
pero de todas maneras sí existe evidencia donde se
muestra que tanto la satisfacción del personal como
también la performance es de nivel inferior si se compara
el estilo de laissez faire con cualesquiera de los otros dos
estilos, el liderazgo autocrático o el liderazgo participativo
(B. M. Bass; ya citado).
De todas maneras el trabajo continuado que realizaron Lewin,
Lippitt y White sentó las bases para ir un paso más
allá teniendo en cuenta que una de las principales
debilidades del trabajo de estos tres autores no incluía
aquellos aspectos “situacionales” que siempre
están presente en el día a día del trabajo.
La pregunta que comenzaron a formularse los estudiosos en
ciencias del comportamiento tenían que ver con preguntas
como las siguientes: ¿Es posible que en todas las situaciones
siempre fuera preferible un único estilo de liderazgo?
¿Qué debería hacerse en aquellas situaciones
donde debe implementarse un cambio y qué estilo de
liderazgo era el más efectivo en esta situación?
¿En situaciones críticas sería el estilo
participativo siendo el más efectivo? N. Maier, L.
Hoffman & W. Read (”Superior-subordinate communication:
The relative effectiveness of managers who held their subordinates´
position), la cantidad exacta de influencia que debe tener
un subordinado en la participación de toma de decisiones
debe depender de 2 factores principales; el tipo de “importancia
- calidad” que se requiere en la decisión y el
grado de aceptabilidad de la misma por parte del subordinado.
El grado de aceptabilidad tiene que ver con “cuanto
le gusta” al subordinado la decisión tomada y
con su deseo de implementarla. A su vez la calidad de la decisión
según Maier y otros (ya citado) está relacionada
con los factores de tipo racional y técnicos que deben
ser tomados en cuenta en la decisión. Otro modelo es
el sugerido por Victor Vroom & P. W. Yetton (“Leadership
and decisión making”; University of Pittsburg
Press – 1973) quienes proponen cinco tipos diferentes
de toma-de-decisiones donde nos encontramos con las siguientes
modalidades:
- toma de decisiones unilateral donde el superior decide con
la información que está disponible
- una variante de la anterior es aquella donde el gerente
solicita información a los subordinados, pero decide
por su cuenta. Los subordinados son consultados meramente
como una manera de conseguir información pero no participan
en modo alguno en cuanto a generar nuevas alternativas o durante
el proceso de evaluación de alternativas
- moviéndose en una dirección mas participativa
el superior debate los problemas con los subordinados de modo
individual y después toma una decisión que puede
o no estar relacionada con la información compartida
con los subordinados.
- aquí el gerente comparte el problema con sus subordinados
en forma grupal, recibiendo ideas, sugerencias y opiniones
de los subordinados, para luego tomar la decisión por
su cuenta tomando o no en cuenta lo compartido con sus subordinados
- bajo esta opción los problemas son compartidos con
el grupo donde el superior adopta un rol participativo. Bajo
este rol actúa como un facilitador suministrando información
y proveyendo ayuda. Su rol de facilitador se orienta a colaborar
para que el grupo sea quien tome la decisión por su
propia cuenta y riesgo.
Antes de la propuesta de Vroom y Yetton a que se hace mención
mas arriba algunos estudiosos se comenzaron a hacer algunas
preguntas adicionales. Ya se había superado lo que
se aprendió como resultado del enfoque basado en las
“características” del Líder, como
así también respecto de los 3 estilos de liderazgo
de Lewin, Lippitt & White (ya citado) a lo que se sumó
la contribución basada en el aspecto situacional.
Surgen los trabajos de nuevos expertos en las ciencias del
comportamiento pertenecientes a la Universidad de Ohio que
realizaron una investigación muy extensa en distintos
tipos de organizaciones (empresas, educación, fuerzas
militares) y observan lo que hacen los líderes distinguiendo
dos tipos particulares y dimensiones de comportamiento:
a. el comportamiento al que dieron el nombre de “consideración”
que es aquél donde el líder tiende a tener relaciones
en el trabajo basado en la confianza mutua, donde se respetan
las ideas de los subordinados, y también se tienen
en cuenta los sentimientos de éstos.
b. El comportamiento al que definieron como “iniciando
estructura” que es aquél donde el líder
se orienta a definir tanto su propio rol como el de sus subordinados,
prioriza una estructura y la definición de objetivos
y metas.
