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MOTIVACION y Desarrollo Organizacional
Abstract de Taller a cargo de Eric Gaynor Butterfield :”La
Motivación en las Organizaciones” auspiciado
por The Organization Development Institute International,
Latinamerica – julio 1992, Argentina. www.theodinstitute.org
La importancia de la Motivación ha quedado reflejada
en el pensamiento del sociólogo William F. Whyte (“Money
& Motivation”; con otros autores – 1955) quien
señala que el nuevo modelo del hombre socio-económico
ha de requerir una nueva concepción del impacto de
la motivación del hombre en los procesos productivos
industriales.
Thorstein Veblen señala que posiblemente con la sola
excepción del instinto de conservación propia
que tienen las personas, uno de los motivos más salientes
sea el de la emulación (“The theory of the leisure
class” – 1899 / 1973) y es sabido como la emulación
está presente dentro del mundo organizacional y empresarial
(ver Adams: “Equity Theory” – 1961).
Las contribuciones en materia de comportamiento humano bien
pueden inferirse de las investigaciones y aportes que se realizan
en otras especies. El psicólogo Edgard Tolman (“A
stimulus-expectancy: Need-Cathexis Psychology – 1945)
manifiesta que las leyes sobre las cuales se apoyan las inteligencias,
motivaciones e inestabilidades (humanas) pueden ser perfectamente
estudiadas a través del comportamiento de las ratas.
Dentro del mundo organizacional son muchas las variables (independientes)
que de alguna manera impactan sobre la productividad, efectividad
y performance. Es conocida la relevancia que tienen las “SKA”
la que se ha visto reflejada de diversas maneras y muy especialmente
a través de los instrumentos de selección de
personal. Sin embargo debemos tener siempre presente la importancia
de la “motivación”. Las destrezas (S) tienen
que ver con el aprendizaje de ciertas reglas y la motivación
va por otro camino tal cual lo destaca claramente el filósofo
y sociólogo alemán Jurgen Habermas (“Toward
a rational society” – 1969): “Las destrezas
nos ponen en una posición que nos permite resolver
problemas; las motivaciones nos permiten cumplir con las normas”.
La importancia de la “motivación” radica
en su interna complejidad. Las consecuencias de nuestras acciones
– como resultado de la motivación – pueden
ser buenas para nosotros y también malas para otros;
pero no debemos olvidar que también puede ser negativa
para nosotros y positiva para otros. Mas aún, puede
también llegar a ser buena para nosotros y para otros
y también puede llegar a ser mala para nosotros y para
otros (Francis Hutcheson: “Inquiry concerning moral
good and evil”; 1725). Gordon Allport (“Personality”;
1937) destaca que un hombre de negocios en la búsqueda
de su propia seguridad económica puede hacer cosas
en contra de su propia salud (ver también: “Suicidio
Profesional o Asesinato Organizacional”: Dr. Donald
W. Cole & Eric Gaynor Butterfield; The Organization Development
Institute International – 2005) e incluso tomar acciones
que lo pueden regresar a su nivel de pobreza anterior, por
el solo hecho de tener la motivación por llevar adelante
su programa convirtiendo de esta manera a una técnica
instrumental en un motivo-maestro.
Eric Trist & otros (“Organizacional Choice”;
Tavistock – 1963) han mostrado evidencia que las motivaciones
sociales tienen un impacto muy grande en los resultados corporativos
y empresariales, y por ello se debe visualizar a las organizaciones
bajo la perspectiva socio-técnica. Las interacciones
y los motivos de las interacciones de las personas en el transcurso
de un día entero son variadas y de gran número,
y una gran mayoría de los motivos sociales tienen que
ver con lo que transcurre dentro de las organizaciones.
Resulta muy difícil contar con una definición
de motivación, aunque vamos a intentarlo. Pero debemos
tener en cuenta lo destacado por Ruth Kanfer cuando señala
(“Handbook of Industrial and Organizational Psychology”
– 1990) que por lo menos debemos prestar consideración
a tres elementos al querer definir a la “motivación”;
ellos son:
* “En primer lugar uno debe llegar a determinar o especificar
las variables independientes que influyen sobre el flujo de
motivación.
* Segundo, la teoría debe estar en condiciones de
describir el network nomológico de relaciones entre
las variables latentes y las implicancias de esas relaciones
respecto del comportamiento observable (Cronbach & Meehl
– 1965).
* Tercero, uno debe especificar las consecuencias motivacionales,
las variables dependientes, o los comportamientos más
probables de ser influenciados por cambios en el sistema motivacional”.
¿Que es lo que podemos decir respecto de los motivos
sociales? En principio los motivos sociales pueden ser heredados
y debido a ello se asemejan a una característica de
la especie tanto como lo es el impulso fisiológico.
Los motivos sociales pueden también ser adquiridos
lo que sugiere que el comportamiento de las personas puede
ser aprendido, y en la medida en que son aprendidos se convierten
en el primer paso sobre el cual se han de adquirir nuevos
comportamientos (“Introduction to psychology”:
Ernest Hilgard; Harcourt, Brace & Co. – 1957).
Aprender respecto de los “motivos sociales” es
de vital importancia para todos aquellos que lideran, gerencian
o supervisan un grupo de trabajo en las empresas. Ernest Hilgard
(ya citado) incluye algunas proposiciones:
“1. La manifestación y expresión de los
motivos sociales difieren de una cultura a otra y de una persona
a otra dentro de esa misma cultura. Estas diferencias se producen
puesto que los motivos sociales son aprendidos como consecuencia
de experiencias puntuales y en todo caso son expresadas a
través de un comportamiento aprendido.
2. Motivos similares pueden ser manifestados a través
de distintos comportamientos como por ejemplo cuando un motivo
para desafiar a otra persona puede ser manifestada de dos
maneras: atacando a esa persona o alejándose de su
presencia.
3. Distintos motivos pueden ser expresados a través
de comportamientos similares como es el caso donde dos hijos
pueden dedicarse a seguir una carrera en particular; una lo
hace para complacer a sus padres mientras que la otra lo hace
para molestarlos.
4. Los motivos se manifiestan muchas veces bajo algún
disfraz. Los niños – a comparación de
las niñas – tienen una tendencia a hurtar debido
a su conflicto de tipo sexual. Por lo tanto el motivo de hurtar
no es “un motivo para adquirir algo” sino que
más bien se disfraza pues su motivo principal responde
a un impulso de tipo sexual.
5. Una sola acción o comportamiento puede llegar a
expresar distintos motivos sociales. El principio de múltiple
determinación de comportamientos está presente
cuando un investigador emplea 16 horas de trabajo y estudios
por día que puede deberse a convertirse en un inventor,
o en ganar una fortuna con su invento o eventualmente conseguir
fama.
Esta demostrado que muchas personas está motivadas
a desarrollar esfuerzos y emplear muchas de sus energías
mucho más allá de lo que quizás su organismo
está dispuesto a sostener. Por lo tanto surge la siguiente
pregunta: ¿Qué es lo que hace que cada 4 años
cientos de atletas dediquen muchísimas horas a entrenarse
ante una posibilidad relativamente pequeña de éxito
en una Olimpíada (hay tres medallas: la de oro, plata
y bronce; pero no debemos olvidar que la mayor parte de las
personas por lo general no recuerdan ni al tercero -medalla
de bronce - ni al segundo - medalla de plata ). Algo parecido
sucede dentro del mundo corporativo e incluso “antes”
de que las personas ingresen al mundo empresarial.
Los estudiantes dedican unos 17 años de estudios para
conseguir un Diploma Universitario que le permita ser la puerta
de acceso al mundo corporativo, especialmente las corporaciones
multinacionales, a pesar de que se sabe que solamente un pequeño
porcentaje de ellos ha de poder ingresar. Incluso aunque hayan
conseguido insertarse la inmensa mayoría no ha de alcanzar
la cúspide y pueden a los 45 años tener que
iniciar acciones de “independencia” para lo cual
no han tenido el entrenamiento apropiado (Eric Gaynor Butterfield:
“Desarrollo Ejecutivo y Desarrollo Organizacional”;
The Organization Development Institute International, Latinamerica
– 2005).
