Desarrollo Organizacional e Inteligencia
Emocional:
Las Emociones (y lo social) en las Empresas
Abstract de la disertación de Eric Gaynor Butterfield
en el Congreso organizado por The Organization Development
Institute International, Latinamerica, 2001)
Se han resumido los siguientes autores de dicha conferencia
de Eric Gaynor Butterfield.
• Argyris, Chris
Chris Argyris (“Personality and Organization”
– 1957; con D. Schon: “Organizational learning:
A theory of action perspective” – 1978) se destaca
por privilegiar los valores por encima de las “Best
Practices” y las “Best Theories”. Ha sido
muchas veces duramente criticado como conductor del “movimiento
evangelizador” en materia de cambio y desarrollo organizacional,
asumiendo que sus ideas, conceptos y prácticas no tienen
vigencia en el mundo industrial de hoy en día. Ha sido
profesor en Yale University y también en Harvard University.
La hipótesis básica de Argyris sugiere que
todas las personas tienen una necesidad de auto-realizarse
cuyo potencial está lejos de lo que vive en ese momento
en particular. Tiene en cuenta que el hombre como individuo
social que dedica muchas de sus horas disponibles a trabajar
en empresas puede y seguramente ha de ser fuertemente influenciado
por lo que hace durante dichas horas. Como los caminos de
auto-realización del individuo no se cruzan necesariamente
con la forma en que se manejan las empresas y otros tipos
de instituciones, las personas ven limitada su desarrollo
y operan muy por debajo de su potencial. En este juego diario
aparecen distintos componentes de importancia: el individuo,
la organización, y el grado de competencia interpersonal
que demuestran en la acción los superiores con los
subordinados en sus unidades de trabajo.
El impacto de la infancia sobre la vida adulta es reconocido
abiertamente por la comunidad del conocimiento y también
se sabe que el comportamiento adulto es en gran medida función
de la vida como infante. Para Chris Argyris muchos de los
comportamientos de los miembros organizacionales se ven como
de adultez por la edad física de las personas pero
en realidad responden a lo infantil, poniendo foco en siete
tipos principales de desarrollo:
1. De una infancia pasiva hacia un comportamiento activo
adulto
2. De la dependencia hacia una relativa independencia
3. De comportamientos limitados de tipo lineal hacia una mayor
diversidad de comportamientos
4. De intereses de corto plazo, cambiantes, angostos y poco
profundos hacia intereses más profundos de mayor alcance
y estables
5. De una perspectiva de corto plazo hacia una de largo plazo
6. De una posición social subordinada hacia una posición
de igualdad
7. De cero auto-conciencia hacia la auto-conciencia y el auto-control
Según Chris Argyris uno de los principales problemas
que se presenta para los individuos que interactúan
en las organizaciones reside en que éstas últimas
no facilitan la auto-realización de sus miembros organizacionales.
No debe escapar a aquellas personas que han estado involucradas
en cambio y desarrollo organizacional que usualmente las mejoras
en eficiencia y efectividad organizacional se basan en fortalecer
día a día una característica que tienen
las empresas : la de parametrizar el comportamiento de los
individuos. Es sabido que la creciente robotización
y automatización ha superado con creces lo que hoy
sería una primitiva línea de montaje como la
puesta en marcha por Henry Ford hace casi 100 años
atrás, y a ello debemos agregar los desarrollos en
materia de software – con su hardware respectivo –
que han parametrizado no sólo los compartimientos de
los miembros organizacionales sino también el de sus
proveedores y Clientes.
Ante esta nueva forma de operar dentro de las empresas la
forma de interactuar se ha vuelto bastante infantil y esto
impacta sobre una baja competencia interpersonal. Esta baja
competencia interpersonal se encuentra en casi todos los arreglos
organizacionales independientemente de su orientación,
como ser escuelas, universidades, hospitales, empresas, etc.
Una relación sincera y abierta en confianza con otros
es prácticamente inexistente dentro del ámbito
de empresas. Escuchan poco de lo que otros le dicen; se manejan
con intrigas y desconfianza, no se manejan en forma abierta,
tienen un horizonte corto en sus proyectos, los sentimientos
son racionalizados, se encuentran cómodos repitiendo
lo que están haciendo, prefieren no oír críticas
respecto de lo que hacen y dicen, en el caso que estén
de acuerdo con una crítica puede ser que en el mejor
de los casos sea escuchada pero no se modifican conductas
a partir de dicha crítica, lo que hace que las personas
tengan una apariencia de salud que sólo es una falsa
imagen. Todas estas características se encuentran dentro
de una cultura organizacional formal-racional, siguiendo a
Max Weber (“The theory of social and economic organization”
– 1947), donde las tareas se reducen a un mínimo
en sub-tareas lo que conlleva una alta especialización
que tanto en términos de acciones como de resultados
y recompensas promueve una visión parcial de la entidad
donde los distintos sectores compiten entre sí alejándose
de los objetivos organizacionales. Ahora bien, la pregunta
que se hace Chris Argyris es la siguiente ¿Cómo
puede esperarse que las personas adultas no lleguen a comportarse
en forma infantil en este tipo de organizaciones? Poco a poco
se empiezan a sentir cómodos en lo que hacen, el sistema
refuerza los comportamientos rutinarios y se castiga a aquellos
que toman riesgos cuando fracasan en alguna misión
heroica que nadie jamás se atrevió a emprender
(ver el funcionamiento letal de este mecanismo en el libro
del Dr. Donald Cole y Eric Gaynor Butterfield titulado “Suicidio
Profesional y Asesinato Organizacional” - 2005).
Cuantos de nosotros hemos escuchado de “otros”
frases como las siguientes: “Nuestra política
no lo permite” ; “Nuestros valores piramidales
siempre han sido éstos”. Sucede muy frecuentemente
en instituciones educativas que tanto directivos como maestros
mencionen que el alumno no presta debida atención y
no le interesa lo que el profesor dice, cuando en realidad
dentro del clima y la cultura de dicha institución
dicho alumno ya ha experimentado en otros lo que sucede cuando
se aparta de ciertos límites pre-establecidos. Los
alumnos y los miembros organizacionales rápidamente
aprenden cual es el mínimo comportamiento aceptable
... y su performance no ha de alejarse mucho de ella.
Sin embargo a veces las organizaciones reciben algunos electro-shocks
desde el contexto y deben adecuarse a ellos. Para ello las
empresas desarrollan mecanismos de acompañamiento que
son muchas veces fuertemente contradictorios. Se les dice
al personal que debe ser creativo y hacer llegar sugerencias
... pero es muy probable que las mismas no sean tenidas en
cuenta. Y si son tenidas en cuenta – excepcionalmente
– y producen resultados positivos es probable que se
premie al superior, mientras que cualquier problema o dificultad
que surja de la puesta en práctica de la nueva idea
que no sea beneficiosa en el corto plazo debe achacársele
al proponente de la idea. Se le pide que mire y actúe
en perspectiva y teniendo en cuenta el largo plazo, pero la
mayor parte de los ejecutivos son evaluados, promovidos y
despedidos por lo que hacen en el corto plazo (los funcionarios
de corporaciones multinacionales son transferidos usualmente
cada tres o cinco años de una filial a otra y las evaluaciones
de lo que sucede en éstos tres años generalmente
tiene más que ver con el antecesor – que pudo
haber sido despedido – que con el propio incumbente).