Los hallazgos han mostrado evidencia donde el comportamiento
– “consideración” guarda relación
con un alto nivel de satisfacción del individuo y no
tantas veces está relacionada con la performance. En
algunos estudios el comportamiento “iniciando –
estructura” ha estado vinculado con satisfacción
del personal en el trabajo pero menos frecuentemente se ha
visto vinculado con alta productividad, un bajo nivel de ausentismo
y con una baja rotación de personal (Bass, B. M. –
ya citado).
El impacto del trabajo iniciado por los investigadores de
Ohio State tuvo una fuerte influencia en los servicios de
Capacitación, Entrenamiento y también Consultoría
como es el caso de las posteriores contribuciones de Robert
Blake y Jane Mouton (“Building a dynamic corporation
through grid organization development”; Addison-Wesley
– 1969) que proponen el fin de la organización
jerárquica vertical siendo la misma reemplazada por
la organización matricial. También P. Hersey
& K. Blanchard (“Management of organizational behavior”;
Prentice-Hall – 1988) toman en cuenta los resultados
derivados de las investigaciones realizadas en la Universidad
de Ohio State y las aplican en programas de entrenamiento
y capacitación.
El importante centro de investigación en el Estado
de Michigan – Institute for Social Research, perteneciente
a la Universidad de Michigan – realizó múltiples
de investigaciones dentro de una línea similar a la
de la Universidad de Ohio pero con una importante diferencia:
Mientras en la Universidad de Ohio los trabajos de investigación
caracterizaban a cada individuo, los trabajos de la Universidad
de Michigan en su etapa inicial elegía para cada individuo
una de las dos dimensiones (R. M. Stogdill: “Handbook
of leadership: A survey of theory and research”; New
York: Free Press – 1974). Las dimensiones elegidas por
los estudiosos de la Universidad de Michigan eran dos, a saber:
a. liderazgo centrado en la producción (“production-centered
leadership”), donde el superior estaba interesado en
mayor medida en lograr altos niveles de productividad la que
era usualmente conseguida a través de una fuerte presión.
Bajo esta opción los superiores visualizaban a sus
subordinados como meros instrumentos en el camino hacia el
logro de los niveles de productividad esperados.
b. Liderazgo centrado en el empleado (“employee centered
leadership”) donde el gerente estaba principalmente
orientado hacia tener en cuenta los sentimientos de sus subordinados
e intentaba crear una atmósfera de confianza mutua
y respeto entre el personal.
En una primera etapa los hallazgos de los trabajos realizados
en la Universidad de Michigan en distintas empresas y oficinas,
empresas de ferrocarril y en el sector servicios llevaron
a interpretar que el estilo de liderazgo más productivo
era aquél donde el liderazgo estaba basado en el empleado.
Interpretación esta que no pudo sostenerse en el tiempo.
D. G. Bowers & S. E.Seashore (“Predicting organizational
effectiveness with a four-factor theory of leadership”;
ASQ – 1966 y pudieron distinguir dos tipos de comportamiento
adicionales, 4 en total:
1. De apoyo (support) que es aquel comportamiento orientado
a considerar el valor de los sentimientos de otras personas
y la importancia de los mismos
2. De facilitación en cuanto a la interacción
entre personas, que es aquel comportamiento que promueve entre
los miembros de un grupo relaciones cercanas que son mutuamente
satisfactorias
3. Donde se pone énfasis en los Objetivos, que es aquel
comportamiento que estimula un entusiasmo orientado a alcanzar
objetivos de tipo grupal o hacia el logro de una performance
sobresaliente
4. De facilitación del trabajo (work facilitation)
que incluye actividades que ayudan a conseguir los objetivos
desarrollando tareas tales como programación, coordinación,
y planeamiento al mismo tiempo que le provee los recursos
necesarios para ello como es el caso de los conocimientos
requeridos, materiales en general, técnicas y métodos,
y herramientas.
De allí en más – y como resultado de
la falta de hallazgos en una única dirección
– se tendió a poner foco a los aspectos situacionales
que están presente en la situación que confronta
el Líder. Surgieron nuevas preguntas algunas de ellas
relacionadas con la dirección de causalidad que habían
emergido como trabajos de campo, de laboratorio y de investigación
donde la relación “anticipada” originalmente
por los estudiosos y expertos no siempre se validaba en la
práctica. Tal es el caso de los trabajos de investigación
que intentaban averiguar si “un empleado satisfecho
era realmente un empleado productivo”. Aparentemente
los empleados productivos tienden a estar satisfechos.