La motivación para aquellos interesados en como los
miembros organizacionales pueden influir en los resultados
de sus empresas tiene como interés principal aprender
respecto de diversos factores que se incluyen dentro de esa
única palabra; los factores principales son:
- arranque o inicio;
- dirección;
- intensidad; y
- persistencia.
Hizo falta que Charles Darwin (“On the origin of species”;
1859 / 1869) exponga ante los psicólogos su teoría
social evolucionista para que las teorías motivacionales
de ellos vayan más allá de las teorías
iniciales que privilegiaban a los impulsos (drives) y a los
instintos. La teoría psicoanalítica de la personalidad
de Sigmund Freud (“The interpretation of dreams”;
1900 / “Civilization and its discontents” –
1930) contempla que el comportamiento humano es motivado por
alguna forma de “energía psíquica”
(libido) que emerge como resultado de unos pocos instintos
básicos (“Psychology Today – An Introduction”;
CRM – Random House – 1975). De modo que para Freud
la dirección que ha de tomar el comportamiento está
determinada por los límites sociales que le son impuestos
bajo la manifestación de “impulsos instintivos”
lo que en las palabras de Freud sería “la descarga
de energía psíquica”. En “Psychology
Today – An Introduction” los autores destacan
que bajo el pensamienbto de Sigmund Freud las energías
provenientes de instintos eran canalizadas o direccionadas
como resultado de límites previamente aprendidos.
El trabajo de Clark Hull (“Principles of Behavior”
– 1943) basado en los impulsos (drive theory) difería
del modelo de Freud en algunos aspectos ya que Hull sentó
sus bases en un modelo matemático mientras que el de
Freud no lo era y además Hull se concentró en
el estudio de animales en especial las ratas mientras que
Freud puso foco en personas neuróticas. Para Hull la
fuente de energía en el comportamiento recibíó
el nombre de impulso, y el componente direccional del comportamiento
recibió el nombre de “hábito” (Psychology
Today – An Introduction; ya citado). Para Hull el objetivo
era importante y para ello analizó lo que lleva a la
realización de ciertas actividades que producen algunas
consecuencias o resultados; presionar una palanca y conseguir
comida, y aprender respecto de esto, hace que la “fuerza
del hábito” aumente la respuesta. La reducción
de un impulso como en el caso de no apretar la palanca como
opuesto a hacerlo, no siempre es la única forma de
aprender.
Mas tarde se aprendió que aquellas ratas que tenían
la posibilidad de explorar su territorio con anterioridad,
estaban en condiciones de tener una mejor performance, incluso
cuando en ese recorrido no existiera comida. Al parecer los
investigadores llegaron a reconocer que las ratas aprendían
algo respecto de su contexto aunque no estaban siendo recompensados
lo que recibió el nombre de “aprendizaje latente”.
Es decir, administrar recompensas puede ser que no sea suficiente.
Muchos investigadores han cuestionado el trabajo de Hull
sugiriendo que se concentró exclusivamente en lo que
ellos llamaron el “push of internal drives” y
prácticamente ignoró el “pull” que
tiene que ver con los incentivos que están disponibles.
En sus últimos años Clark Hull tuvo también
en cuenta a estos últimos.
La teoría de los impulsos tiene otra limitación
puesto que sugiere que los sentimientos positivos son vistos
como consecuencias para mitigar tensiones sin tener en cuenta
otras experiencias positivas como es el caso donde se considera
que los niños despliegan su amor hacia sus madres por
el hecho de que ellas van a reducir un estado fisiológico
que no es placentero (como cuando la madre le da de mamar
al niño). Harry Harlow desarrolló en este sentido
un experimento sumamente interesante (en “Psychology
Today: An Introduction” – ya citado) donde monos
infantes tenían que elegir entre “dos madres
posibles”. Una de ellas era hecha de alambre mientras
que la otra era hecha con material suave como son los animales
de peluche. A pesar de que estos monos infantes eran alimentados
a través de la “madre de alambre” pasaban
la mayor parte del tiempo con la “madre de peluche”.
Y también – lo que fue sorprendente para algunos
investigadores – cuando estaban atemorizados o asustados
también acudían a la “madre de peluche”
en lugar de la “madre de alambre” siendo ésta
última la que realmente le daba de comer. Harry Harlow
arribó a la conclusión de que el confort a través
del contacto con el oso de peluche era más importante
que la reducción de hambre que provenía del
mono de alambre (la mamá de alambre tenía una
mamadera mientras que la de peluche no tenía mamadera
alguna).
Sigmund Freud y también Clark Hull tenían la
perspectiva de “reducción de un impulso como
una recompensa” pero esta visión recibió
un golpe muy fuerte cuando se encontró evidencia de
que las personas durante distintas etapas de su vida pueden
elegir “cambios” en lugar de “estímulos
repetitivos” y que también prefieren trabajar
bajo procesos complejos en lugar de situaciones simples. Y
estas concepciones deben ser tenidas muy en cuenta por los
ejecutivos y directivos de empresas en sus relaciones con
los miembros que conforman sus equipos de trabajo.
Debemos recordar que la palabra motivación y emoción
tienen la misma razón latina: “motere”
que significa moverse, y es por ello que las emociones juegan
un rol tan importante en el comportamiento humano (Daniel
Goleman: “La Inteligencia Emocional”; Bantam Books
– 1995).
La complejidad de lo relacionado con las motivaciones de
las personas ha ido ganando sustento en la medida que los
investigadores realizaban nuevos trabajos de campo y de laboratorio
y se encontraban con nuevos y sorprendentes hallazgos apareciendo
la “teoría de motivación basada en las
expectativas- valor”. Últimamente se la conoce
– a efectos de simplificación – como la
teoría de las expectativas. Entre los académicos,
investigadores y practitioners más reconocidos dentro
de esta escuela de motivación podemos citar a John
Atkinson, Kurt Lewin, David McClelland, John Atkinson, Victor
Vroom.
La teoría de las expectativas postula que el comportamiento
de las personas es el resultado de relacionar la expectativa
(probabilidad de éxito) que tiene una persona respecto
de alcanzar un objetivo con el valor mismo que tiene dicho
objetivo para esa persona (Eric Gaynor Butterfield: “Congreso
de Desarrollo Organizacional” – 1997).
Así como las ratas tienden a responder de alguna manera
que nos permite llegar a ciertas generalizaciones también
las personas elegimos comportamientos “más probables”.
Mucho de lo que deben esforzarse los directivos en las organizaciones
está orientado justamente a reducir la variabilidad
de comportamiento de los miembros organizacionales para, de
esta manera, conseguir que dichos comportamientos puedan ser
anticipados. John Atkinson dedicó muchos de sus esfuerzos
y energías para aprender respecto de estas diferencias
individuales que están presente tanto en las personas
como en otras especies (ver: “Motives in Fantasy, Action,
and Society”, New York – 1958).
John Atkinson (ver cita ya mencionada) realiza una importante
distinción entre “motivo” y “motivación”.
Define a motivo como “una capacidad relativamente estable
para obtener cierta gratificación respecto de una particular
clase de incentivos, y siendo la misma distinta entre cada
una de las personas”. Por otro lado la motivación
es el proceso que resulta de la interacción de un motivo
(que tiene que ver con una característica de la personalidad);
la expectativa (que es una probabilidad subjetiva) y el valor
del incentivo. David A. Mc Clelland (”Toward a theory
of motive acquisition”; American Psychologist –
1965) sugiere que las personas – especialmente los ejecutivos
y directivos en las organizaciones – pueden tener distintas
orientaciones en cuanto a sus necesidades de las cuales tres
son las preponderantes:
- afiliación
- logros
- poder, siendo reconocido por el uso de una herramienta en
particular como es el Thematic Aperception Test. Henry Murray
fue quien primero descubrió e hizo aplicación
de esta metodología de la cual hizo uso a fines de
los años 30 del siglo pasado.
