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DIVERSIDAD Y DESARROLLO
ORGANIZACIONAL
Abstract de primer Taller de “Diversidad en las Empresas”
a cargo de Eric Gaynor Butterfield y organizado por The Organization
Development Institute International, Latinamerica –
Junio 1997 www.theodinstitute.org
La diversidad ha estado presente desde muchos años
en la vida de las organizaciones y en el de las empresas,
pero ha alcanzado notoriedad durante los últimos 15
años aproximadamente. La globalización financiera
ha hecho que las diferencias individuales y culturales cobren
una mayor vigencia dentro del mundo corporativo, y a su vez
éste, con sus alcances planetarios, ha mostrado las
ventajas de privilegiar las necesidades “diversas”
(Alvin Toffler: “La tercera ola”; 1995) que tienen
que ser satisfechas de manera más puntual (Tom Peters:
“Marketing one-to-one” - 1999).
La conocida frase de un mundo “global” (y aldea
global) donde “se piensa globalmente y se actúa
localmente” requiere de concepciones y prácticas
organizacionales que no han tenido precedentes en la Tierra.
La organización jerárquica piramidal sustentada
por los “principios” de la Administración
Científica” de Frederick Taylor (1917) requirieron
poner en vigencia la diferenciación entre los que piensan
– que están en la cúspide de la pirámide
– y los que ejecutan – que están mayormente
en las bases de la organización jerárquica piramidal.
De modo que no nos asustemos pensando que los directivos
y empresarios jamás han tenido que lidiar con el problema
de diversidad; más bien ahora aparece en magnitudes
distintas, pero siempre ha estado presente como lo destaca
Edmund R. Leach (“Social anthropology”; 1982):
“There are no laws of historical process; there are
no laws of sociological probability. The fundamental characteristic
of human culture is its endless diversity. It is not a chaotic
diversity either. Anthropologists who imagine that, by the
exercise of reason, they can reduce the observations of the
ethnographers to a nomothetic natural science are wasting
their time.”
Y el sociólogo norteamericano señala que la
importante cohesión que es lograda dentro de la sociedad
de los Estados Unidos de Norteamérica tiene que ver
en gran medida con el grado de diversidad que prevalece en
dicha cultura (“American Society” – 1951):
“The origin of cohesion in American society is due to
the unity comino directly from diversity. There is no real
paradox here. One outcome of diversity is a multiple overlapping
of groups and social categories that blurs considerably the
sharp edges of potential cleavage – for example, the
“cross-pressures” that operate upon individuals
whose different membership and reference groups pull them
toward different political alignments, or the internal heterogeneity
of the major political parties. Without these relatively fluid,
crisscrossing allegiances it seems highly probable that conflict
would be increased, assuming that class differentiation did
not diminish.”
Las consecuencias disfuncionales respecto de una perspectiva
equivocada del tratamiento que se le da a la diversidad pueden
ser letales para el mundo organizacional y empresarial como
así también para la comunidad en general como
lo manifestara Talcott Parsons (“The structure of social
action”; 1937) quien además hace referencia al
sociólogo Francés Emile Durkheim: “It
is a fact that social existente depends to a large extent
on a moral consensus of its members and that the penalty of
its too radical breakdown is social extinction. This Fac.
is one which the type of liberal whose theoretical background
is essentially utilitarian is all too apt to ignore –
with unfortunate practical as well as theoretical consequences.
Thus Durkheim is able to offer what this type of liberal theorist
entirely lacks – an explanation of why increasing diversity
of ethical opinion should be associated with social instability,
anomie, rather than, as such liberals would tend to assume,
an increase of happiness.”
Hace ya muchos años que R. Dodge (“Conditions
and consequences of human variability”; Yale University
Press – 1931) nos señalara que las variaciones
individuales han demorado el desarrollo de una ciencia respecto
de la naturaleza humana y lo haya hecho por mucho tiempo.
El hecho de haber hablado de un “hombre promedio”
por mucho tiempo nos ha retrasado respecto de lo que sabemos
en ciencias del comportamiento. Afortunadamente al tener en
cuenta el concepto y la práctica de diversidad hemos
podido movernos de la perspectiva inicial donde se describe
la naturaleza humana en general hacia un esfuerzo por considerar
como podemos lidiar de una manera sistemática con las
naturalezas humanas en particular: “Treating each individual
as a special combination of capacities, accomplishments, and
tendencies has been far more productive than treating individuals
as though they were all alike or as though they belonged to
mutually exclusive types. Unfortunately, however, residua
of this discredited hypothesis are still evident in politics,
in criminology, in psychopathology, and even in psychology.”