Otro aspecto a tener muy en cuenta si es el Líder
quien influye sobre sus subordinados o si pueden ser éstos
que hacen que el Líder adopte algún tipo particular
de comportamiento. A. Lowin & J. Craig (“The influence
of level of performance on managerial style: An experimental
object lesson on the ambiguity of correlational data”;
Organizational behavior and human performance – 1968)
mostraron como los subordinados a su vez impactar sobre el
superior. En el diseño de su experimento Lowin &
Craig presentaron dos opciones posibles a personas que habían
sido seleccionados para trabajos de supervisión. A
algunos de ellos se les dijo que el grupo que tenían
que manejar estaba compuesto por personas muy competentes
mientras que a otros supervisores recientemente seleccionados
se les dijo que las personas no era tan competentes. En el
primer caso los supervisores tendían a comportarse
bajo el modelo de Ohio State denominado como “consideración
hacia el empleado “ mientras que en el segundo caso
el comportamiento del superior se asemejaba más al
de “iniciar estructura”.
Al parecer “consideración hacia el personal”
aumenta el nivel de satisfacción del mismo, pero también
el nivel de satisfacción guarda a su vez una fuerte
relación con el estilo del supervisor que se orienta
hacia la “consideración al personal”. En
aquellas situaciones donde “iniciando estructura”
tiene un nivel muy bajo y el líder se esfuerza en mejorarla
conduce a un mayor nivel de performance de parte de los subordinados,
lo que a su vez aumenta el nivel de “consideración”
que tiene el líder hacia el personal y reduce una posterior
necesidad de iniciar estructura (B. M. Bass – ya citado).
Después del movimiento y filosofía de dirección
conocido bajo el nombre de Relaciones Humanas emergió
un nuevo pensamiento basado en la racionalidad donde, como
consecuencia de la misma las tareas podían ser racionalmente
distribuidas entre el personal en base a lo que había
decidido alguien cerca de la cúspide, lo que a su vez
significaba una distribución de poder y autoridad dentro
del orden jerárquico donde las personas debían
cumplir de acuerdo a lo previsto recompensando al personal
por medio de “la paga” – que se orientaba
a recompensar teniendo en cuenta los distintos niveles de
productividad – y se esperaba como contraprestación
conformidad y lealtad de parte del personal y hacia la organización.
Los trabajos de V. A. Graicunas (“Relationship in Organization”;
en Papers of the science of Administration, Institute of Public
Administration – 1927); Frederick Taylor (“Scientific
Management” – 1917); H. S. Dennison (“Organization
Engineering”; Mc Graw Hill – 1931); J. M. Gauss,
L. D. White & M. E. Demack; Eds. (“The frontiers
of public administration”, University of Chicago Press
– 1936), H. A. Hopf: (“Management and the optimum”;
Hopf Institute of Management – 1935); E. D. Stene: (“An
approach to a science of administration”; American Political
Science Review – 1940); A. Brown (“Organizations
in Industry”; Prentice-Hall – 1947); Henri Fayol
(“General and Industrial Management”; Pitman –
1949); P. E. Holden, S. Fish & H. L. Smith: “Top
management organization and control”; McGraw-Hill –
1951); J. D. Mooney (“The principles of organization”;
Harper & Row – 1947); I. Urwick (“The elements
of administration”; Harper & Row – 1953);
L. D. White (“Introduction to the study of public administration”;
Macmillan – 1939) enfatizan una major forma de organizarse
que supuestamente es de aplicabilidad para todo tipo de organización,
industria y situación.
Estos notables estudiosos de “la tarea” en las
organizaciones ponen particular énfasis en los aspectos
racionales y logísticos privilegiando la repetitividad
basada en lo que ellos denominaron principios pero que en
realidad eran criterios o supuesto básicos. El primer
principio era el de la especialización en el trabajo
/ en la tarea que, como consecuencia de su aplicación,
requiere una cadena de mando arreglada en base a una jerarquía
donde las decisiones eran tomadas “más arriba”.
Teniendo en cuenta que existía una especialización
en la tarea fortalecida por una supervisión sustentada
en la jerarquía, esto hacía necesario una apropiada
coordinación (el dilema con el que vivió Alfred
Sloan en General Motors Corporation durante sus 35 años
en la empresa en su calidad de Presidente de la misma) y la
respuesta parecía conseguirse a través de otro
principio: el de la unidad de dirección. Un principio
adicional de esta escuela de pensamiento racional se fundamentaba
en que la supervisión directa y el control eran tareas
vitales y como lo que una persona puede hacer en su posición
de supervisión es limitada, nace un nuevo principio
conocido bajo el nombre de “alcance del control”.