El participante organizacional es invitado a entrenamientos
especiales sumamente costosos con el propósito de que
comprenda los objetivos globales de la corporación,
pero sus parciales resultados departamentales han de gozar
de prioridad por encima de la integridad corporativa.
La competencia interpersonal es definida por Chris Argyris
como:
a. La habilidad de poseer ideas y sentimientos propios
b. La habilidad de poder abrirse a ideas y sentimientos de
los demás y compartir los propios
c. La habilidad de experimentar y de tomar riesgos interpersonales
d. La habilidad de ayudar a los demás a poseer ideas
propias, la habilidad de ayudar a los demás a abrirse,
y la habilidad de ayudarnos a experimentar.
Chris Argyris sugiere que el problema principal no radica
en que existan estas paradojas y contradicciones ya que las
mismas están presentes en la vida misma; el principal
problema reside en que los gerentes no cuentan con las competencias
interpersonales que permitan sacar a la luz estos temas y
discutirlos en forma franca, abierta y no-defensiva. La ventana
de Johari (Eric Gaynor Butterfield: Congreso de Desarrollo Organizacional
realizado en la Argentina, 1997) sugiere que el mejor estilo
operativo organizacional es aquel donde las personas se conocen
a sí mismas y también son conocidas por otros
ya que de esta manera se puede mantener una relación
fluida y abierta con terceras personas. Sin embargo existe
una diferencia muy grande entre lo que la gerencia predica
y verbaliza con lo que realmente hace en las acciones del
día a día dentro de la organización.
El comportamiento gerencial con foco en las acciones diarias
ha sido estudiado en profundidad por trabajos conjuntos que
realizaron Argyris y Schon (ver libro ya citado). En dichos
comportamientos encontraron – preferentemente –
las siguientes 4 propiedades:
1. establecimiento de objetivos en forma unilateral con la
esperanza de ser alcanzados en grupos
2. maximizar los beneficios y minimizar las pérdidas
en el corto plazo dividiendo las tareas de otros en sub-tareas
lo que les facilita el control y los hace menos dependientes
de otros
3. minimizar toda manifestación de sentimientos negativos
especialmente en público, operando en forma de tipo
misteriosa a la luz de otros al guardar para sí sus
pensamientos (y eventuales verbalizaciones)
4. comportarse en forma racional y objetiva priorizando la
cuantificación de variables como indicadores de performance,
reduciendo la escucha de los sentimientos de otros, de modo
que se protege a sí mismo de temas que pueden tener
un contenido emocional que altere el establishment racional-objetivo.
Los gerentes prefieren operar bajo lo que Chrys Argyris denomina
el “Modelo I” donde se mueven uni-dimensionalmente
y con el objetivo de tener un control total (no es casualidad
que al preguntarle al gerente ¿ Cómo estás
? tiende a responder muy frecuentemente : “OK ... con
todo bajo control” (all under control). Bajo este modelo
I el debate abierto y franco sobre temas de relevancia por
lo general es evitado dando lugar a lo que Chrys llama “aprendizaje
de primer ciclo” donde en realidad lo que los gerentes
aprenden tiene que ver básicamente con como “conformar”
al superior en la organización.
Como consecuencia de su trabajo con Schon, Chrys propone
el Modelo II de aprendizaje gerencial al que llama teoría
– en – la práctica / en uso, que realmente
promueve y permite el aprendizaje organizacional (ver Peter
Senge).
Los postulados del Modelo II incluyen :
1. Inicie acciones sobre información confiable
2. Obtenga dicha información en forma abierta, sin
secretos para otros
3. Inicie acciones con otros bajo el método de opciones
libres con todas aquellas partes que son competentes y agreguen
valor
4. Investigue y promueva sugerencias de otros por su expertise
y competencia
5. Incluya dentro del equipo de análisis de opciones
a personal “crítico”
6. Genere alistamiento para el cambio como resultado de la
decisión sobre las opciones elegidas
7. Promueve el mayor grado de compromiso posible para que
todas las partes involucradas acompañen en el cambio
8. Desarrolle un sistema de monitoreo incluso respecto de
sus propias acciones y compromisos
Uno de las preguntas que aquí se formula Chris Argyris
es como hacemos para que la gerencia deje de operar bajo el
Modelo I si realmente no está consciente de que opera
bajo este modelo (ineficiente) e incluso sabiendo que dicho
Modelo no es el ideal, como hace para transformarse a sí
mismo permitiendo operar bajo el Modelo II cuando el resto
de la organización tiene tantos mecanismos operativos
bajo el Modelo I.
Argyris sugiere que estos temas deben ser tratados en forma
abierta por las distintas partes involucradas en sesiones
de entrenamiento donde los distintos participantes confronten
estas paradojas y contradicciones. El trabajo del facilitador
en ésta situación tiene que ver con proveer
asistencia a los participantes respecto de reducir la disonancia
entre lo que se dice y se hace dentro de los grupos que toman
decisiones, y como ellos se sienten en esta disyuntiva delante
del resto del personal involucrado. Usualmente los gerentes
tienen “rutinas defensivas” que les han dado resultado
hasta este momento y el trabajo principal consiste en ganar
conciencia respecto de los límites del uso de dichas
rutinas defensivas.
• Blake, Robert R. y Mouton, Jane S.
Hemos juntado a estos dos consultores, líderes en
la cúspide de una empresa consultora especializada
en servicios profesionales dentro de las ciencias del comportamiento
aplicadas al sector industrial. Robert Blake & Jane Mouton
(“The managerial grid III” – 1985) han ganado
una fuerte fama como resultado de su matriz gerencial, que
está en línea con la concepción de una
organización matricial.
Como hemos visto a través de la revisión de
distintos enfoques disímiles de tanto académicos
como practitioners y consultores de empresa, la llegada de
la organización matricial responde en gran medida a
la falta de adecuación – por decir lo menos –
de los arreglos organizacionales prevalecientes hasta ese
instante del siglo pasado. Tanto la administración
científica, como los principios de la administración,
el movimiento de relaciones humanas y la organización
burocrática no permitían solucionar los principales
dilemas que confrontaban las organizaciones ante una vez cada
más cambiante situación en el contexto. Teniendo
en cuenta su formación como psicólogos, Robert
Blake y Jane Mouton focalizaron su atención en el management
de la empresa y en particular respecto de las competencias
que ellos necesitaban para alcanzar eficiencia organizacional.