Por lo general una de las cosas que las personas hacemos con
la mayor facilidad es la de catalogar y clasificar a otras
que usualmente tienen que ver con distintos atributos y dimensiones
como es el sexo, peso, altura, cierto perfil de personalidad
y de inteligencia, nuestras propensiones y preferencias, entre
otros, y por lo general se ha encontrado cierto grado de acuerdo
entre distintos calificadores sobre estos aspectos. Pero las
organizaciones y empresas requieren que seamos capaces de
poder predecir quienes son las personas que mejor han de desempeñarse
dentro de una posición determinada, para realizar cierto
trabajo puntual, para hacerse cargo de cierto proyecto, e
incluso para escalar posiciones dentro de la jerarquía
organizacional. Y esto no es tan sencillo incluso cuando la
evaluación es realizada por expertos en selección
y evaluación de personal.
Los teóricos y expertos en ciencias del comportamiento
han realizado importantes contribuciones al respecto con el
propósito de poder observar, describir, y predecir
las eventuales diferencias de las personas en cuanto a sus
actitudes y conductas y en la medida que estas influyen sobre
sus performance y también los resultados organizacionales,
cosa que han realizado a través del desarrollo de dimensiones
y “constructos” psicológicos con el propósito
de arribar a una cuantificación lo más objetiva
posible.
Las organizaciones deben tener en cuenta las distintas variedades
en cuanto a las diferencias que existen respecto de las personas
lo que puede ser observado desde distintas perspectivas (“Individual
differences theory in industrial and organizational psychology”;
Phillip L. Ackerman & Loyd Humphreys – en Handbook
of Industrial and Organizational Psychology – volume
1 – Consulting Psychologists Press – 1990):
1. las diferencias entre los distintos participantes organizacionales;
2. las diferencias que se producen dentro de un mismo individuo
a medida que transcurre el tiempo;
3. las diferencias que se producen dentro del mismo miembro
organizacional respecto de algunos atributos como es el caso
de sus habilidades para oratoria o sus habilidades físicas.
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional”,
Argentina – 1997) señala “que no hay nada
más injusto que tratar igual a personas diferentes”.
Los aumentos masivos de salarios que son decretados por los
gobiernos dentro de las culturas latinoamericanas no solo
representan una “invasión” de ellos dentro
del mundo corporativo sino que también en el mediano
plazo pueden atentar contra aquellos a quienes “se dice”
que se quiere privilegiar, es decir, los trabajadores. Incluso
el hecho de que el gobierno asigne salarios a determinados
niveles mínimos a aquellos que son miembros de sus
organizaciones y compensaciones sociales a aquellos que no
lo son, también puede influir negativamente sobre las
organizaciones y empresas que deben auto-sostenerse como es
el caso de las cooperativas y las empresas privadas. NO ha
escapado a James March & Herbert Simon (“Organizations”;
Wiley & Sons – 1958) la importancia de las recompensas
a entregar por la organización a sus participantes,
a las cuales los autores denominaron como inducements a diferencia
de las contribuciones que sí se esperan del personal.
El contrato psicológico que considera Edgar Schein
ha sido considerado por otros autores como un contrato transaccional
de recursos donde existen tanto deberes como obligaciones
recíprocas entre las personas y la organización
(Chester Barnard: “The functions of the executive”
– 1936 / Jean Jacques Rousseau (hace varios siglos)
/ James March y Herbert Simon (ya citados) y O. Williamson
(“Markets and hierarchies: analysis and antitrust implications”;
Free Press – 1975).
De todos los pagos que se le hacen a las personas usualmente
“la paga” es algo más del 70 % como lo
demuestran los trabajos de Nathan ( 1987) aunque existen diferencias
entre las distintas culturas que pueden ser importantes. Y
podríamos decir que “la paga” es lo que
la persona recibe de una empresa u organización en
carácter de reciprocidad por los trabajos y servicios
realizados, siendo por lo general una característica
de la misma organización como lo destacan Heneman &
Schwab (1979) y Mahoney (1979 a).