Esta escuela de pensamiento y filosofía de dirección
que es conocida como “movimiento racional de organización”
puede quizás denominarse distinto. Eric Gaynor Butterfield
(“Congreso de Desarrollo Organizacional” –
1993) sugiere que esta filosofía de dirección
tiene un único supuesto básico: “Que las
“otras” personas han de hacer lo que el jefe “tiene
en la cabeza” (esto es una metáfora por supuesto
ya que no es lo que el jefe tiene en su cabeza sino más
bien lo que tiene en su mente).
Como este movimiento “racional” supone que el
personal ha de hacer lo que el jefe tiene en la cabeza, por
lo tanto dedica mucho tiempo a desarrollar todo lo que se
relaciona con la organización formal. Dedican consiguientemente
muchas de sus energías, dinero y esfuerzos hacia “el
organigrama”. Como consultor que ha liderado más
de 300 intervenciones de consultoría de cambio y desarrollo
organizacional, he tenido evidencia donde se muestra que el
propietario del negocio visualiza a su organización
en base a un organigrama formal que el mismo tiene en su cabeza
y, por supuesto, que tiene muy poco que ver con como funciona
realmente la organización en el día a día.
Es por ello que cuando los propietarios de empresas, empresarios,
directores, ejecutivos y gerentes de organizaciones manifiestan
“las cosas no están funcionando de acuerdo a
lo previsto”, les sugiero que revisen esta misma frase
que han verbalizado. En realidad las cosas están funcionando
“mal” dentro de dicha organización porque
realmente se han ajustado al organigrama formal que tenía
el propietario, empresario y directivo de empresa. En pocas
palabras lo que anda mal no es el desajuste que ven los que
están en la cúspide sino que más bien
es “lo que ellos mismos tienen en su cabeza” respecto
de los supuestos básicos sobre los comportamientos
de las personas en las empresas.
Posiblemente son muy pocas las personas que han estudiado
las necesidades “de salud” que tienen los individuos
en las empresas y organizaciones. Uno de los notables investigadores,
académicos y consultores expertos en la materia es
Chris Argyris quien sugiere que las organizaciones no siempre
proveen ún ámbito natural que complemente la
salud de sus participantes organizacionales. En un excelente
trabajo Chris Argyris (“Leadership and Interpersonal
Behavior”; Ed. B. Bass & Luigi Petrullo –
1961) muestra que aplicación de los principios de “management”
de la escuela racional de parte de un Líder en la organización
tiene diversas consecuencias disfuncionales ya que:
1. Los empleados se encuentran en situaciones donde en el
día a día en su trabajo tiene solamente un mínimo
control;
2. se espera que los miembros organizacionales sean pasivos,
dependientes y se comporten siempre como “subordinados”;
3. las personas deben tener una expectativa de corto plazo;
4. los participantes organizacionales deben realizar su trabajo
contando con un mínimo de habilidades, conocimientos
y destrezas; y
5. el personal debe trabajar bajo condiciones que podríamos
denominar de “fracaso psicológico”.
Respecto de este último punto sugerimos que el lector
se familiarice con el Libro del Dr. Donald W. Cole y Eric Gaynor Butterfield: “Suicidio Profesional o Asesinato
Organizacional”; Ed. The O. D. Institute International,
Latinamerica donde se hace mención al dilema que viven
en las grandes corporaciones los profesionales y ejecutivos
que – luego de una primera luna de miel en la empresa
– confrontan situaciones que lo precipitan a suicidarse
profesionalmente o a ser asesinado por la organización.
Para Chris Argyris (1961 – ya citado) el impacto de
los cinco factores arriba citados hace que los mismos sean
inconsistentes con el desarrollo saludable de los seres humanos
y, estos “principios” son mas bien consistentes
con una forma inmadura de proceder como sería el caso
de los niños e infantes. Bajo este esquema “no-saludable”
para las personas, las organizaciones muestran interés
en pagar importantes remuneraciones a todo su cuerpo directivo
y ejecutivo e incluso darles seniority y un buen plan de pensión,
contra el compromiso de estas personas de comportarse de una
manera inmadura. Eric Gaynor Butterfield (Congreso de Desarrollo
organizacional ya citado) menciona que este comportamiento
de los miembros organizacionales en “forma inmadura”
– que la organización misma crea y desarrolla
– es la que “después” le permite
despedirle … justamente por ser inmaduro ! Algunos directivos,
ejecutivos y profesionales no esperan hasta este momento donde
la “decisión de expulsión” es tomada
por la propia organización sino que más bien
se “adelantan” y se auto-despiden, ubicándose
en “otra empresa” incluso bajo condiciones inferiores.