Es importante destacar algunos aportes muy significativos
dentro de las ciencias del comportamiento que se tenían
en aquél entonces. La labor gerencial “efectiva”
se orientaba hacia el concepto de líder, siendo éste
mucho más que el gerente. Por muchos años distintos
científicos de las ciencias del comportamiento y su
aplicación en el mundo empresario se devanaron los
sesos tratando de averiguar qué era lo que caracterizaba
principalmente al líder más efectivo, existiendo
dos corrientes principales:
e. aquella que se acercaba a la concepción relacionada
con la administración científica, y
f. aquella que se aproximaba a la escuela de pensamiento conocida
como “Relaciones Humanas”
Una y otra vez los investigadores y académicos encontraban
evidencias tanto a favor de solo una de estas dos corrientes
principales, con lo cual seguían fortaleciendo a solamente
una de estas dos opciones. Una Universidad estatal (Ohio State
University), como consecuencia de análisis profundos
dentro de las investigaciones realizadas que derivaban a alguna
de estas dos opciones, juntamente con otros estudios propios,
concluye que el líder eficiente es aquél que
integra eficazmente dos orientaciones : hacia el trabajo y
hacia las personas. Esta capacidad de operar bidimensionalmente
es la que distingue al líder realmente eficiente. Y
esto fue tenido en cuenta por personas del calibre de Blake
& Mouton.
Por su parte, Blake y Mouton partían del supuesto
que la labor gerencial iba mucho más allá de
las rutinas diarias implícitas en el rol que le es
asignado e incluye otras importantes facetas:
- el gerente puede desarrollar habilidades interpersonales
- el gerente puede potenciarse a través de la interacción
con otros
- el gerente puede aprender como consecuencia de relacionarse
con otros
- el gerente puede promover el alcance de mayores y mejores
objetivos
- el gerente puede estimular en el personal la creatividad
y esfuerzos hacia la innovación
- el gerente puede generar en el personal energías
adicionales promoviendo la experimentación
- el gerente puede enseñar sus propias competencias
Fascinados por la idea original donde existen dos opciones
principales para gerenciar a lo que le han sumado las facetas
arriba descriptas, más las conclusiones arribadas por
la Universidad de Ohio, a lo que suman sus ricas experiencias
como resultado de sus diversas intervenciones de consultoría
Robert Blake y Jane Mouton desarrollan una “matriz gerencial”
que está compuesta por dos variables principales:
1. interés-orientación (“concern”)
por la producción
2. interés-orientación (“concern”)
por las personas
El interés por la producción no significa que
se presta únicamente atención a lo que sucede
dentro del área de producción fabril y que el
mismo fuera fácilmente cuantificable. Incluye otros
factores como por ejemplo el número de nuevos potenciales
proveedores, la calidad del servicio, ideas y sugerencias
respecto de mejoras, el monto total de ventas, entre otros.
El interés por las personas incluye la consideración
prestada a otros, el grado de involucramiento del personal,
el respeto de las necesidades individuales del personal, entre
otros.
Ahora bien, consideremos que sobre el eje de las “x”
tengamos el interés por la producción, marcando
distintos grados que van del 1 al 9, donde el uno muestra
muy poco interés por la producción y 9 significa
el más alto grado de interés por la producción.
En el eje de las “y” representamos el interés
por las personas, marcando sobre este mismo eje distintos
grados que van del 1 al 9, donde el uno muestra muy poco interés
por las personas y 9 significa el más alto grado de
interés posible por las personas.
Siguiendo a Blake & Mouton los gerentes en su trabajo
diario adoptan distintos tipos de comportamiento cayendo cada
uno de ellos en algún lugar dentro de esta matriz gerencial.
Pero a efectos de ilustración se simplifica el análisis
tomando en cuenta 5 ubicaciones posibles que reflejan distintos
estilos gerenciales.
El estilo gerencial 9-1 focaliza prioritariamente en la producción
y prescribe exactamente lo que los subordinados deben hacer.
Este estilo gerencial tiene muy en cuenta la dirección
y control sobre las acciones de los subordinados, con producciones
mínimas que deben ser alcanzadas tras controles permanentes.
Se precisa tan exactamente lo que otros deben hacer, que,
cuando existe algún problema o disfunción o
error la conclusión principal es que la culpa del error
le corresponde al subordinado. Cualquier tipo de desacuerdo
del subordinado con lo que debe hacer, en que tiempo y bajo
que estándares es considerado prácticamente
una subordinación. Este estilo gerencial se caracteriza
por operar bajo un juego de suma 0 donde lo que uno gana el
otro lo pierde.
Los “méritos” que puedan darse por los
resultados alcanzados bajo este estilo gerencial son adjudicados
al gerente y, consiguientemente, gran parte de los esfuerzos
de los subordinados están dirigidos hacia derrotar
el sistema (para los subordinados los estándares establecidos
solo pueden alcanzarse en el corto plazo o bajo situaciones
límites). La creatividad está más bien
orientada a lastimar los resultados y demostrar el fracaso
de metas establecidas que no eran alcanzables. Todo tipo de
desacuerdos y conflictos se reprimen, colocan debajo de la
alfombra, o se patean para delante ... hasta que el dique
reviente. Es muy común encontrar el comportamiento
de tipo alienante en los subordinados que se manifiesta en
la apatía e indiferencia (ver también “Modern
Organizations” de Amitai Etzioni - 1964). Robert Blake
y Jane Mouton sugieren que una organización dentro
de una sociedad industrial altamente competitiva puede ver
prevalecer este particular estilo de liderazgo sugiriendo
que esto es posible en los Estados Unidos de Norteamérica
debido a que alguna inapropiada educación orientada
hacia habilidades muy limitadas puede fortalecer y robustecer
este estilo gerencial.
Un estilo gerencial sumamente diferente al 9 – 1 (interés
por el trabajo) es el estilo 1 – 9. Blake & Mouton
denominan a este estilo “gerenciamiento country club”.
Este estilo de gerenciamiento es el opuesto al anterior sugiriendo
que por mas “que le pongas medias de seda el chancho
va a seguir siendo chancho”. Los subordinados –
bajo este esquema – hacen lo mejor que pueden y hay
que comprenderlos. Los errores son puestos debajo de la alfombra
y el personal siempre tiene una nueva tarjeta amarilla a través
de su secuencia de errores, sin llegar a la tarjeta roja.
El principio de “juntos pero no revueltos” no
tiene vigencia dentro de este estilo gerencial, ya que se
opera bajo “juntos y revueltos”; todos los problemas
de índole personal deben ser tenidos en cuenta por
la empresa. La organización no aprende de los errores
pues los errores no salen a la superficie ... y si salieran
no se estudiarían para tomar medidas correctivas (son
parte de la naturaleza humana que debemos comprender y aceptar).
Este estilo gerencial se caracteriza por ser muy bueno en
encontrar (y hablar de) explicaciones, pues, como los objetivos
no se alcanzan se tiene que encontrar algún motivo.
Todas las personas pueden andar a ritmos, velocidades y tiempos
distintos y la organización tiene que aceptarlos; por
lo general los “high achievers” de D. A. Mc Clelland
(“Toward a theory of motive acquisition” –
1965) no tienen sitio en organizaciones que operan principalmente
bajo este estilo gerencial. Los organismos públicos
y del estado nacional, provincial o municipal como así
también las grandes corporaciones oligopólicas
(que hacen lobby fuerte con los gobernantes de turno) y además
las empresas que operan bajo “costo+un plus” operan
muchas veces dentro de alguna escala cercana al estilo de
“gerenciamiento country club”.