En “Individual differences theory in industrial and
organizational psychology” (en Handbook of Industrial
and Organizational Psychology – volume 1 – Consulting
Psychologists Press – 1990) los autores Phillip L. Ackerman
& Lloyd Humphreys desarrollan un modelo general que tiene
en cuenta las diferencias “de paqa” que se presentan
en las organizaciones bajo la toma de decisiones, que incluye
a cuatro categorías principales:
1. el nivel de “la paga”;
2. la estructura de “la paga”;
3. las diferencias individuales respecto de “la paga”;
4. las diferencias en cuanto a “beneficios”.
Los autores consideran que la hipótesis básica
radica en que las decisiones sobre estos cuatro factores influyen
en los resultados (outcomes) tanto de los individuos como
de los grupos, en relación a los siguientes aspectos:
- en la medida que las personas son atraídas hacia
la organización;
- su nivel de “retención”;
- sus habilidades;
- sus actitudes;
- su performance; y
- su grado de flexibilidad.
Estos factores influyen sobre los “outcomes”
del grupo tanto desde el punto de vista físico como
desde el valor, los costos laborales, la productividad, el
nivel y las variaciones de staff, la calidad en cuanto a productos
y servicios y la satisfacción del Cliente. Finalmente
los resultados grupales impactan sobre las siguientes variables
organizacionales:
- utilidades
- ventas
- porción del mercado
y otras aparentemente menos cuantitativas (programa de compensaciones,
la cultura organizacional y el grado de adaptabilidad).
El marco conceptual de los autores Phillip L. Ackerman &
Loyd Humphreys tiene en cuenta una serie de variables moderadoras
que no deben escapar de la atención de aquellos que
están en la cúspide de la organización
como tampoco de los especialistas en cambio y desarrollo organizacional.
Ellas son:
- estrategia de negocios
- estrategia en cuanto a los recursos humanos
- el mercado en cuanto al producto y/o servicio
- la tecnología empleada
- el tamaño de la organización
- la localización
- la organización del trabajo
- las interdependencias existentes
- el grado de descentralización
- la diversidad de la fuerza de trabajo
- los sindicatos.
Phillip L. Ackerman & Lloyd Humphreys (ya citados) se
formulan una pregunta muy interesante: ¿a qué
se debe que empleadores “semejantes” tomen decisiones
en cuanto a la paga que son distintas? (como lo sugieren los
trabajos de Groshen (1988) y de Gerhart & Milkovich (1990),
y existen distintos tipos posibles “de respuesta posibles”.
a. en base a modelos de eficiencia salariales que sugiere
que algunas empresas pagan más para alcanzar mayores
niveles de eficiencia;
b. con el propósito de realizar una mejor elección
en cuanto a contratar y retener a aquellas personas con un
mayor nivel de habilidades;
c. con el propósito de que el participante organizacional
“no esté dando vueltas perdiendo su tiempo”
pues se da cuenta el mismo que está siendo pagado por
encima de otros y el otro motivo puede ser para que aumente
la rotación del personal (lo cual asume un costo importante
de selección y entrenamiento para el nuevo postulante).
Podemos citar los aportes de Shapiro & Stiglitz (1984)
y de Yellen (1984) bajo ésta opción;
4. basado en una orientación social más que
una económica como lo sugiere Akerlof (1984) quien
cita el trabajo de Adams respecto de “equito theory”
que asume que las personas que son mejor pagas están
dispuestas a producir en mayor medida;
5. lo hacen debido a que tienen una perspectiva de tipo estratégica
y bajo esta opción ambos autores incluyen los aportes
y contribuciones de Broderick (1986); Carroll (1987); Foulkes
(1980); Gomez-Mejía – Melbourne (1988); Lawler
(1981); Milkovich (1988).