A este fenómeno el Dr. Donald W. Cole y Eric Gaynor Butterfield lo han denominado suicidio profesional o asesinato
organizacional, que no resulta ser un “simple problema”
sino mas bien un dilema.
En contraprestación a los “principios”
de la escuela de pensamiento racional Chris Argyris formula
una serie de proposiciones que se relacionan con el comportamiento
de los individuos en sus respectivas organizaciones (Chris
Argyris – 1961; ya citado):
- Proposición Uno: “Existe una incongruencia
entre las necesidades de individuos saludables y los requerimientos
de una organización formal”
- Proposición Dos: “Las consecuencias de esta
incongruencia son: frustración, fracaso, una perspectiva
de corto plazo, y conflicto”
- Proposición Tres: “Bajo ciertas condiciones
el grado de frustración, fracaso, perspectiva de corto
plazo y conflicto han de mostrar una tendencia hacia el crecimiento”
- Proposición Cuatro: “La misma naturaleza de
los principios formales de una organización “racional”
han de causar que los individuos a todo nivel dentro de la
empresa, experimenten competencia, rivalidad, hostilidad entre
los subordinados y una tendencia a desarrollar y poner foco
en las partes en lugar de la totalidad”
- Proposición Cinco: “Una reacción natural
del personal bajo estas circunstancias donde prevalece la
organización formal es la de crear actividades informales
- Proposición Seis: “Los empleados han de mostrar
un tipo de comportamiento adaptativo que lo soporte a él
mismo lo que ha de impedir su integración con la organización
formal”
- Proposición Siete: “El comportamiento adaptativo
del personal tiene un efecto acumulativo ya que se vuelve
a alimentar con la organización formal, que se hace
aún más fuerte
- Proposición Ocho: “Algunas reacciones de la
dirección y gerencia de la organización tienden
a aumentar los antagonismos que subyacen en el comportamiento
adaptativo”
Esto lleva a Chris Argyris a concluir que no es posible estudiar
el fenómeno de Liderazgo dentro de una organización
sin estudiar antes la propia naturaleza de dicha organización.
Y debe quedar bien en claro, que tanto los sub-sistemas formales
como informales enfatizan diferentes valores y creencias.
Más aún, la distinción entre organización
formal e informal implican distintas estrategias respecto
de cómo organizar los esfuerzos y energías de
los participantes organizacionales.
Argyris (ya citado) destaca que la importancia del Liderazgo
y la filosofía de dirección de la organización
en la sociedad ha hecho que incluso científicos de
las “ciencias duras” (químicos, físicos
y biólogos) están interesados en la “organización”
y en la misma naturaleza de lo que es una organización
haciendo mención a diversos autores y tratados: K.
Goldstein (The organism”; American Book – 1939);
R. Redfield (“Levels of integration in biological and
social systems”); Jacques Cattel Press – 1942;
E. W. Sinnott (“Cell and Psyche: The biology of purpose”;
University of North Carolina Press – 1950; “The
biology of purpose”; American Journal of Ortho-psychiatry
– 1952); H. Margenau (“The nature of physical
reality”; McGraw Hill – 1950); E. Cameron (“General
Psychotherapy”; Grune and Stratton – 1950); S.
F. Nadel (“The foundations of social anthropology”;
Coehn and West – 1951); T. C. Schneirla (“The
levels concept in the study of social organization in animals”;
en Social Psychology at the crossroads – 1951); L. V.
Bertalanffy (“Problems of life”; Wiley –
1952 / “Problems of general system theory”; Human
biology – 1951); M. J. Klein (“Order, organization
and entropy”; British Journal of Philosophical Science
– 1953); A. Mace (“Homeostasis, Needs, and Values”;
British Journal of Psychology – 1953); J. K. Feibleman
(“Theory of integrative levels”; British Journal
of Philosophical Science3 – 1954); T. A. Szasz (“Entropy,
organization, and the problems of the economy of human relationships”;
International Journal of Pyschoanalysis – 1955); F.
H. Allport (“Theories of perception and the concept
of structure”; Wiley – 1955); K. Boulding (“The
image”; University of Michigan Press – 1956).