El estilo gerencial 1 –1 no es fácil de encontrar
en las organizaciones pero sí puede presentarse dentro
de una empresa como resultado de la interacción entre
un superior y un subordinado. Las organizaciones que no son
muy prolijas en cuanto a la relación ingresos y egresos
de personal, pueden encontrarse con personas que realizan
trabajos de tipo rutinario por mucho tiempo, que han perdido
oportunidades de ser promocionados, que hacen tareas por debajo
de lo que están realmente capacitados y entrenados
pueden albergar este estilo de gerenciamiento entre sus gerentes
y supervisores. Los superiores dejan a los subordinados en
libertad de actuar y además al mismo tiempo no aceptan
responsabilidad ni respondabilidad por sus acciones y las
de su personal. Chris Argyris sugiere que este estilo gerencial
puede encontrarse dentro de una gran gama de empresas.
Un estilo gerencial que es usado con frecuencia es el que
Blake y Mouton denominan como estilo pendular, del tipo 5
– 5 . Se caracteriza por mantenerse dentro de un “feliz
término medio” operando con un estilo negociador
y donde la entidad tiene una fuerte presencia política
(ver a Michel Crozier: “The bureaucratic phenomenon”
– 1964), cuando hace referencia a los “juegos
de poder”). Aprietan las clavijas para alcanzar un mayor
nivel de productividad que perciben como que está presente
en el corto plazo, y en la medida que el personal empieza
a sentir el rigor, el superior comienza a aflojar. Lo que
sucede con este estilo gerencial “en el medio de la
nada” es que muy rápidamente los subordinados
le toman el tiempo al gerente y aprenden a hacer uso ellos
mismos de “un proceso de negociación” que
no tiene fin dentro de la organización política.
Este estilo de gerenciamiento busca un standard medio entre
“la zanahoria y el garrote”. La organización
bajo este estilo de gerenciamiento comienza a adaptarse al
mismo consiguiendo solamente objetivos “medianos”
que pueden no ser suficientes para sostener su existencia.
Finalmente tenemos el estilo gerencial 9 – 9 que Blake
& Mouton denominan “gerenciamiento a a través
de equipos”, donde se trata de integrar eficazmente
a las personas con la producción. Nosotros podemos
decir que esto es lo que realmente justifica la misma existencia
del gerente ya que si no tuviera que integrar a las personas
con las tareas y a estos con la siguiente unidad de análisis,
no tendría sentido contar con gerentes dentro de una
organización. Cuando un gerente nos dice a The Organization
Development Institute International, Latinamerica que está
teniendo problemas en integrar a sus recursos personales con
los objetivos a alcanzar en la producción, nosotros
le decimos que es un gerente afortunado ya que si no tuviera
ni viviera ese problema no tendría el un trabajo, se
podría prescindir de el sin que la empresa tenga consecuencias
negativas.
A diferencia del enfoque 5 – 5 bajo el 9 – 9
se busca conseguir y adoptar las mejores decisiones y soluciones
al nivel de producción más alto posible manteniendo
la salud de los participantes organizacionales. El personal
que conoce lo que está a riesgo, es apoyado y recompensado
apropiadamente, puede operar con un mínimo de dirección
y control ya que ha fijado con anterioridad con su superior
los objetivos a alcanzar que deben ser realistas y posibles.
Bajo este enfoque el conflicto es funcional, es decir, ayuda
al cambio, eficacia y desarrollo organizacional. Más
bien el conflicto es la piedra fundamental sobre la cual se
sustentan las mejoras dentro de la empresa, pues gatilla a
la creatividad y también a la innovación.
Una característica de las conclusiones de Robert Blake
y Jane Mouton es que los enfoques situacionales de liderazgo
y de toma de decisiones, no ayudan a la eficiencia corporativa.
Para ello muestran que tanto bajo las circunstancias 9-1 o
1-9 – que supuestamente son aplicables bajo ciertas
situaciones particulares dentro de la concepción de
autores importantes como Fred Fiedler (“A theory of
leadership effectivess” – 1967) y Victor Vroom
(“Organization Theory” – 1990), se han de
presentar muy prontamente perjuicios organizacionales que
lastiman la salud y carrera del superior o también
el desarrollo de sus propios subordinados. Y estas consecuencias
disfuncionales no deben dejarse pasar ya que han de tener
un impacto muy fuerte dañando la cultura y hábitos
organizacionales. Por lo tanto, para Blake & Mouton una
vez que se ha identificado un estilo de liderazgo gerencial
9 – 1 o el de 1 – 9, uno debe trabajar con estas
personas para ayudarles a desplazar al estilo 9 – 9
en lugar de aceptar que dichos extremos eran funcionales “debido
a una situación particular”.
Robert Blake y Jane Mouton como consecuencia de su larga
trayectoria en intervenciones de cambio y desarrollo organizacional
sugieren que para lograr el máximo de resultados se
debe cambiar toda la cultura organizacional para lo cual han
desarrollado una serie de etapas, en total 6. Cada una de
las seis etapas del programa de Blake & Mouton da cobertura
a distintos aspectos, siendo ellos:
1. Análisis de la matriz gerencial para que la gerencia
comprenda y se familiarice con el comportamiento organizacional.
2. Se analiza el funcionamiento real de grupos o equipos
de trabajo bajo la óptica de métodos de resolución
de problemas
3. Partiendo de la fase anterior se amplía el alcance
trabajando la relación entre distintos grupos poniendo
foco especialmente en aquellas unidades cuyo éxito
depende en gran medida de habilidades colaborativas
4. Se establecen objetivos organizacionales para toda la
organización bajo performance óptimas pero alcanzables
5. Se implementan los cambios
6. Se miden los cambios introducidos a la luz de los resultados
alcanzados y se sugieren medidas correctivas
Robert Blake & Jane Mouton han mostrado una vasta evidencia
empírica donde las organizaciones han sido más
efectivas y al mismo tiempo el grupo gerencial ha tenido una
exitosa carrera laboral como resultado de la implementación
de su modelo de organización matricial. Es posible
que los cambios en el contexto de las empresas que se han
suscitado muy fuertemente y en especial en los últimos
años del siglo pasado, con el advenimiento de la organización
virtual requiera realizar algunas adaptaciones ha este modelo
que ha sido tan exitoso tanto a nivel individual como organizacional
(Eric Gaynor Butterfield – Congreso de Desarrollo Organizacional,
Buenos Aires, Argentina , 1997).
• Fiedler, Fred. E.
Fred Fiedler (“A theory of leadership effectivess”
– 1967) ha mostrado un fuerte interés en saber
cuál es el estilo de liderazgo efectivo y eficiente
y para ello pone foco en la relación superior –
subordinado dentro de un grupo, unidad o departamento dando
por hecho que la persona que lidera debe tener necesariamente
las competencias técnicas.
Resulta interesante y muy positivo para aquellos interesados
en cambio, eficiencia y desarrollo organizacional, seguir
la línea de pensamiento de Fiedler ya que presenta
resultados que no siempre condicen con lo que habitualmente
se cree y está en la cabeza de los practitioners.