Existe un debate se debemos compensar diferencialmente a las
personas teniendo en cuenta la distinción que existe
entre una estructura basada en competencias respecto de una
estructura que está basada en la tarea. En la primera
de ellas la paga no está en relación con la
tarea sino más bien con la adquisición de ciertas
competencias y por consiguiente los procedimientos en práctica
dentro de la empresa tienen que ver con apreciar y evaluar
las competencias y también darle un valor genuino a
las mismas. Las ventajas de una estructura que está
basada en los conocimientos radican en su mayor flexibilidad
y en la reducción de la fuerza laboral. Como señalan
ambos autores (Phillip L. Ackerman & Loyd Humphreys) pareciera
que los planes que se basan en las competencias en lugar de
fundamentarse en las tareas aparecen como una alternativa
superior para lo cual citan las contribuciones de Gupta, Jenkins
& Curington (1986); Lawler (1989; Lawler & Ledford
(1985); Luthans & Fox (1989) aunque aparecieron algunas
conclusiones contradictorias como lo señalan Barrett
& Doverspike (1989).
Existe evidencia donde se muestra que los aumentos por mérito
no muestran una diferencia significativa entre los niveles
de productividad que alcanzan distintos participantes organizacionales
(Eric Gaynor Butterfield encontró que esto es común
dentro del mundo corporativo a niveles intermedios, y dentro
de organizaciones que operan como oligopolios – Taller
de Compensaciones en las Empresas” – Julio 2003).
La “National academy of science” publicó
un trabajo titulado “Pay for performance: evaluating
performance appraisal and merit pay” donde muestra las
pocas diferencias entre las siguientes categorizaciones de
performance del personal:
1. Sobresaliente;
2. Excede las expectativas;
3. Totalmente satisfactorio;
4. Necesita mejorar;
5. Insatisfactorio.
Se sugería que los participantes organizacionales
bajo la categoría 5 no recibieran ningún tipo
de aumento mientras que aquellos en la categoría 4
recibieran mayormente un aumento del 1%. Los aumentos sugeridos
para aquellos en la categoría 3 (totalmente satisfactorio)
eran del orden del 3 al 5 % mientras que para aquellas personas
que pertenecían a la categoría 2 los aumentos
rondaban en el orden del 4 al 7%. Finalmente los aumentos
para la principal categoría – aquellos con un
nivel de performance sobresaliente – los incrementos
sugeridos eran del orden del 5 al 9 %. Eric Gaynor Butterfield
hace notar que posiblemente los hallazgos que el ha encontrado
(y que se detallan más arriba) tengan que ver con lo
encontrado en filiales de corporaciones multinacionales.
Al parecer este fenómeno está presente de una
manera singular dentro de las corporaciones en los Estados
Unidos de Norteamérica. En un trabajo desarrollado
por A. Neef (“International trends in productivity and
unit labor costs in manufacturing”; Montly labor review
– 1986) se investigó las implicancias de distintos
tipo de programa de incentives y su relación con el
grado de “éxito” de las mismas.
El grado de éxito fue dividido en 4 categorías
principales, a saber: muy exitosas, exitosas, parcialmente
exitosas, no-exitosas y los distintos tipos de programas de
incentivos eran:
- participación en las utilidades;
- “individual gainsharing”;
- incentivos individuales;
- incentivos grupales. Lo fascinante de este trabajo es que
mostró que no existían diferencias significativas
entre los distintos tipos de programa disponibles para la
gerencia en cuanto a los resultados a alcanzar. Algunos trabajos
recientes muestran que en los Estados Unidos de Norteamérica
existen desigualdades cada vez mayores entre lo que reciben
los que están en la cúspide respecto de los
profesionales, y resto del personal. Teniendo en cuenta lo
que los directores recibían hace unos 30 años
atrás, los estudios marcan que hoy día reciben
más del 150 % más respecto de lo que recibían
antes, lo que puede sugerir que con la globalización
financiera los “accionistas” tiendan a recompensar
mayormente a aquellos que están en la cúspide
de la pirámide como una forma de conseguir mayor cumplimiento
de ellos y también respondan hacia arriba en lugar
de responder hacia abajo.