Podemos aceptar la concepción de N. Wiener (“The
human use of human beings”; Houghton Mifflin –
1950) quien destaca que una organización se caracteriza
por ser “un arreglo de distintos componentes o partes
que forman una unidad o totalidad que a su vez debe retroalimentarse
para sostener a las distintas partes. La definición
que propone Chris Argyris es la siguiente: “Una organización
es una pluralidad de partes que coexisten y se interrelacionan
entre sí de una manera tal que la existencia de las
partes se debe a sus interrelaciones mutuas donde las distintas
partes alcanzan de manera simultánea objetivos específicos
mientras que al mismo tiempo se adaptan al contexto externo
lo que le permite a su vez sostener el estado de interrelaciones
entre las distintas partes”.
En nuestra propia definición de organización
realizamos una distinción entre aquellas que deben
ser auto-suficientes de aquellas que no lo son. A su vez se
requiere una discriminación adicional según
se trate de una organización monopólica u oligopólica
en contraste con aquellas realmente compiten abiertamente
entre sí por su permanencia en el mercado. Sin embargo,
ante el requerimiento de una definición optamos por
la siguiente: “Una organización es un organismo
vivo que se comporta, crece y se sostiene en el tiempo como
resultado de la visión de sus líderes, la capacidad
de gerenciamiento de sus ejecutivos, y el grado de cumplimiento
y adhesión del resto de los participantes organizacionales
a las tácticas gerenciales que están en línea
con la filosofía de dirección del Líder.
Este organismo vivo opera dentro de un contexto y permanece
vivo dentro del mismo en la medida que desarrolle competencias
nuevas que le permitan superar a otros de su propia especie
ya que todos ellos no pueden co-existir simultáneamente
todos al mismo tiempo ni tampoco durante todo el transcurso
del tiempo” (Eric Gaynor Butterfield: Michigan State
University – 1975). Por lo tanto la Inteligencia Organizacional
debe ser un mecanismo que permita cumplimentar con dichos
aspectos.
No queremos dejar cerrada esta sección con la particular
visión de Chris Argyris sin hacer mención a
las distintas dimensiones a que este notable autor hace mención
(1961 – ya citado):
- la dimensión de auto-conciencia
- la dimensión de control
- la dimensión de influencia interna
- la dimensión de resolución de problemas
- la dimensión de influencia externa
- la dimensión de perspectiva en el tiempo
- la dimensión del objetivo organizacional
El dilema respecto de las “ventajas” del enfoque
de Liderazgo basado en las características del Líder
versus el enfoque situacional de Liderazgo para Argyris puede
verse desplazado si tenemos en cuenta las siete dimensiones
a que él hace mención. Argyris sugiere que –
si es que aceptamos el enfoque de que las “carácterísticas”
del Líder pueden verse influenciadas por el contexto
– el debate entre estos dos perspectivas puede perder
vigencia. Desde la perspectiva de Argyris, si uno pone foco
en la organización como una totalidad, uno puede observar
que la misma desarrolla una cultura o carácter en particular
la que tiende a definir de alguna manera cual es el tipo de
Liderazgo más apropiado. Y entonces los miembros organizacionales
tienden a aprender como debe comportarse dentro de dicha organización
en su condición de Líideres y por consiguiente
es la naturaleza de la cultura organizacional la que define
cual es el comportamiento de Liderazgo que es aceptado, los
que son internalizados por los “líderes exitosos”.
¿Cuáles serían las implicancias y conclusiones
finales bajo la perspectiva de Chris Argyris? En primer término
un Líder efectivo es aquél que es consciente
de que el diseño de la organizacional formal representa
un concepto de eficiencia organizacional muy simple, a lo
que podemos agregar que es una “situación límite”,
es decir un caso particular. En segundo término –
y en contradicción abierta con el pensamiento de otros
dos notables expertos del calibre de James March y Herbert
Simon (“Organizations”; Wiley and Sons –
1958), Chris sugiere que el Líder no opera bajo el
dilema de “maximizar” o “satisfacer”
sino que mas bien “optimiza”. El líder
en la empresa – según Chris – debe tener
como misión y tarea hacer que otros departamentos y
unidades de la misma organización sean conscientes
de sus comportamientos y mecanismos defensivos que los empujan
hacia rigideces.