Fred identifica dos estilos principales de liderazgo:
a. líderes motivados a través de las relaciones,
quienes tienen en cuenta las necesidades de los subordinados,
los escuchan y tienen en cuenta sus sugerencias y recomendaciones,
tienen en cuenta los sentimientos del personal, y a su vez
ellos mismos como líderes le dan importancia a lo que
el subordinado piensa respecto de ellos.
b. Líderes motivados a través de la tarea, que
priorizan por sobre todo alcanzar los resultados con los recursos
asignados y dentro del tiempo previsto. Este tipo de líder
se siente cómodo dentro de una organización
estructurada con procedimientos claros donde existe una metodología
de trabajo que debe ser cumplida por el personal. En aquellas
situaciones donde la organización no tiene estos procedimientos
desarrollados y prescriptos ellos de muy buenas ganas los
desarrollan, implantan y administran.
Algo que deja muy en claro Fred Fiedler es el hecho que ninguno
de estos dos estilos de liderazgo es el más efectivo
para todas las situaciones con lo cual se distancia de las
contribuciones realizadas por otros importantes expertos (Rensis
Likert, Douglas McGregor, Robert Blake & Jane Mounton).
Para Fiedler es la naturaleza del trabajo que confronta el
líder sumado a la situación dentro de la cual
opera, lo que determina el mejor estilo de liderazgo.
Y aquí es donde Fred Fiedler resulta sumamente innovador
eligiendo una forma particular de medir estos dos estilos
de liderazgo (ver el trabajo de Eric Gaynor Butterfield presentado en
el Congreso de Desarrollo Organizacional, Argentina, 1997
donde expone una metodología similar para la práctica
de re-ingeniería). En su cuestionario, los líderes
deben mencionar a las personas con quienes han trabajado e
identificar quien es la persona con quien “peor trabajarían”.
(En el trabajo de Eric Gaynor Butterfield se sugería seleccionar
al inicio de la consultoría con quienes se prefería
trabajar).
La persona con quien “peor trabajarían”
era el “co-trabajador menos preferido”. Los líderes
motivados a través de las personas al tomar su decisión
de todas maneras verían a estas personas como no-confiables
y quizás poco consideradas, pero también los
calificarían como de alguna manera agradables y sensibles.
Mientras que los líderes motivados a través
del trabajo lo verían al subordinado no solo como desleal
o poco agradable sino que también lo calificarían
como aburrido, tenso, falso y pendenciero.
En un Seminario de Desarrollo Organizacional (Eric Gaynor Butterfield,
Marzo del 2003) éste hace mención al hecho que
la calificación respecto del trabajo de otros es influido
fuertemente por aspectos subjetivos. En un trabajo de campo
dentro de una entidad financiera se encontró evidencia
que mostraba a los auditores calificando más alto (mejor
calificación) a unidades recientemente auditadas que
tenían observaciones muy fuertes, mientras que otras
unidades con observaciones menores obtenían una calificación
“menor”. Estudiada ésta situación
la explicación dada naturalmente por los auditores
se basaba en que las unidades auditadas con baja calificación
no los habían “atendido tan bien” como
las otras unidades (que tenían mayores observaciones).
Ahora bien ¿Qué es lo que ha encontrado Fred
Fiedler? Y más importante aun: ¿Cuáles
son sus implicancias prácticas?
La primera implicancia sugiere que debe existir lo que Fred
llama “Leader match”, ya que la performance del
líder ha de depender tanto de cuán favorable
es la situación que se confronta como también
del estilo que hace uso desde su posición de liderazgo.
Por lo tanto, y cuando este balance no existe parece que se
pudiera mejorar la performance haciendo una de las dos cosas:
1. cambiando el estilo de liderazgo, ó 2.cambiando
la situación y el contexto de liderazgo.
Respecto del punto 1. Fiedler sugiere que cambiar el estilo
del líder no es realista y por lo tanto no es aconsejable,
ya que distintos intentos de hacerlo no han mostrado resultados
positivos por el principal motivo de que el estilo de liderazgo
motivacional está muy dentro de cada una de las personas
(como un componente de la personalidad básica que el
personaje no puede modificar). El lector puede ir al trabajo
de Victor Vroom que tiene algunas ideas distintas.
La segunda implicancia resultante de las hipótesis
de Fiedler que han sido validadas por sus propios trabajos
de investigación y por posteriores trabajos donde se
han replicado los mismos hallazgos, sugiere que los líderes
motivados a través de la tarea tienden a funcionar
más eficientemente en “situaciones muy favorables”
y también en “situaciones poco favorables”.
Los líderes motivados a través de las relaciones,
por el contrario, tienden a ser más efectivos en situaciones
intermedias.
Todos aquellos que están trabajando desde la academia
o la práctica del mundo organizacional hubieran seguramente
querido que Fred fuera un paso más allá investigando
qué es lo que sucedería agregando una variable
más : el grado de turbulencia en el contexto. Aparentemente,
y de esto aun no tenemos evidencia, ante contextos turbulentos
la situación de la empresa parece mecerse desde una
situación muy favorable a otra poco favorable; si esto
fuera cierto estaríamos esperando líderes más
motivados hacia las tareas que motivados hacia las personas
bajo las circunstancias cambiantes en el planeta desde fin
del siglo pasado y que aún perduran.
Teniendo en cuenta sus propios hallazgos Fiedler no es muy
adepto a los cursos de liderazgo orientados a enseñar
y adoptar un nuevo y distinto estilo como lo sugieren Robert
Blake y Jane Mouton. Más bien sugieren que la capacitación,
entrenamiento y formación debe orientarse hacia darle
más conocimiento técnico aún de modo
que tenga una real ventaja competitiva y más know-how
de tipo administrativo. Este último es especialmente
importante para que tenga oportunidades crecientes de desarrollo
dentro de la organización.
En algunos trabajos posteriores Fred Fiedler trata de discriminar
entre la inteligencia cognitiva y la inteligencia de tipo
emocional al sugerir que los líderes “inteligentes
cognitivos” operarían en forma más eficiente
como líderes motivados hacia la tarea mientras que
aquellos en los cuales predomina la inteligencia emocional
serían más efectivos en grupos donde los líderes
están motivados hacia las relaciones. Los resultados
alcanzados no son absolutamente claros como resultado de estas
apreciaciones y están sujetas además a la crítica
“funcionalista”.
• Goleman, Daniel
Daniel Goleman (“La inteligencia emocional” -
1995) parte del hecho que se da por sentado que los profesionales
– que trabajan en las organizaciones – tienen
suficiente capacidad intelectual y técnica –
para desempeñarse en el trabajo diario. Lo que sucede
es que las organizaciones al igual que los grupos y las personas,
para subsistir y crecer en el tiempo necesitan tener una ventaja
competitiva. Y sugiere que esto se logra “a través
de ciertas cualidades personales, tales como la iniciativa
y la empatía, la adaptabilidad y la persuasión.”(“La
inteligencia emocional en la empresa” - 1998).
Por lo tanto su hipótesis básica sugiere que
las empresas que desarrollan las 5 habilidades básicas
de inteligencia emocional como un componente vital de su filosofía
gerencial y de actuar, tendrán la ventaja competitiva
ya que cada vez más y más los Clientes no se
centran simplemente en el producto sino en el servicio, o
en el servicio que se agrega al producto.