Para David McClelland los ejecutivos y directivos eficientes
sobresalen en la “necesidad de alcanzar logros y objetivos”.
John Atkinson hizo algunos hallazgos interesantes donde se
expone que los resultados en cuanto a la “necesidad
de logros” son distintos según se trate de hombres
o mujeres y teniendo en cuenta sus propias competencias hizo
uso de modelos matemáticos lo que lo ha llevado a concluir
que en la orientación hacia el logro existe más
de un componente; en realidad son dos: 1. la tendencia a orientarnos
hacia el éxito; y 2. la tendencia a eliminar posibilidades
de fracaso.
Matina Horner (en “Psychology Today: An Introduction”
hace referencia auna tercera opción que es denominada
“temor al éxito”.
Otra importante teoría de las motivaciones es la de
Stanley Schachter (teoría de la atribución)
que se refiere a las interpretaciones que son dadas a las
personas respecto de sus propios sentimientos y acciones.
Debe tenerse en cuenta que “atribución”
puede también incluir aquellas situaciones donde las
interpretaciones de una persona respecto de las razones que
tienen otros respecto de las acciones que estos últimos
toman. La concepción de Stanley Schachter guarda un
paralelo con el de B. Weiner (comportamientos relacionados
con logros).
Bernard Weiner se dedicó a estudiar cuales han sido
las razones por las cuales las personas atribuyen su éxito
o su fracaso, siendo cuatro las principales. Eric Gaynor Butterfield
ha realizado algunos trabajos y estudios al respecto dentro
de distintas culturas en Latinoamérica y prefiere hacer
referencia a la teoría de la atribución con
otro nombre: “Teoría de la Justificación
o Explicación”. Gaynor destaca que es muy común
que dentro de las organizaciones nacionales las imperfecciones
e ineficiencias son “justificadas” bajo algún
tipo de “explicación” donde las personas
se liberan de su responsabilidad meramente explicando porqué
es que no ha realizado su trabajo correctamente. Eric Gaynor Butterfield
hace referencia a la necesidad de que los directivos y ejecutivos
en sus organizaciones manejen eficazmente la diferencia entre
“responsabilidad” y “responsabilidad”,
siendo ésta ultima un anglicismo. En inglés
existe la palabra “accountability” que se diferencia
de “responsibility” pero esta importante distinción
no existe en el idioma español y por supuesto las implicancias
prácticas a veces pueden ser muy negativas.
Volviendo a Bernard Weiner hacemos mención a las 4
principales razones por las cuales las personas se atribuyen
éxitos y fracasos: habilidades, esfuerzos, dificultad
en la tarea y suerte. A su vez estas 4 opciones por las cuales
las personas suelen atribuir su éxito o fracaso pertenecen
según Bernard Weiner a dos variables principales:
- “locus of control “que puede ser externo o interno
(si la misma persona determina sus acciones), y
- “grado de estabilidad” que puede ser estable
o inestable.
El locus de control interno junto con estabilidad explica
“habilidades”
El locus de control interno junto con inestabilidad se atribuye
a “esfuerzos”
El locus de control externo junto con estabilidad se atribuye
a “dificultades en la tarea”
El locus de control externo junto con inestabilidad se atribuye
a “suerte”.
Las implicancias de Bernard Weiner son de gran practicidad.
Por ejemplo, una persona que atribuye el éxito a factores
estables como lo son la habilidad y la dificultad en la tarea,
puede volver a tener éxito la próxima vez que
confronte la situación. Por otro lado si la persona
atribuye su éxito a causas inestables la probabilidad
de éxito en la próxima oportunidad no ha de
ser muy alta.
También los directivos y ejecutivos de organizaciones
pueden beneficiarse de aplicar otra teoría motivacional
como es el caso de la concepción de Abraham H. Maslow
(“Motivation and Personality” – 1954) quien
afirma “Es bastante cierto que el hombre puede vivir
solo de alimentarse con pan – cuando solamente existe
el pan. ¿Pero que es lo que sucede con los deseos de
ese hombre cuando existe suficiente pan y cuando además
su panza está llena? En ese caso han de emerger otras
(necesidades (que son más altas), y estas últimas
son las que han de dominar las acciones del organismo. Y cuando
estas necesidades se encuentren a su vez satisfechas otra
vez nuevas (y más latas) necesidades han de emerger,
y así sucesivamente. Esto es lo que quiero expresar
al manifestar que las necesidades básicas en el hombre
están organizadas en una jerarquía de relativa
importancia”.
Para Abraham Maslow existe una jerarquía de necesidades
básicas dentro de tres escalones principales: las necesidades
básicas que son básicamente fisiológicas
como el hambre y la sed; las necesidades intermedios como
lo son la seguridad, pertenencia y estima entre otros, y finalmente
las meta-necesidades que tienen que ver con la creatividad
y la auto-realización.
Muchas personas tratan de referirse al trabajo de Frederick
Taylor (“Scientific Management”; Harper &
Row – 1947) como poco aplicable para estos tiempos del
siglo XXI. Sin embargo la inteligencia práctica y la
aplicación eficiente como consecuencia de los estudios
de tiempos y movimientos, tienen – y van a seguir teniendo
– un impacto muy importante en los resultados. A pesar
de que todas las personas verbalizamos la importancia de la
“creatividad” la inmensa mayoría de nuestros
actos diarios durante toda la vida no solo no son creativos
sino que por lo general son automáticos. Antes de llegar
al mediodía la mayor parte de las personas han realizado
más de 100 acciones y la inmensa mayoría de
ellas han resultado de “comportamientos automáticos”
(nadie se pone a pensar o filosofar ni tampoco se reúne
en un comité para decidir si se ha de duchar por la
mañana “antes o después de vestirse”).
En este sentido en su excelente trabajo titulado “Organizations”
(Wiley & Sons; New York – 1958) James March y Herbert
Simon citan las reflexiones de Lowry, Maynard & Stegemerten
(“Time and Motion Study”; Nerw York – 1940)
quienes destacan que “Los principales objetivos del
empleado son los de asegurarse el máximo de ingresos
en relación con el esfuerzo desplegado mientras se
desempeña – dentro de las condiciones que le
son posibles – dentro de un ambiente tanto saludable
como agradable”.
March & Simon (1958 ya citado) señalan que si
la frase es tomada seriamente los términos son un tanto
vagos y poco concretos mientras que en caso contrario la frase
hace referencia a una relación muy estrecha entre la
paga de los salarios y la productividad / eficiencia privilegiando
los estándares de tiempo. Estos dos notables autores
son los primeros en destacar las apreciaciones e interpretaciones
erróneas respecto de distintas variables que impactan
sobre los resultados de la organización. El movimiento
conocido bajo el nombre de Relaciones Humanas pone especial
énfasis en la importancia de que el empleado alcance
un nivel de satisfacción importante.
Sin embargo, una re-evaluación de muchos trabajos
e investigaciones sobre el particular destacan que “no
siempre las personas satisfechas” que están dentro
de una organización son personas productivas. Mas aún,
James March y Herbert Simon destacan que muchas veces los
niveles mas altos de productividad en las organizaciones son
alcanzados a través de ciertos niveles de insatisfacción.
Y van un paso más allá cuando concluyen que
los miembros organizacionales en su relación con las
empresas y las organizaciones en las cuales trabajan, usualmente
toman decisiones en “dos orientaciones distintas”:
hacia producir (agregando valor en su dedicación de
tiempo) o hacia concurrir (no agregando suficiente valor durante
el tiempo que asiste a la empresa). Finalmente identifican
que los factores que se relacionan con la “decisión
de producir” no son los mismos que se relacionan con
la “decisión de concurrir”; las personas
satisfechas están más propensas a seguir participando
dentro de la empresa es decir, no dejan su trabajo, y es posible
que además el ausentismo como así también
su rotación en el trabajo sea bajo.