Existen otros enfoques de Liderazgo como es el caso de la
teoría del “Liderazgo Transformacional”
donde los líderes son contrastados con los líderes
transaccionales. En el “liderazgo transaccional”
tanto el líder como el subordinado son visualizados
como agentes que negocian tratando de maximizar cada uno su
posición (J. V. Downton: “Rebel leadership: Commitment
and charisma in the revolutionary process”; New York:
Free Press – 1973). Bajo este tipo de liderazgo el cumplimiento
del subordinado está basado en su propio interés,
ya que el líder le ha de proveer beneficios tanto de
tipo económico como psicológico, que son valorizados
por el pro9pio subordinado. Según Henry Tosi &
Others (ya citado) este tipo de liderazgo encuentra su fundamento
en los siguientes supuestos básicos:
1. El comportamiento humano está orientado hacia objetivos
y las personas han de actuar racionalmente para conseguir
dichos objetivos
2. Los comportamientos “que convienen” han de
persistir en el tiempo, mientras que aquellos que no le proveen
de beneficio al subordinado, no han de persistir
3. Las relaciones de intercambio están gobernadas y
reguladas por las normas de reciprocidad.
Por lo tanto es necesario que el Líder desarrolle
un estilo donde:
- Haga uso de recompensas “dependientes de“;
es decir, provea recompensas a los subordinados que estén
asociadas a una buena performance y al alcance de logros
- Dirige y gerencia “basado en el control por excepción”
donde el Líder actúa cuando anticipa que los
resultados se han de desviar respecto de los estándares
establecidos y también actúa cuando los estándares
establecidos no son alcanzados por los subordinados
- El Líder opera “sin poner las manos en el trabajo”,
es decir bajo el tipo de liderazgo que se conoce como “laissez
faire”, donde tanto evita como abdica en cuanto a la
responsabilidad que a él le cabe.
El tipo de Líder transformacional va mucho más
allá y por encima de lo que podemos denominar “lo
que se debe hacer”• ya que privilegia los valores
y las creencias y sus respectivos impactos sobre el nivel
de independencia, autonomía, auto-estima, confianza
y locus interno de control (R. J. House & J. V. Singh:
“Organization behavior: some new directions for I/O
psychology”; Annual review of psychology – 1987).
Esto lo logra el Líder apelando a levantar el grado
de conciencia de los subordinados en relación con las
creencias, valores, ideales y misión de los subordinados,
lo que muchas veces es logrado a través de fuerzas
inspiradoras del Líder que se acercan a lo que es conocido
como “carisma”.
Existe una diferencia importante entre el liderazgo transformacional
y el liderazgo transaccional (Tosi & others – ya
citado) ya que éste último opera dentro del
contexto de los intereses personales de los subordinados mientras
que el Liderazgo transformacional busca cambiar dicho contexto.
B. M. Bass (Bass and Stogdill´s handbook of leadership:
theory, research and managerial applications”; New Yor:
The Free Press – 1990) identifica claramente cuatro
aspectos que se presentan dentro del Líder Transformacional:
1. es carismático, lo que le permite crear una visión
que sumada a un tipo de relación basada en un fuerte
vínculo logra que los subordinados se identifiquen
con el Líder cumpliendo con sus requerimientos; 2.
es de tipo inspiracional, haciendo uso de un lenguaje simple
con fuerte sustento en símbolos y metáforas,
creando altas expectativas (disparando a la luna); 3. se orienta
a privilegiar uno de los dos tipos de liderazgo determinados
por el equipo de investigación de Ohio State University
mencionados previamente y que se conoce como “consideración
hacia las personas” donde el Líder transformacional
funciona como un coach dando consejos a sus subordinados y
“tratando diferente a personas diferentes”; 4.
se caracteriza por estimular continuamente a sus subordinados
para que desarrollen nuevas y mejores maneras de trabajar
y pensar sobre las situaciones a resolver movilizando un nivel
de activación ideal.
Las empresas en su afán de sobrevivir acuden muchas
veces al tipo de liderazgo transformacional, especialmente
cuando confrontan situaciones donde también el contexto
y las fuerzas competitivas se ve radicalmente alterado (ver
R. Golembiewski: “Ironies in organization development”;
TRansaction Publishers – 1990) y el tipo de cambio es
el Gamma. Lee Iaccoca y Ross Perot, en Chrysler Corporation
y EDS respectivamente, son ejemplos del tipo de Liderazgo
Transformacional. La globalización industrial y comercial
y la globalización financiera con los Bancos interviniendo
como Grupos Financieros atentos a “lo que sucede dentro
de las empresas” ha puesto una enorme presión
en la cúspide de las empresas y los cambios transicionales
ya no resultan suficientes para confrontar los nuevos contextos
de alto riesgo y turbulencia en “los mercados”.