En los inicios de “la organización” como
mecanismo productivo el enfoque privilegiado era el de Frederick
Taylor (“Administración Científica”
– 1917) basado en el mejor y mayor uso de cada uno de
los miembros que tienen las personas (sus brazos y piernas),
centrando la atención en qué manera mecánica
se podía adoptar haciendo uso del cuerpo del trabajador.
El hombre podía trabajar y operar con un grado de eficiencia
cercano al de la máquina o por lo menos complementándose
como una pieza de la máquina. El movimiento de relaciones
humanas hizo ver que este era un enfoque “demasiado
simplista” y años más tarde con el monumental
trabajo de Herbert Simon y James March (su libro titulado
“Organizaciones”, del año 1958) prioriza
el enfoque cognitivo poniendo foco al proceso de la toma de
decisiones dentro de las empresas. La inteligencia cognitiva
– a a través de su piedra fundamental –
se instala dentro del mundo organizacional.
Fue necesario el extraordinario talento de David McClelland
para que los practitioners y académicos se dieran cuenta
de los “límites” de utilidad de los tests
psicológicos y los tests de inteligencia cognitiva,
como así también del poco correlato entre ellas
y el grado de contribuciones que hacían los participantes
organizacionales dentro de sus empresas. Mc Clelland postulaba
que habilidades puntuales como por ejemplo la empatía,
la auto-disciplina y la iniciativa, distinguía a los
más exitosos de aquellos que mostraban un interés
en seguir concurriendo al trabajo.
En su libro titulado “La inteligencia emocional en
el trabajo - 1997, Goleman sostiene que los empleadores cada
vez privilegian más y más aspectos que van por
encima de las aptitudes técnicas y menciona algunas
de ellas:
- Saber escuchar y comunicarse oralmente
- Adaptabilidad y respuestas creativas ante los obstáculos
y los reveses
- Dominio personal
- Confianza en sí mismo
- Motivación para trabajar en pos de un objetivo
- Deseo de desarrollar la carrera y enorgullecerse de lo alcanzado
- Efectividad grupal e interpersonal
- Espíritu de colaboración y de equipo
- Habilidad para negociar desacuerdos
- Efectividad en la organización, deseo de contribuir,
potencial para el liderazgo
Creemos interesante que el lector interesado en el excelente
trabajo de Daniel Goleman se familiarice con el capítulo
3 de su libro arriba mencionado donde hace referencia a las
habilidades blandas. Las cinco habilidades de la inteligencia
emocional son divididas por Goleman en dos grandes grupos,
la primera de ellas tiene que ver con “aptitudes personales”
y la segunda con las “aptitudes sociales”. Las
aptitudes personales incluyen las siguientes habilidades:
1. Auto-conocimiento
2. Auto-regulación
3. Motivación
Mientras que las habilidades sociales incluyen:
a. La empatía
b. La habilidad social propiamente dicha que tiene que ver
con “la habilidad para inducir en los otros las respuestas
deseables”.
Otro capítulo que representa contribuciones importantes
tanto para los practitioners, académicos y consultores
en cambio, eficiencia y desarrollo organizacional es el que
Goleman titula: “Tomar el pulso de la organización”.
Allí hace mención a uno de los principales padres
fundadores de la implementación de esquemas participativos
en las organizaciones, el Dr. Carl Frost (“The Scanlon
Plan”; MSU – 1975). Daniel hace referencia a un
trabajo de consultoría liderado por el Dr. Carl Frost
en Suecia, en una de sus empresas líderes: Volvo. A
continuación vamos a repetir el texto donde Goleman
hace mención a este trabajo puntual del Dr. Carl Frost.
“Aunque los gerentes (en Volvo) parecían muy
conformes y hasta felices de prolongar sus vacaciones, Frost
sintió la necesidad de plantear preguntas, de sacar
a la superficie datos que la gente de Volvo parecía
ignorar. El hecho fundamental era que las empresa estaba perdiendo
la carrera global por el mercado automotriz: sus costos de
fabricación excedían los de todas las grandes
automotrices del mundo; sus trabajadores tardaban el doble
que los japoneses en armar un automóvil y las ventas
al extranjero se habían reducido, en los últimos
años, en un 50 %.”
“La compañía estaba en crisis; su futuro
(y el de sus trabajadores), en peligro. Sin embargo, según
cuenta Frost, todo el mundo actuaba como si no hubiera problema
alguno. Nadie parecía ver relación alguna entre
las vacaciones que iban a tomar y el preocupante futuro de
la empresa.”
“Esta actitud despreocupada era señal de una
falla inquietante en la comunicación; permitía
que los trabajadores de Volvo ignoraran cualquier vínculo
entre su situación y el destino de la empresa. Esta
falta de conexión, dice Frost, significaba que no asumían
mucha responsabilidad en cuanto a ayudar a la empresa a ser
más competitiva.”
“La inoculación contra esas colusiones consiste
en formar una organización mas honrada y abierta en
sus comunicaciones internas. Esto requiere una atmósfera
donde se aprecie la verdad, por mucha ansiedad que pueda provocar,
y que se ocupe de escuchar todas las facetas de una cuestión.
Pero ése debate solo es posible si la gente se siente
en libertad de expresar su opinión sin miedo al castigo,
la venganza o el ridículo.”
Y en su último capítulo Daniel Goleman tiene
en cuenta que por supuesto la inteligencia emocional no es
una varita mágica que soluciona todos los problemas
en todas las situaciones independientemente de las personas
que están involucradas. Pero se puede esperar que en
los próximos años las empresas que puedan operar
en forma más coordinada y participativa han de estar
en mejores condiciones de tener una ventaja competitiva, lo
que hace vital tener en cuenta a la inteligencia emocional.
Y concluye: “Pero aparte de la inteligencia emocional
de las organizaciones para las que trabajamos, el poseer esas
habilidades nos ofrece una manera de sobrevivir con nuestra
humanidad y nuestra cordura intactas. Y según el mundo
cambie, estas aptitudes humanas pueden ayudarnos, no sólo
a competir, sino a alimentar la capacidad de encontrar placer
y hasta gozo en el trabajo.
• Herzberg, Frederick
Frederick Herzberg (“Managerial choice: to be efficient
and to be human” – 1976) es un psicólogo
que ha estado interesado en la salud mental de las personas
y al igual que otros renombrados autores (Chris Argyris) sugiere
que posiblemente las organizaciones no sean los mejores sitios
para que las personas desarrollen sus inquietudes y necesidades.
A su vez es razonable esperar que dichas inquietudes y necesidades
le provean cierta satisfacción a las personas; de este
modo satisfacción ha sido una variable de relevancia
para Frederick.
No cabe ninguna duda que mucho de su trabajo guarda relación
con las ideas de Herbert Simon y James March (ya citados)
sintetizadas en la monumental obra titulada “Organizaciones”.
Allí estos dos autores – que a su vez toman prestado
de Chester Barnard (“The functions of the executive”
– 1938) muchos conceptos y prácticas empresariales
– sugieren que la relación aparentemente lineal
entre satisfacción y productividad que sostenía
el aquel entonces prevaleciente movimiento de Relaciones Humanas,
no es correcto. Para Frederick Herzberg la satisfacción
del participante organizacional es una variable importante
y quiere averiguar y saber algo más de lo que se sabía
hasta ese momento.