Muchas personas – especialmente dentro de las culturas
latinoamericanas – tienden a adjudicar el fuerte desarrollo
económico de los Estados Unidos de Norteamérica
a su sistema basado en el dinero el que juega un rol significativo
dentro de la cultura capitalista y tiende a desmerecer el
impacto que tiene la mayor parte de sus habitantes, y especialmente
aquellos vinculados con la dirección y gerencia en
las empresas, en cuanto a liderar empresas. Una pregunta que
frecuentemente me es formulada en diversos congresos, seminarios
y conferencias tienen que ver con esta inquietud y por lo
general los participantes no tienen en cuenta ni el grado
de conocimiento, ni de practicidad para desempeñarse
bajo prácticas “más participativas”
que es sumamente común dentro de las empresas de los
Estados Unidos. En principio vale le pena tener en cuenta
que los gerentes y directivos de multinacionales y corporaciones
norteamericanas hace más de dos y quizás tres
generaciones que están habituados a trabajar en comunidades,
países y culturas “diversas”. Pocos son
los que llegan a la cúspide de su organización
durante los últimos 30 años dentro del mundo
corporativo multinacional, y que no hayan trabajado una importante
cantidad de años fuera de su país.
La mayor parte de los ejecutivos y directivos de corporaciones
multinacionales norteamericanas han dedicado quizás
la mayor parte de sus años laborales trabajando en
algún país de los cinco continentes fuera de
USA y eso les ha ayudado a desarrollar habilidades y competencias
tanto intra como inter personales que no se pueden lograr
sin haber tenido ese tipo de experiencias y vivencias. La
exposición a distintas culturas, formas de recompensas,
sus hábitos de trabajo, las predisposiciones diversas
y variedad de necesidades, han obligado a estos ejecutivos
a convertirse en expertos vivenciales respecto de la conducta
de las personas dentro de los contextos organizacionales,
por decir lo menos. Eric Gaynor Butterfield (“Taller
de Diversidad en las Empresas”; Junio 2002 – Argentina)
ha encontrado evidencia que muestra que esta enorme exposición
de los líderes empresariales de nacionalidad norteamericana
no tiene igual dentro de las culturas latinoamericanas donde
muchas veces un traslado a otra ciudad incluso dentro del
propio país puede ser rechazada por el incumbente aunque
la misma pueda tener algunas consecuencias disfuncionales
para su propia carrera dentro de la institución. Estos
cambios “de país” y de cultura a las cuales
están más que acostumbrados los gerentes y directores
de nacionalidad norteamericana conllevan una serie de implicancias
positivas para el ejercicio de sus funciones. Desarrollan
habilidades especiales en materia de conducción de
personal y en su trato con proveedores y Clientes por la variedad,
amplitud y complejidad de las relaciones con ellos. Les permite
tratar de una manera compleja a un fenómeno complejo
como es el caso de la conducta humana. Aprenden respecto de
mejores prácticas al comparar como se opera de manera
diferente en los distintos lugares y además aprenden
respecto de distintos estándares que sirven para un
benchmarking más efectivo. Y no hay que pasar por alto
de ninguna manera el hecho que cada traslado a un nuevo país
o comunidad o a una nueva filial, implica “limpiar los
archivos” vigentes hasta ese momento, lo que les puede
permitir tratar equívocamente todo aquella que han
archivado previamente de manera inequívoca (Carl Weick:
“The social psychology of organizing” –
1968). Y lo que es aún más importante, posiblemente
su padre o su propio abuelo han “transitado” dentro
del mundo corporativo en distintas culturas donde la experiencia
vivencial respecto de la diversidad lo ha enriquecido sin
par – lo que a veces viene acompañado por cierto
dolor “natural”. De todas maneras, e independientemente
de los beneficios o no de una práctica de mayor migración
respecto de otra más sedentaria con menos diversidad
con sus consiguientes ventajas y desventajas – las personas
expuestas a estos traslados tienen ventajas competitivas importantes
(respecto de aquellas más sedentarias). Y finalmente
no debemos pasar por alto que estos traslados y migraciones
se realizan cada vez dentro de períodos más
cortos, lo que desarrolla competencias en cuanto no solo al
cambio sino al manejo de una de las variables más complejas
para todos los individuos en nuestra calidad de seres mortales:
la de gerenciar el “tiempo”. De modo que cuando
nosotros tenemos en cuenta el aspecto de diversidad en las
organizaciones no lo podemos tomar “en el abstracto”
sino que se vincula fuertemente con lo que denominamos “entrenamiento”,
y por favor, les pido que no confundan de ninguna manera “la
capacitación” con el entrenamiento; la capacitación
está mas bien relacionada con los conocimientos pero
no necesariamente se ha encontrado que las personas que han
asistido a cursos de capacitación hayan sido necesariamente
más productivas a su regresos de dichos programas.