Más tarde Frederick Herzberg (“Managerial choice:
to be efficient and to be Human”; Dow Jones –
Irwin – 1976) desarrolla una teoría motivacional
basada en la distinción entre factores higiénicos
y factores motivacionales sugiriendo que más de los
factores higiénicos no han de producir aumentos de
productividad en la performance del personal.
Los trabajos de Victor Vroom (“Work and Motivation“
– 1964), de E. Locke (“Toward a theory of Task
motivation and incentives”; Organizacional behavior
and human performance - 1968), de J. Adams (“Inequity
in social exchange“en Advances in Experimental social
psychology - 1965) y de T. A. Ryan (“”Intentional
behavior”; Ronald Press – 1970) fueron ampliamente
difundidos como teorías motivacionales que estaban
ligadas a los aspectos cognitivos. Y alrededor de la misma
época varios investigadores pusieron foco en los procesos
motivacionales como es el caso de W. Mischel (“”Theory
and research on the antecedents of self-imposed delay of rerward”,
en Progress in Experimental personality research - 1966),
A. Bandura (“Principles of behavior modification“;
New York – 1969), y F. H. Kanfer (“Self-regulation:
research, issues and speculations”; en Behavior modification
in clinical psychology – New York - 1970).
El trabajo de muchísimos años de Arnold Tannenbaum
(“Control in Organizations”; Mc Graw – Hill
– 1968) donde privilegia la variable “participación
destaca como ella puede ser una importante fuerza motivacional.
Arnold Tannenbaum ha encontrado evidencia donde muestra que
la gerencia puede ser más participativa – en
opuesto a autoritaria – y que al mismo tiempo puede
llegar a ampliar su influencia sobre los niveles inferiores
de la organización.
Uno de los problemas con los cuales conviven todos los directivos
y gerentes en las organizaciones tiene que ver con el manejo
efectivo del cambio y es muy inusual que a ellos “se
les pague un sueldo para que las cosas se sigan haciendo de
la misma manera”. Por lo tanto lo relacionado con las
manifestaciones de nuevas conductas es de vital importancia
para la organización como así también
para sus líderes. Y aquí es donde la motivación
(hacia el cambio) se relaciona fuertemente con el aprendizaje
(nuevas maneras de hacer las cosas), donde posiblemente una
de las mas poderosas “reglas de aprendizaje” tengan
que ver con lo que se conoce como la “Ley del Efecto
o consecuencia”. La “ley del efecto o la consecuencia”
sugiere que todo comportamiento que se recompensa tiende a
repetirse mientras que aquello que se castiga tiende a no
repetirse”. Esto tiene muchas implicancias puesto que
los directivos y gerentes pueden “hacer saber”
a su personal: 1. que realmente el maneja los recursos y las
recompensas; 2. que también maneja como administra
y maneja las recompensas.
Es frecuente escuchar a propietarios y ejecutivos que “su
personal al atender a sus Clientes” (cajeros en los
Bancos, vendedores en empresas comerciales) no siempre los
atienden “con poca simpatía y predisposición
de servicio”. Lo que sucede muy frecuentemente es que
en los procedimientos bancarios no se les señala a
los cajeros que eso es importante; mas bien la norma y procedimiento
destaca que su actividad se orienta hacia tareas de “control”.
Por lo tanto lo que el personal hace tiene que ver con el
control y no dedica energías hacia “un mejor
trato” al Cliente. Por lo tanto aquellos interesados
en conseguir el mejor cumplimiento de parte del personal deben
considerar que el subordinado debe tener en su cabeza (metafóricamente
porque en realidad es en su mente) que lo que realmente interesa
es el comportamiento que “parece” estar vinculado
con la recompensa o el castigo. Abdicar de este importante
punto puede resultarle muy costoso tanto a los superiores
como a la organización. Existen algunos “detalles”
que el superior debe tener en cuenta (Eric Gaynor Butterfield:
“Congreso de Desarrollo Organizacional”; Buenos
Aires 1999): debe ser fácil de reconocer al subordinado
la relación entre el comportamiento y la recompensa;
para ello se sugiere que sea lo más “inmediato”
posible; y además existe un límite en relación
con la administración de castigos ya que no pueden
ser sostenidos en el tiempo sin la rebeldía del subordinado
y además son muy costosos.
Chester Barnard (“The functions of the executive”;
Harvard University Press – 1938) y Herbert Simon (“Administrative
behavior”; New York – 1947) postulan una teoría
de motivación basada en el equilibrio organizacional
que tiene en cuenta las condiciones bajo las cuales una empresa
puede inducir a sus participantes organizacional a continuar
trabajando, y de esa manera consiguiendo fortalecer su existencia.
Las complejidades implícitas en la motivación
y sus distintas aplicaciones prácticas se hacen notorias
a través de los trabajos de los distintos expertos
en el tiempo como se ha visto a través del resumen
realizado y ahora prestamos atención a algunos elementos
adicionales. Como destaca Ruth Kanfer (en Handbook of Industrial
and Organizational Psychology – 1990) la motivación
no es posible de ser observada de una manera directa y cita
a Atkinson & Birch (1970) quienes mencionan que lo que
realmente observamos es una serie de comportamientos multidimensionales
y de los productos de dichos comportamientos. Ruth Kanfer
(en Handbook of Industrial and Organizational Psychology –
ya citado) acudse a la definición de motivación
que realiza Victor Vroom (“Work and motivation”,
ya citado). Para Victor Vroom la motivación es definida
“como una variabilidad de comportamientos intra e inter
individuales que no se deben solamente a las diferencias individuales
en habilidades o a demandas en exceso producidas por el contexto
que se ejercen bajo coerción o imprimen fuerza para
una acción”. Como bien cita Ruth Kanfer, el mismo
Vroom reconoce la limitación de su propia definición
ya que la misma no especifica lo que está involucrado
dentro de motivación.
Alvar Elbing (“Behavioral Decisions in Organizations”;
Scott, Foresman & Co. – 1970) aclara que los conceptos
de motivación no pueden ser separados de los conceptos
de percepción. Vamos a dejar para más adelante
la variable percepción aunque reconocemos la importante
influencia e interdependencia que tiene con la motivación.
Elbing (ya citado) realiza una importante distinción.
Por un lado podemos privilegiar el aspecto interno que se
relaciona con un estado de insatisfacción interna,
donde aparecen necesidades y deseos lo que produce que el
organismo movilice sus energías a través de
ciertos impulsos con el propósito de liberarse del
dolor. Y la motivación puede ser considerada desde
otro punto de vista donde se pone énfasis en una secuencia
de comportamientos que han sido seleccionados directamente
en términos de un objetivo predeterminado. Por lo tanto
el objetivo tiene que ver con un aspecto externo a la situación.
Por lo tanto se puede considerar a la motivación como
contemplando tanto una fuerza interior (impulsos hacia necesidades
y deseos) como una fuerza exterior (con dirección hacia
un objetivo preciso).
Para Theodore Brammeld el “yo” es lo mismo que
el “yo social” y sugiere que los componentes físicos
de todo organismo no pueden ser separados de los componentes
mentales o psicológicos sugiriendo entonces que el
hombre por naturaleza solo tiene un impulso básico
o fuerza motivacional que denomina “auto-realización
social” (“Toward a Reconstructed Philosophy of
Education” – 1956).