Esta inquietud de Herzberg por la variable “satisfacción”
lo llevó a liderar un trabajo de investigación
donde participaron unos 200 profesionales en su gran mayoría
contadores e ingenieros en la ciudad de Pittsburg, a quienes
se les solicitó relataran – dentro de una serie
de sucesos – aquellas situaciones en que se sintieron
muy bien como también en aquellas otras donde no estaban
satisfechos. Se realizó una tipología de eventos
que, posteriormente, pudieron relacionarse con “satisfacción
en el trabajo” e “insatisfacción en el
trabajo”.
Y de aquí surgen una serie de componentes que no se
condicen con lo que el estado del arte de las ciencias del
comportamiento tenía registrado hasta ese entonces.
Frederick Herzberg encontró algunas evidencias que
resultaron ser un hallazgo muy importante por las implicancias
que tienen para las organizaciones en su marcha hacia la eficiencia,
cambio y desarrollo organizacional.
Encontró que cinco factores estaban fuertemente relacionados
con la satisfacción en el trabajo, las que son detalladas
a continuación:
1. logro
2. reconocimiento
3. cuán atrayente era el trabajo en sí mismo
4. responsabilidad
5. potencial de crecimiento
Por otro lado encontró también evidencia que
la carencia de estos cinco factores no era frecuentemente
mencionada como una fuente de insatisfacción. Mas bien
lo que encontró Herzberg es que las razones de la insatisfacción
en el trabajo estaban más bien relacionadas con otros
factores distintos de los arriba mencionados:
a. la política general de la empresa y su “administración”
b. supervisión
c. salarios
d. condiciones de trabajo
e. relaciones interpersonales
Entre otras cosas esto significa que si estoy interesado
en mejorar la productividad y la eficiencia por más
que empuje “las fuerzas a favor del cambio” (Kurt
Lewin) y entre ellas están las que se mencionan bajo
a,b,c,d, y e es muy improbable que aumente la satisfacción
del empleado y que este a su vez aumente su fuerza motivadora.
Es muy probable que se ha de encontrar mejores resultados
teniendo en cuenta las variables mencionadas bajo 1,2,3,4,
y 5.
Y es aquí donde Frederick Herzberg también
toma en cuenta las conclusiones del excelente trabajo realizado
por los investigadores de Ohio State University cuando dilucidan
“lo que hace el líder eficiente”. Usualmente
los investigadores – y también los académicos
y practitioners – dividían sus opiniones respecto
de si el líder eficiente se orientaba hacia el trabajo
o si lo hacía hacia la persona. Los investigadores
de Ohio State University descubrieron que estas – orientación
hacia las personas u orientación hacia el trabajo –
no eran polos opuestos de una misma dimensión sino
más bien eran dos dimensiones distintas. Y Herzberg
penetra en esta ruta al estudiar satisfacción en el
trabajo sugiriendo que también aquí esta variable
tiene dos dimensiones distintas, y no polos opuestos de una
sola.
Es interesante tener en cuenta la asociación que hace
Frederick Herzberg con pasajes bíblicos. Los factores
que guardan relación con la insatisfacción son
análogas a las necesidades “de Adán”
orientadas a evitar carencias tanto físicas como sociales,
ya que la expulsión de Adán lo obligó
– de allí en más - a satisfacer necesidades
relacionadas con la naturaleza animal, como lo son la comida,
seguridad, pertenencia, etc. Por otro lado los factores relacionados
con la satisfacción como fuerza motivadora en el trabajo
están mas cerca en lo bíblico bajo la concepción
de Abraham, quien en su concepción de la naturaleza
del hombre destaca otros aspectos y valores, como lo son el
l ogro, desarrollo, y crecimiento.
La concepción de Adán (en la relación
individuo – organización) está relacionada
principalmente con la eliminación de insatisfacciones
mientras que la concepción de Abraham tiene que ver
con privilegiar el desarrollo y crecimiento individual como
fuente de satisfacción.
Por lo tanto un hallazgo importante a partir del trabajo
de Frederick Herzberg tiene que ver con que “satisfacción
en el trabajo” no es el opuesto de “insatisfacción
en el trabajo”; mas bien “ninguna satisfacción
en el trabajo” resulta ser el opuesto de satisfacción
en el trabajo” y “ninguna insatisfacción
en el trabajo” es el opuesto de “insatisfacción
en el trabajo”.
En estudios posteriores se replicaron los resultados originales.
Y se extendieron las consecuencias encontradas mostrando que
los factores motivadores en su gran mayoría estaban
relacionados con el crecimiento y desarrollo de las personas
mientras los factores higiénicos o de contexto guardaban
relación con la insatisfacción en el trabajo.
Pues entonces ¿Qué es lo que deben hacer los
superiores si es que desean aumentar la performance de sus
subordinados? Algo que queda muy en claro es que no tiene
sentido dedicar atención a las variables que están
relacionadas con los factores higiénicos (la paga,
políticas de personal, condiciones físicas en
el trabajo), aunque por supuesto van a eliminar la insatisfacción
en el mismo (las empresas no llegan a ser eficientes por el
solo hecho de que su personal “no se queja”; necesitan
sentir ciertos estímulos y energías como nuevas
fuerzas motivadoras). La mayor parte de los factores higiénicos
son percibidos por el personal como algo a lo que tenían
derecho, en cambio aquellos factores relacionados con el enriquecimiento
en el trabajo como ser: oportunidades de desarrollo y logro,
responsabilidad, reconocimiento, respondabilidad sí
llegan a representar estímulos importantes como para
aumentar la fuerza motivadora.
Es interesante destacar que aquí el foco de Herzberg
está puesto en la tarea, que es muy similar a la concepción
de Frederick Taylor unos 40 años antes. Sin embargo
aunque ambos ponen foco en el trabajo tienen una diferencia
fundamental ya que la orientación principal de Frederick
Taylor privilegiaba una división de las tareas y simplificación
en el trabajo cada vez mayor, mientras que Frederick Herzberg
sugiere el polo opuesto: que la tarea gane en complejidad
al enriquecérsela, y de allí el nombre de “enriquecimiento
del trabajo” (job enrichment).
Frederick deja bien en claro que job enrichment no es lo
mismo que “job enlargement” que puede resultar
de agregar a tareas no enriquecidas otras tareas que también
son no enriquecidas. Otra práctica común en
algunas organizaciones es el traslado lateral o rotación
en el trabajo donde la persona pasa de un trabajo no enriquecido
a cumplir otro trabajo que también es no enriquecido.
Ahora bien ¿como se hace para que un trabajo se enriquezca
dando a la persona oportunidades de crecimiento y desarrollo
como consecuencia de un mayor nivel de autonomía y
responsabilidad? Esto no es fácil, pero se puede lograr.
Una de las formas es a través de la eliminación
de controles ya que las mismas llevan implícita una
falta de autonomía al hacerse necesario “el otro”.
El lector interesado puede echar una ojeada al trabajo de
James Thompson titulado “Organizations in Action”
– 1967, donde hace mención a distintas formas
de interdependencia dentro de una organización.