De modo que ante un mundo con cada vez mayor diversidad, los
directivos, gerentes, ejecutivos y profesionales norteamericanos
que se emplean en organizaciones se encuentran con grandes
ventajas competitivas comparados con sus pares de Latinoamérica.
La perspectiva de muchos latinoamericanos de “ir a Harvard”
para graduarse con MBA como una manera de “igualarse”
con sus pares de Estados Unidos de Norteamérica “no
es nada más que una ilusión” (Eric Gaynor Butterfield: “Taller de Diversidad en las Corporaciones”;
Argentina 2003).
Muchos de los ejecutivos norteamericanos han visto como sus
padres hacían sus maletas para ausentarse de su casa
posiblemente durante una semana de cada mes, y cada tres años
los traslados con maletas eran acompañados con mudanzas
completas de la familia donde tenían que decidir que
era lo que hacían con todos sus muebles, pertenencias
e incluso sus mascotas. Las experiencias respecto de cómo
lidiar con el “cambio” de parte de estos ejecutivos
y directivos corporativos durante la nueva transición
no tiene parangón alguno con las acciones a que están
acostumbrados los ejecutivos y directivos latinoamericanos.
Por supuesto que esta predisposición hacia el cambio
tiene su costo: mayor grado de estrés e incertidumbre
en las vidas de los norteamericanos. No debemos olvidar que
si las transferencias de ejecutivos multinacionales se realizan
cada tres años el primer año implica “aprender
rápidamente” cuales son las nuevas reglas de
juego en la nueva localización y durante el último
año mucho de su tiempo lo emplea un ejecutivo corporativo
a explorar “cuál ha de ser su nueva localización”
y como la misma ha de impactar sobre su carrera. Por lo tanto,
solamente un tercio de su existencia le permite cierta estabilidad.
El 2 de enero del 2005 “The New York Times” hizo
saber al mundo que “este sería el año
de las fusiones y adquisiciones (mergers and acquisitions)”.
Y no se han equivocado respecto de su pronóstico. Estas
fusiones y adquisiciones de grandes corporaciones han obligado
a su personal a lidiar con una mayor diversidad en la gran
mayoría de los casos como lo muestran Jackson &
Asociados (1992).
Existe una tendencia a que las mejores Universidades y Centros
de Altos Estudios sean complementadas con “otras”
Instituciones que despliegan en otras habilidades que son
distintas de las Profesiones habituales y los Diplomados que
ellas ofrecen. En la actualidad vemos como Abogados toman
cursos relacionados con “Negociación”,
Licenciados en Administración se familiarizan con prácticas
de “Emprendedores”, Ingenieros se familiarizan
con cursos de “coaching” y “manejo de “relaciones
interpersonales”, y expertos en Ventas y Marketing se
familiarizan con los conceptos de “PNL”. Más
aún, muchas empresas – y sus propios directivos
y gerentes – reconocen que no tienen todas las aptitudes
necesarias para dirigir y conducir (como así también
de lograr que otros dirijan y conduzcan) eficazmente, y por
lo tanto asisten y proponen la presencia en cursos de “Liderazgo”.
The Organization Development Institute International, Latinamerica
tiene un Programa completo de “Desarrollo de las 7 Inteligencias”
donde en un primer nivel se encuentran las Inteligencias cognitiva,
emocional y creativa y en un segundo nivel encontramos a la
inteligencia práctica, comercial y financiera, las
que en un tercer nivel son completadas con la Inteligencia
Organizacional que es la que finalmente permite el desarrollo
organizacional continuado y sostenido (Eric Gaynor Butterfield:
“Tercer Taller de Las 7 Inteligencias”; Argentina
– 2003).
La diversidad está exigiendo nuevos conocimientos,
habilidades, destrezas y competencias que, ante un mundo menos
global no eran necesarias y menos aún imprescindibles.
Hoy en día resulta imperioso que los directivos y gerentes
complementen de esta manera sus conocimientos adquiridos en
las mejores Universidades y Centros de Altos Estudios, con
las que son necesarias para un mundo que ha ganado en diversidad
y ha visto reducida la permanencia de lo existente. Muy pocas
de las empresas 500 de Fortune de hace 50 años atrás
siguen permaneciendo a esta importante lista, y seguramente
las que ahora están allí no las hemos de ver
dentro de los próximos 30 años.
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