Como la filosofía de dirección impacta sobre
la motivación obliga a tener en cuenta el trabajo de
Douglas McGregor. McGregor (“Thought and action: proceedings
of the fifth anniversary convocation of the School of Industrial
management”; MIT – 1957) sugiere que una filosofía
prevaleciente en las organizaciones se basa en “que
los gerentes consiguen que se hagan cosas a través
de las personas”. Bajo esta concepción la gerencia
es responsable de organizar los elementos necesarios (dinero,
materiales, equipos); deben dirigir los esfuerzos de otros
a través de prácticas motivacionales, controlando
las acciones de los subordinados y modificando sus conductas
para satisfacer las necesidades de la organización;
y la gerencia asume que sin su intervención directa
las personas se comportarían de un modo pasivo, incluso
resistiendo, a las necesidades de la organización.
Por lo tanto los subordinados deben ser persuadidos, recompensados,
castigados y controlados por los superiores. La gerencia asume
que es propia de la naturaleza de las personas que sean indolentes,
prefieren ser conducidos, evitan responsabilidades, no se
interesan por las necesidades de la organización, usualmente
se resisten al cambio, y por lo tanto pueden ser domesticados.
Lo interesante de la concepción de Mc Gregor es que
se aleja un poco de los dos enfoques de liderazgo que prevalecieron
por mucho tiempo, bajo la denominación de enfoque de
liderazgo “duro” o suave”. El liderazgo
“duro” se orienta a restringir la producción
y a alcanzar mínimos niveles de performance, crea antagonismos,
desarrolla un enfoque sindicalista y sabotea sutilmente los
objetivos de la dirección de la empresa. Por otro lado
el enfoque de liderazgo “suave” muy frecuentemente
significa que la gerencia y dirección abdica respecto
de su posición y roles orientando su comportamiento
hacia la búsqueda de armonía dentro del grupo
/ organización. Lo que sucede con esta búsqueda
de “armonía” es que las personas tienden
a aprovecharse de la misma y por lo general se orientan ”a
pedir más y más y a dar menos y menos”
lo que pone a riesgo la existencia de la propia organización.
Algo que deja muy en claro Douglas McGregor (siguiendo a
Abraham Maslow) es que “una necesidad que ha sido satisfecha
no es un motivador en materia de comportamientos”. La
implicancia de esta frase es muy importante puesto que sugiere
que más pan cuando uno tiene el estómago lleno
no sirve como fuerza impulsora, algo que usualmente no todos
los gerentes tienen en la cabeza cuando asumen que han de
solucionar los “problemas de los subordinados con solamente
un aumento de sueldo. Más aún, la sola percepción
de los subordinados que esto es lo que el superior tiene en
su cabeza (nuevamente metafóricamente ya que es en
su mente) y que el superior no maneja dicho recurso financiero,
pone al superior en una posición muy alejada del liderazgo,
de esa manera el superior puede incluso llegar a “transformarse
“ en un subordinado más (Eric Gaynor Butterfield:
“Congreso de Desarrollo Organizacional”, Argentina
– 2001).
McGregor sugiere el desarrollo de una nueva filosofía
de dirección que significaría el funcionamiento
de la gerencia bajo una nueva perspectiva. Aquí la
gerencia es responsable de organizar los distintos elementos
para el desarrollo de los procesos, y asume que la gente por
su propia naturaleza “no” desarrolla un papel
pasivo o que se resiste a las necesidades de la organización.
Más bien las personas que pudieran llegar a ser pasivas
lo son porque más bien son las organizaciones quienes
las han formado de esa manera. Tanto la motivación
como el potencial para su desarrollo, su capacidad de asumir
responsabilidad, tener una orientación hacia satisfacer
los objetivos organizacionales están dentro de todas
las personas. La gerencia o la dirección de la empresa
no es quien las coloca allí. Una de las principales
funciones de la gerencia es la de hacer todo lo posible para
que los individuos reconozcan esta perspectiva y desarrollan
estas características por sí mismos. La gerencia
tiene como una tarea principal la de hacer arreglos organizacionales
que faciliten el desarrollo de las condiciones mencionadas
y de establecer métodos operativos de manera que los
participantes organizacionales puedan alcanzar sus propios
objetivos de una “manera mejor” al dar dirección
a sus “propios esfuerzos” en línea con
los objetivos organizacionales.
Por lo tanto podríamos decir que bajo esta nueva perspectiva
una de las tareas principales de la dirección y la
gerencia es la de crear oportunidades nuevas, liberando el
potencial que tienen las personas dentro de la organización,
entusiasmando a las personas a crecer, y actuar como guías,
coaches, mentores, tutores lo que de alguna manera se asemeja
a la concepción de Peter Drucker cuando se refiere
a “Dirección por objetivos” que contrasta
con la filosofía de dirección tradicional que
es de “dirección por control”. Eric Gaynor Butterfield (Congreso de Desarrollo Organizacional; Trelew
– 1997) realiza algunas distinciones adicionales que
se asemejan a la dirección por control sugiriendo que
existe también una segunda opción a la que le
asigna el nombre de “dirección por programación”
y una tercera aún más estricta que reconoce
como “dirección por programación y control”.
El estilo de dirección tradicional es denominada como
“Teoría X” por Douglas Mc Gregor y al estilo
de dirección con aspectos motivacionales distintos
lo denomina “Teoría Y”. Mc Gregor concluye
señalando que la visión tradicional donde el
hombre persigue fines económicos debería complementarse
con una perspectiva donde se apliquen los talentos “hacia
el lado humano de las empresas” y presenta esta situación
un tanto conflictiva como un desafío.
El supuesto básico de los economistas en el sentido
que los empresarios están motivados para maximizar
las utilidades es realmente muy diferente del supuesto de
que los hombres tienen ciertas necesidades básicas
o impulsos que buscan satisfacer e incluso cuyo orden de preferencia
se modifica con el transcurso del tiempo.
Karl Mannheim (“Man and society in an age of reconstruction”
– 1940) señala que las motivaciones están
primordialmente ligadas con lo que está fuera del individuo,
es decir la situación que confronta. Y Gordon Allport
(“What units shall we employ?”, en Assessment
of Human Motives – 1958) va incluso más allá
al posicionarse en que las motivaciones tienen su apoyo externo
cuando manifiesta que “la variabilidad situacional es
tan grande que tratar de explicar los comportamientos a través
de motivos y ciertas características individuales solo
pueden llegar a conducir al fracaso”.
Muchos investigadores han puesto sus ojos en la variable
“nivel de aspiración” para llegar a una
mejor comprensión de la motivación. Para John
Gardner uno de los problemas con el nivel de aspiración
radica en que muchas veces los esfuerzos se orientan hacia
cuantificar el nivel de aspiración cuando en realidad
este es mas bien cualitativo que cuantitativo. Gardner destaca
que más bien existe una dirección en la cual
se mueve el nivel de aspiración. J. D. Frank (“Individual
differences in certain aspects of the level of aspiration”;
American Journal of Psychology – 1935) define al nivel
de aspiración como “El nivel de futura performance
para una tarea conocida donde una persona que conoce su performance
anterior en esa misma tarea, trata de alcanzar de manera explícita”.
Kurt Lewin (“Psychology of success and failure”;
Occupations – 1936) señala que las personas que
alcanzan el éxito usualmente se asignan un objetivo
más elevado mientras que aquellos que confrontan una
situación de fracaso usualmente bajan su nivel de aspiración.
Y Herbert Simon (“Decision Making in Economics”;
American Economic Review – 1959) quien ha estado interesado
en las diferencias que existe entre los conceptos de satisfacer
y maximizar mostró también interés en
lo que el denominó “máximo a alcanzar”.
Para Herbert Simon “… a largo plazo el nivel de
aspiración ha de estar muy cercano al “máximo
a alcanzar”.