Sin embargo, es de hacer notar que este tipo de Liderazgo
transformacional requiere asimismo la presencia de un “nuevo”
gerenciamiento; no es casualidad que grandes proyectos de
re-ingeniería organizacional hayan puesto foco inicialmente
en los cambios de personas a nivel gerencial, incluso “antes”
de prestar consideración a sus subordinados y miembros
de sus distintos grupos y equipos de trabajo. Se ha encontrado
mucha evidencia respecto del impacto de este tipo particular
de Liderazgo Tranformacional que requiere ser desarrollado
y renovado desde la misma cúspide de la organización
y usualmente encuentra resistencias basado en los comportamientos
“defensivos” de sus predecesores que resisten
en alguna medida al cambio transformacional. Bill Gates es
un caso particular distinto al de Liderazgo Transformacional
cuando asume la posición de hacerse “a un lado”
en Microsoft para dedicarse a nuevos proyectos, designando
su reemplazo y auto-despidiéndose de la empresa en
que él mismo ha sido su Fundador y Presidente. En este
caso el comportamiento de Bill Gates se acerca al pensamiento
de Kart E. Weick (“The social psychology of organizing”;
Addison-Wesley – 1969) que sugiere que el Líder
debe ser capaz de renovar y transformar su organización
pero también debe saber colocarla en una posición
de “rutinizar todo lo que es rutinizable”.
Ejemplos positivos de Liderazgo Transformacional los podemos
encontrar en los tratados y trabajos de campo y de investigación
de diversos autores J. M. Howell & C. A. Higgins (“Champions
of technological innovation”; ASQ – 1990); J.
Seltzer & B. M. Bass (“Transformational leadership:
beyond initiation and consideration”; Journal of Management
– 1990); F. J. Yammarino & B. M. Bass (“Transformational
leadership and multiple level of analysis”; Human Relations
– 1990); B. J. Avolio, D. A. Walkman, & W. O. Einstein:
“Transformational leadership`in a management game simulation”;
Group and organization studies – 1988); B. M. Bass (“Leadership
beyond expectations”; New York: Free Press – 1985);
M. B. Bass, B. J. Avolio, & L. Goodheim (“Biography
and assessment of transformational leadership at the world
class level”; Journal of management – 1987); R.
J. Deluga (“Relationship of transformational and transactional
leadership with employee influencing strategies”; Group
and organization studies – 1988); J. J. Hater &
B. M. Bass (“Superiors evaluations and subordinates
perceptions of transactional and transformational leadership”;
Journal of Applied Psychology – 1988). Es importante
destacar los riesgos que involucra este tipo de liderazgo
a pesar de sus beneficios puesto que es posible que los stockholders
y quizás también los shareholders puedan verse
perjudicados con este interesante tipo de Liderazgo, ya que
los CEO pueden verse comprometidos a moverse en dirección
opuesta a los intereses de aquellos como se ha dado en casos
como los de Worldcom y Enron que mostraban un perfil de liderazgo
cercano al del Líder Transformacional. Posiblemente
haya que incluir entre las características del Líder
Transformacional “la dimensión largo-tiempo”
para que la transformación organizacional ayude al
sostenimiento de la institución a largo plazo.
Otro dilema interesante es el que se relaciona con si el
Líder nace o se hace que Eric Gaynor Butterfield (“Congreso
de Desarrollo Organizacional”, Argentina – 1997)
ha tratado por separado, y aquí surge una pregunta
adicional: ¿Es posible desarrollar una persona para
que adopte el tipo de Liderazgo Transformacional? Por sus
particulares aspectos y la poca experiencia en este tema en
las áreas de Capacitación, Entrenamiento y Coaching
en relación al Liderazgo Transformacional debemos ser
cautelosos. De todas maneras cabe destacar el interesante
trabajo de laboratorio realizado por J. M. Howell & P.
Frost (“Laboratory study of charismatic leadership”;
Organizational behavior and human decision processes –
1989) donde mostraron que esto es posible de lograr al desarrollar
capacidades nuevas como movimientos corporales y sus significados,
lo que muestran las expresiones faciales, estados emocionales,
dramatizaciones, y otros aspectos simbólicos que están
presentes en los personajes carismáticos.
Vamos por un break de unos 15 o 20 minutos y al regreso vamos
a trabajar algunas dinámicas relacionadas con lo que
hemos visto.
Muchas gracias a todos por compartir.
Eric Gaynor Butterfield – Presidente
The Organization Development Institute International, Latinamerica
(also Board member of The Organization Development Institute
Worldwide)
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Los participantes se vieron en estos momentos involucrados
en un trabajo grupal sobre el Liderazgo y de ésta manera
Eric Gaynor Butterfield B. ha dejado algunas pocas otras teorías
y enfoques sobre liderazgo para la jornada siguiente
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