Una de las tareas que Kurt Lewin se ha encomendado a sí
mismo es la relación entre los comportamientos, el
cambio, y el éxito / fracaso y como las tres se relacionan
con la motivación. Según Kurt el éxito
o el fracaso no está de por sí vinculado solamente
con el logro, sino que tiene ver en una gran medida con el
“nivel de aspiración” momentáneo,
es decir aquel que sucede en un momento preciso. Y una interesante
consideración de este notable investigador se relaciona
con que incluso la relación entre el nivel de aspiración
y el éxito / fracaso puede llegar a revertirse; es
decir, el éxito /fracaso puede cambiar el nivel de
aspiración. Señala que, en general, es más
factible que la persona levante su nivel de aspiración
después del éxito que llegar a bajarlo después
de un fracaso.
Lewin señala que si el grado de éxito –
y fracaso – depende de la diferencia entre el objetivo
inmediato en la tarea del subordinado respecto del logro en
la realización de la misma, lo que entonces tendría
que hacer “el superior eficiente” es simplemente
desarrollar una tarea tan sencilla como sea posible de modo
que el logro “sea más probable”. Pero esto
no es tan directo y por lo tanto los gerentes deben cuidarse
de no arribar a soluciones simplistas puesto que no existen
tareas “totalmente difíciles” que sean
vistas por la persona entonces como imposibles y tampoco tan
fáciles como que pueden asegurar el éxito, y
es por ello que Lewin destaca que existe una diferencia entre
la escala de “posibles dificultades” (que es infinita)
en comparación con la escala de “posibles logros”
(que no es infinita). Lewin concluye señalando que
entonces “el sentimiento de fracaso solamente ocurre
cuando existe alguna probabilidad de éxito, y el sentimiento
de éxito solamente ocurre cuando existe la posibilidad
de fracaso”.
Existe una natural tendencia bastante generalizada a sugerir
que las personas nos orientamos a conseguir el mayor placer
posible pero probablemente tengamos que ser algo más
analíticos al respecto ya que, si esto fuera cierto
todas las personas tratarían de mantener lo más
bajo posible su nivel de aspiración con lo cual siempre
su nivel de performance estaría por encima de ella.
Sin embargo algunos hallazgos muestran que las personas pueden
tender a mantener el nivel de aspiración “bajo”
por el temor a fracasar. Frank (ya citado) muestra la complejidad
de las relaciones y las causales del éxito y del fracaso
y también de sus consecuencias y nos abre los ojos
respecto de una tercera posibilidad que es la de mantener
nuestras expectativas respecto de futuras performance lo más
cerca posibles de la “realidad”.
No debemos olvidar la importancia de otra variable relevante
como lo es la auto-estima y su relación con el nivel
de aspiración y la motivación. Ya hemos visto
anteriormente la “teoría de la atribución”
(Allport – ya citado) y como ella puede llegar a explicar
la dirección de fuerzas motivadoras. Ahora es importante
que el superior tenga en cuenta que las personas tendemos
a atribuirnos el éxito o fracaso a nosotros mismos
o a factores externos, existiendo una natural predisposición
a adjudicarnos los éxitos a nuestras acciones y los
fracasos a las acciones de “otros”.
Al parecer (Kurt Lewin; ya citado) el alza en el nivel de
aspiración guarda una fuerte relación con la
auto-estima de las personas y el nivel de aspiración
está determinado en gran medida por el límite
superior de los logros de dicha persona (o sus habilidades).
A su vez el nivel de aspiración que prevalece en un
grupo está fuertemente relacionado con el grupo social
al cual el pertenece lo que es muy cierto para los niños
(los padres pueden influir fuertemente en los logros de sus
niños en el colegio levantando el nivel de aspiración
de aquellos con menos condiciones vs. manteniendo a nivel
más bajo los de los niños mas capaces). Kurt
Lewin (1936 – ya citado) concluye señalando que
ser exitoso y al mismo tiempo “lograr el reconocimiento
social / grupal” es de suma importancia para todos y
muy especialmente para los niños y adolescentes.
La motivación y el liderazgo están íntimamente
vinculados. En el manejo de las relaciones interpersonales
que todos los superiores deben desarrollar con sus subordinados
la dirección y canalización de las energías
motivadores se vinculan fuertemente con la toma de decisiones.
Y aquí se presenta un aspecto que todo gerente y directivo
no debe dejar a un lado: las barreras que existen en la toma
de decisiones como consecuencia de las relaciones interpersonales.
En un interesante trabajo Chris Argyris destaca (“Interpersonal
barriers to decision making”; Harvard Business Review
– 1966) como se manifiestan estas barreras donde la
diferencia entre lo que la gerencia y la dirección
manifiesta y “que es lo que Hace” juega un rol
preponderante ya que se crean barreras que impiden operar
en confianza y de manera abierta, lo que no facilita una eficiente
búsqueda de alternativas y opciones, limita la innovación
y por lo tanto la organización no opera de una manera
flexible.
Chris Argyris (ya citado) encontró evidencia donde
muestra que los ejecutivos verbalizan las ventajas que se
obtienen como resultado de la toma de riesgos, innovación,
flexibilidad y al depositar confianza en otros pero a pesar
de ello manifiestan comportamientos donde los procesos de
toma-de-decisiones no son muy efectivos debido a que usualmente
operan bajo dos patrones básicos:
“1. Se preocupan en parte por otros, son racionales
y además son medianamente competitivos, siendo este
el comportamiento que mas manifiestan durante las reuniones
con otros ejecutivos. Bajo este enfoque usualmente tratan
de “vender” sus propias ideas y su apertura hacia
otros es relativamente alta, pero ello no es debido a que
tengan un sincero interés en aprender respecto del
punto de vista de otra persona. Se caracterizan por recoger
información de otros de modo que los puedan desacreditar
de una manera “cortés”.
2. Son primordialmente competitivos y en segundo término
se preocupan en parte por otros y son racionales. Bajo este
patrón Argyris ha encontrado que existe un alto grado
de antagonismo en cuanto a ideas ligado fuertemente a una
alta competitividad y un alto grado de conflicto”.
Los hallazgos mostraron que el 84 % de los ejecutivos sienten
que es un alto grado de inmadurez llegar a manifestar sus
sentimientos de una manera abierta durante las reuniones de
toma-de-decisiones. La información recogida durante
las reuniones muestra que se “observaron” muy
pocas acciones de toma-de-riesgo durante el transcurso de
las reuniones. Estos hallazgos han empujado a Argyris a concluir
que – independientemente del tamaño de la empresa
y de su tecnología – existe una forma predominante
de parte de la dirección y gerencia de la empresa en
cuanto al rol que juegan los valores y supuestos básicos
que tiene la dirección respecto de la misma naturaleza
de las relaciones humanas y también en relación
con la forma de manejar la organización.
Chris Argyris señala que los valores básicos
tienen que ver principalmente con los siguientes aspectos:
a. los ejecutivos y directivos ponen foco principalmente
en “que se haga el trabajo”.
b. se enfatiza la “racionalidad cognitiva” dejando
a un lado los sentimientos y emociones.
c. La mejor manera de influenciar en materia de relaciones
humanas es por medio de una dirección de tipo unilateral
y haciendo uso de coerción y control como así
también con el uso de recompensas y castigos.
Las consecuencias de la discrepancia entre lo verbalizado
por los gerentes y directivos y sus propios comportamientos
tiene una serie de consecuencias disfuncionales, a saber (Chris
Argyris; ya citado):
- El compromiso de parte de los subordinados es de tipo “limitado
o restringido”;
- Existe todo “un juego” en las conversaciones
entre el líder y los subordinados;
- Carencia de auto-conciencia;
- La existencia de varios puntos “ciegos”;
- Desconfianza y antagonismo;
- Daños y perjuicios en los procesos;
- Callejones “ciegos”.
Existen una serie de mecanismos que pueden ayudar a mejorar
o por lo menos disminuir la importancia de las consecuencias
negativas y entre ellas podemos mencionar el enorme valor
de “formular preguntas”; de trabajar con el grupo;
de hacer uso de feedback; de crear vínculos.
Las evidencias en cuanto a los hallazgos de Chris Argyris
fueron derivados de un extenso trabajo de campo y de investigación
donde se estudiaron a ejecutivos de seis compañías
de distinto tamaño, distinta tecnología y distinto
tipo de sector industrial. Chris Argyris destaca que en dicho
trabajo emergieron distintas “normas” propias
de la cultura corporativa y su filosofía y práctica
gerencial.
- Normas positivas como ser: Individualismo; preocupación
e interés por otros, y confianza en las ideas y sentimientos
de otros. Y además:
- Normas negativas como ser: Conformismo con las ideas y sentimientos
de otros; antagonismo frente a las ideas y sentimientos; y
desconfianza ante estas ideas y sentimientos.
Podemos concluir señalando que para Chris Argyris
la motivación es una fuente de energía que es
canalizada apropiadamente cuando existe congruencia entre
los que los directivos y ejecutivos verbalizan y lo que hacen
en su trabajo diario.
Existe otra apreciación que sugerimos tener en cuenta
respecto de “motivación”. Muchas veces
existe algún tipo de confusión entre los conceptos
de motivación y los de performance. Es importante distinguir
entre ellos puesto que los productos y consecuencias de los
procesos motivacionales son los comportamientos tanto manifiestos
como no manifiestos de las personas. Por otro lado, la performance
tiene que ver con los resultados alcanzados. Por ejemplo podemos
tener el caso de un maestro que está sumamente motivado
a concurrir a sus clases y que no se ausenta pero que puede
no estar transmitiendo todo lo que los alumnos necesitan saber
o con lo que se tienen que familiarizar respecto de contenidos.
Cuando los esfuerzos son realizados con pleno vigor pero la
dirección de los mismos no es la apropiada existe una
gran disparidad entre la motivación y la performance.
Más recientemente distintos autores se distinguen
entre sí por sus definiciones y concepciones respecto
de la “motivación”. Para J. P. Campbell
& R. D. Pritchard (“Motivation theory in industrial
and organizational psychology”; en Handbook of Industrial
and Organizational Psychology - 1976) la motivación
tiene que ver con tres elecciones principales:
a. La elección / opción de iniciar un esfuerzo
en una determinada tarea;
b. La elección para gastar cierta cantidad de esfuerzo;
y
c. La elección de persistir en seguir gastando esfuerzos
en el transcurso del tiempo.
J. Taylor, R. D. Pritchard & D. Ilgen (“A theory
of behavior in organizations”; New York – 1980)
en cambio definen a la motivación como un proceso de
asignación de recursos personales en cuanto a tiempo
y energía en relación a diversas acciones de
manera que se puedan maximizar las acciones resultantes”.
Por otro lado C. Carver & M. Scheier (“Attention
and Self-regulation: A control theory approach to human behaviior”;
New Cork - 1981) conciben que la motivación está
sumamente vinculada con el concepto de auto-regulación.
Ruth Kanfer (ya citado) destaca que existen tres teorías
intrínsecas de motivación que prevalecen:
a. un grupo (Berylne: “Curiosity and Exploration”;
Science – 1966; J. Hunt: “Intrinsic motivation
and its role in psychological development”; University
of Nebraska – 1965) que pone énfasis en las siguientes
variables: curiosidad, incongruencia, o motivos de discrepancia;
b. otro grupo (R. W. White: “Motivation reconsidered:
The concept of competente”; Psychological Review –
1959) que privilegia las competencias, maestría, y
motivos desafiantes; y
c. un tercer grupo (R. deCharms: “Personal causation”;
New York - 1968; E. L. Deci: “Intrinsic motivation”;
New York – 1975) que privilegia el grado de control
respecto del contexto y el nivel de auto-determinación.
Un modelo posiblemente más completo de motivación
es el que propone A. Bandura (“Social foundations in
thought and action: A social cognitive theory”; Englewood
Cliffs – 1986) quien identifica tres tipos diferentes
de motivación intrínseca y un tipo de motivación
extrínseca.
El tipo de feedback buscado y recibido tiene una fuerte influencia
en la motivación como lo sugieren los trabajos de Harackiewicz
(“The effects of reward contingency and performance
feedback on intrinsic motivation”; Journal of Personality
and Social Psychology - 1979), Ryan , Mims & Koestner
(“Relation of reward contingency and interpersonal context
to intrinsic motivation: A review and test using cognitive
evaluation theory”; Journal of personality and social
psychology - 1983), y Enzle & Ross (“Increasing
and decreasing intrinsic interest with contingent rewards:
A test of cognitive evaluation theory”; Journal of experimental
social psychology - 1978) donde feedback positivo en cuanto
a performance aumenta el nivel de motivación.
Algunos investigadores en materia de motivación destacan
la importancia de las “características en la
tarea”, como es el caso de Hackman & Oldham (“Work
redesign”: Addison-Wesley – 1980) que privilegian
cinco características en las tareas: variedad de destrezas,
identidad de la tarea, importancia de la tarea, autonomía
y feedback.
La adquisición de destrezas y su relación con
la motivación ha sido identificada por diversos investigadores.
El aprendizaje de las nuevas destrezas está directamente
vinculada con la “atención a la tarea”
y también con la “práctica”. Los
autores T. Malone & M. R. Lepper (“Making learning
fun: A taxonomy of intrinsic motivations for learning”;
en Aptitude, learning, and instruction: conative and affective
process analyses - 1987) identificaron distintas formas de
motivación que influenciaban los procesos de aprendizaje:
desafío, curiosidad, control, fantasía, competición,
cooperación y reconocimiento.
Dentro de contextos de logro algunos expertos se han especializado
en tratar de identificar aquellos factores ligados con la
motivación intrínseca. Ruth Kanfer (“Handbook
of Industrial and Organizational Psychology – ya citado)
cita los trabajos de Dweck & Leggett: “A social-cognitive
approach to motivation and personality”; Psychological
review – 1988; J. G. Nicholls: “The development
of the concepts of effort and ability, perception of academic
attainment, and the understanding that difficult tasks require
more ability”; Child development – 1984; S. B.
Nolen: “Reasons for studying: Motivational orientations
and study strategies”; Cognition and Instruction –
1988; Pervin – 1983; C. Sansone, D. A. Sachau &
C. Weir: “Effects of instruction on intrinsic interest:The
importance of context”; Journal of Personality and Social
Psychology – 1989; Ruth Kanfer: “Motivation and
Individual differences in learning: An integration of developmental,
differential and cognitive perspectives”; Learning and
Individual differences – 1990, a los cuales el lector
ávido en esta modalidad puede acudir.
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional”;
Buenos Aires – 1999) ha encontrado evidencia de cómo
la “equidad” del líder se relaciona con
la performance dentro de los grupos de trabajo y también
de las organizaciones. El debate respecto de si el líder
más efectivo y eficiente es aquél que se orienta
hacia el trabajo o hacia tener consideración respecto
del personal que luego fue optimizado teniendo en cuenta el
trabajo de Robert Blake y Jane Mouton (Managerial Grid) dentro
de las culturas latinoamericanas es presentado por Eric Gaynor Butterfield
bajo “la firmeza de carácter y también
un perfil de ser estricto de parte del líder que es
a su vez combinado con el criterio de justicia / equidad”.
Según Eric Gaynor Butterfield los subordinados tienden
a aceptar al líder estricto y firme siempre y cuando
sea percibido como justo y equitativo por ellos.
Nadie mejor que J. S. Adams (“Toward an understanding
of inequity”; Journal of abnormal and social psychology
- 1963 / “Inequity in social exchange“; en Advances
in experimental social psychology - 1965) ha trabajado y desarrollado
la teoría de “equidad”. La equidad presente
en los procedimientos y prácticas organizacionales,
en el desarrollo de objetivos grupales, en la distribución
de recursos entre los participantes organizacionales y en
la evaluación de la performance en el trabajo entre
otros factores tienen un impacto significativo en las energías
motivadoras.
La percepción de inequidad de parte de los participantes
organizacionales puede ser disminuida de diversas formas (Ruth
Kanfer; ya citado):
a. alterando sus propias percepciones y las de “otros”
respecto de los inputs y outcomes;
b. induciendo a otros a alterar sus propios inputs o outcomes;
c. cambiando los inputs y outcomes de uno mismo;
d. “retirándose” uno de la situación.
No todas las personas usan el mismo método para restaurar
la equidad en la relación y J. S. Adams sugiere que
el método específico que es elegido como así
también la magnitud de la respuesta depende de: a.
la fuerza o poder respecto de cómo es percibida la
injusticia; b. limitaciones de la situación y de la
persona en relación con la acción a tomar; c.
la percepción del individuo respecto de la elección
de distintas estrategias que pueden llegar a restaurar la
equidad en la relación y maximizar los outcomes individuales.
J. Greenberg (“A taxonomy of organizational justice
theories”; Academy of Management Review – 1987)
ha desarrollado una tipología de teorías relacionadas
con “justicia / equidad organizacional” teniendo
en cuenta dos dimensiones principales:
1. La dimensión reactiva – preactiva
2. La dimensión contenido – proceso
Bajo dicha concepción de J. Greenberg la sumatoria
de contenido – reactivo representa “equito theory
de Adams” mientras que la sumatoria de pro-activo con
contenido da lugar a la teoría de G. S. Leventhal (“What
should be done with equity theory?”; en Social Exchange:
Advances in theory and research - 1980) conocida bajo el nombre
de “Teoría del Juicio Justo”. La mezcla
de proactivo y proceso reflejaría la “Teoría
de asignación preferencial” de Leventhal (1980
– ya citado). Y finalmente la combinación de
reactivo y proceso daría lugar a la teoría de
J. Thibaut & L. Walter (“Procedural Justice: A psychological
analyses”; New Jersey - 975) conocida bajo el nombre
de Teoría de Justicia Procedural.
También se ha estudiado como la equidad se relaciona
con la “toma de decisiones participativa” con
sus consecuencias sobre la performance. La toma de decisiones
participativa se refiere a una serie de características
que están dadas dentro de la operatoria de una organización
que se caracterizan por una interacción de relaciones
entre personas que tienen distintos niveles de poder y que
se relacionan con la toma de decisiones. La toma de decisiones
participativa difiere en gran medida respecto del tipo de
influencia que tienen los empleados para participar en el
proceso de toma de decisiones, en la decisión final
e incluso en la manera que se implementa la decisión
tomada.
Las teorías “de justicia” sugieren que
la participación del empleado en la toma de decisiones
ha de mejorar su grado de satisfacción con el procedimiento
en cuestión (D. Schweiger & C. Leana: “Participation
in Decision Making”; en Generalization from laboratory
to field settings – 1986; E. A. Locke & D. Schweiger:
“Participation in decision making: one more look”;
en Research in Organizational Behavior – 1979). Después
del monumental trabajo de James March y de Herbert Simon (“Organizations”;
Wiley and Sons – 1958) donde independiza claramente
por primera vez las distinciones entre la decisión
de concurrir de la decisión de producir y como ambas
se relacionan de manera diferente con la variable satisfacción,
los investigadores han sido más cuidadosos en sus trabajos
y dedicaron importantes esfuerzos “a no vincular los
niveles de satisfacción con la performance”.
En la toma de decisiones participativa existe cierta evidencia
que a mayor grado de participación de los empleados
se levanta el nivel de satisfacción pero no necesariamente
sucede lo mismo con la productividad. Podemos concluir señalando
que los hallazgos de la toma de decisiones participativa respecto
de la productividad aun no son concluyentes pues se encuentran
evidencias tanto a favor de mejores resultados como otros
casos donde no se han mejorado los niveles de productividad
e incluso algunas veces la productividad ha mermado.
Más recientemente, e hilando mas fino, se pueden identificar
tres diferentes categorías respecto de cómo
los procesos participativos pueden llegar a influir sobre
la performance en el trabajo: cognitivo, motivacional y social.
Dentro del enfoque cognitivo Campbell & Gingrich (“The
interactive effects of task complexity and participation on
task performance: A field experiment”; Organizational
behavior and human decision processes - 1986) sugieren un
enfoque situacional donde la toma de decisiones es participativa
cuando la tarea es compleja en comparación con tareas
simples que tiene el empleado.
Por otro lado la toma de decisiones participativa respecto
de procedimientos vinculados a objetivos muestra por lo general
que se aumenta la performance del personal como resultado
de su mayor grado de compromiso e involucramiento y su aceptación
“anticipada” al cambio. Los trabajos de E. Locke
& D. M. Schweiger (1979 ya citado) y de Lee, Locke &
Latham (1989 ya citado) son muestras de ello. En cuanto a
los aspectos sociales existe la dificultad de “independizar
las variables” – existen influencias cruzadas
y super puestas – de modo que los hallazgos de los investigadores
no llevan a una única conclusión. Lo que si
sabemos es que el grado de influencia de la toma de decisiones
con participación en la fijación de objetivos
parece ser más poderosa que cuando se tienen en cuenta
aspectos sociales (presencia de pares o superiores, entre
otros).
Los lectores interesados en otros desarrollos más
recientes en materia de motivación pueden acudir a
otras importantes fuentes. Mas recientemente J. R. Hollenbeck
ha presentado un modelo donde relaciona el compromiso de “Compromiso
con los Objetivos” y el “Compromiso con los Objetivos”
se vinculan con las energías motivaciones. Existe una
tendencia orientada hacia que las personas dentro de las organizaciones
tengan mayor autonomía y se auto-regulen. La auto-regulación
y su impacto en la motivación ha sido estudiada e investigada
por F. H. Kanfer (“Self-regulation: research, issues
and speculations”; in Behavior modification in clinical
psychology - 1970) y A. Bandura (“The self and mechanisms
of agency”; Psychological perspectives on the self”
- 1982) donde identifican tres componentes básicos:
1. la auto-observación o auto-monitoreo ;
2. la auto-evaluación;
3. las respuestas propias a la auto-evaluación; al
que A. Bandura (“Self-efficacy: Toward a unifying theory
of behavioral change”; Psychological Review - 1977)
le ha agregado un mecanismo adicional de auto-evaluación
al que le ha dado el nombre de expectativas de auto-eficacia.
Quedan algunas teorías motivacionales que han de requerir
que se pongan más a prueba para probar su validez dentro
del mundo de las organizaciones como es el caso de las teorías
motivacionales basadas en los principios de control cibernéticos
y también la teoría de control y establecimiento
de objetivos.
R. Katzell y D. Thompson realizaron un fuerte esfuerzo integrador
teniendo en cuenta “actitudes, motivaciones y performance”
y algo similar se presenta dentro del marco conceptual de
C. Taylor, R. Pritchard & R. Ilgen. A su vez Kanfer y
Sckerman han puesto foco en los “esfuerzos de atención”
de las personas dentro de un modelo de interacciones mutuas
entre Habilidades y Motivación.
Finalmente no queremos dejar de alertar al lector respecto
de la importancia de familiarizarse con los procesos de aprendizaje
puesto que ellos tienen una decisiva influencia sobre la motivación
y también sobre la performance. Al final de cuentas
la mayor parte de las personas dentro de las organizaciones
son recompensadas para que “al día siguiente
no hagan las cosas de la misma manera que lo hicieron durante
el día de hoy”. La motivación energiza
el aprendizaje, el conocimiento y moviliza habilidades que,
de otra manera, se mantendrían en un “estado
latente” listo para accionar cuando se presione el gatillo.
Gracias por compartir.
Eric Gaynor Butterfield – Presidente
The Organization Development Institute International –
Latinamerica
(also Board member of The Organization Development Institute)
– www.theodinstitute.org
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