Es muy común que la fuerza de ventas no esté
autorizado a interactuar con las personas de tele-marketing
para hacer más efectivos sus servicios, y que por el
contrario, deba hacerlo a través de su superior, este
con su par, y finalmente este baja al personal de tele-marketers.
Es difícil conseguir buenos resultados bajo esta práctica
que es muy común dentro de las empresas. Muchas prácticas
organizacionales no permiten al personal tomar ciertas libertades
personales para relacionarse con Clientes y con proveedores
e incluso para firmar cartas que van a impactar sobre sus
resultados, y es por ello que los empleados altamente motivados,
dispuestos a correr riesgos, inician acciones a través
de lo que se conoce como organización informal. Cuando
el mecanismo informal del empleado heroico resulta exitoso
este tiende a repetir la situación operando informalmente
una vez más y corriendo nuevos riesgos para alcanzar
nuevos resultados heroicos; pero si de 100 “batallas”
gana 99 es posible que una sola pérdida lo catapulta
a lo que el Dr. Donald Cole y Eric Gaynor Butterfield se refieren como
un dilema de “Suicidio Profesional o Asesinato Organizacional”,
tal es el título de su libro.
Una pregunta que se le hace habitualmente al trabajo de Frederick
Herzberg tiene que ver con “Qué es lo que le
queda por hacer al supervisor” Trabajos de investigación
muestran suficiente evidencia empírica donde el trabajo
del supervisor en lugar de ser degradado es más bien
agrandado, o mejor dicho, tiene la extraordinaria oportunidad
de ser enriquecido (ver el trabajo de Arnold Tannenbaum: Control
in Organizations” – 1968). Resumiendo podemos
decir que el trabajo de los gerentes en las organizaciones
tiene que ver con Adán al tener que proveer al personal
factores higiénicos adecuados como para eliminar insatisfacción
en el trabajo y también está relacionado con
Abraham al tener los gerentes que movilizar factores que impactan
directamente sobre la motivación. Sin éstas
últimas la organización no ha de poder sostenerse
en el tiempo, ya que el hombre por su propia naturaleza debe
siempre – y ante todo – “tener un futuro”.
• Lawler III, Edward E.
Edward E. Lawler (“Pay and organizational development”
– 1981) ha encontrado mucha evidencia que muestra la
importancia de la paga y del sistema de recompensas en los
resultados organizacionales y, en gran medida, debido a ello
se ha especializado en poner foco a los sistemas de remuneración
que se presentan en las organizaciones las cuales, según
su punto de vista, son influenciadas fuertemente por lo que
sucede en la sociedad.
Para Edward Lawler cualquier medida que tomemos dentro de
la empresa debe estar relacionada con el sistema de compensación.
Y para ello se refiere a la evidencia surgida como resultado
de un trabajo de campo donde se ha seleccionado cuatro distintos
métodos para mejorar la productividad:
1. a través de sistemas de incentivos
2. estableciendo objetivos
3. enriqueciendo el trabajo
4. aumentando la participación
Queda claro para el lector que Lawler ha seleccionado distintas
maneras para aumentar la eficiencia y efectividad organizacional
que se relacionan fuertemente con las best theories y best
practices. “Estableciendo objetivos” hace referencia
al trabajo de Peter Drucker (“The practice of management”
– 1954) conocido popularmente como dirección
por objetivos, mientras que “Enriquecimiento en el trabajo”
es la propuesta de Frederick Herzberg para mejorar la organización,
y finalmente “Aumentando la participación”
se encuadraría dentro de la propuesta de Arnold Tannanbaum.
De estas cuatro opciones donde la primera es su propia mejor
opción, se encuentra evidencia donde en cuanto a su
relación con mejora de productividad los sistemas de
incentivos están en el orden del 30 por ciento mientras
que las dos subsiguientes (estableciendo objetivos y enriqueciendo
el trabajo) cada una de ellas no llega al 20 %. Finalmente
la influencia del factor “Participación”
es de menos del 1 por ciento.
Edward Lawler se pregunta porqué “la paga”
es materia de conflicto dentro de la organización y
además muchas de sus personas están insatisfechas
con ella, lo que se evidencia a través de distintos
trabajos de investigación donde se muestra evidencia
que por lo menos el 50 % de las personas están insatisfechas
con lo que ganan, y además las personas satisfechas
con su paga ha decrecido en el tiempo.
Uno de los motivos tiene que ver con lo que J. S. Adams (“Toward
an understanding of inequity” – 1963) ha llamado
a su propia teoría: “Equity Theory”. Bajo
equity theory la satisfacción de la paga que uno recibe
– y el nivel de productividad de uno mismo – tiene
que ver con la paga “del otro” y la productividad
“del otro”. La paga no es solamente algo en sí
misma; tiene mucho que ver con el resto e incluso con lo que
uno mismo percibe como justa paga. En el Congreso de Desarrollo
Organizacional del año 1997, Eric Gaynor Butterfield ha mostrado
que las personas en su interacción dentro de las organizaciones,
perciben realizar mayores contribuciones de la paga que reciben.
Y si ocasionalmente esa paga pudiera ser “excepcionalmente”
alta en relación a lo que contribuye, entonces se ha
de referir a “otras contribuciones realizadas en el
pasado como elemento de compensación o llegar a considerar
incluso (en la actualidad) las futuras contribuciones por
realizar. Es decir, en la cabeza (mejor dicho la mente) de
las personas las contribuciones realizadas son a veces el
resultado de la percepción de las ya realizadas, más
las que contribuye “hoy” e incluso las por realizar,
mientras que la paga tiene que ver más bien con solamente
el presente.
Distintos estudios muestran además otros datos importantes
que deben ser tenidos en cuenta por las personas involucradas
en procesos de cambio, eficiencia y desarrollo organizacional.
Entre ellas:
1. Proponemos más mejoras y sugerencias que “los
demás”
2. Nuestras contribuciones son más importantes que
las “del resto”
3. Nuestras competencias y conocimientos son de mayor valor
4. Nuestras fortalezas personales tienen mayor peso e importancia
5. Tomamos en consideración las propuestas de otros
6. Somos más innovadores que el resto
Al comparar la paga de uno con “un tercero” la
persona elige la condición / persona / situación
más favorable. Solamente muy pocas personas toman en
cuenta tener que comparase con aquellos que realizan altas
contribuciones en relación a lo que reciben. Y el análisis
comparativo que hacen los distintos participantes organizacionales
no solamente toma como referencia a otro sujeto dentro de
la misma organización; la comparación es más
abarcativa incluyendo también a otras personas en otras
organizaciones.
Lawler sabe que “la paga” relativa – a
través de su comparación con la de otros –
tiene una fuerte incidencia sobre la productividad y también
sobre otros factores importantes como lo son: la orientación
hacia logros, la motivación, el nivel de involucramiento,
la tasa de ausentismo, la rotación del personal, entre
otros. Por lo tanto, levantar la paga dentro de una organización
no significa una solución por su factor de relatividad,
pues la misma empresa tiene a su vez que tener en cuenta su
propia estructura de costos y el impacto del mismo sobre la
institución. De allí que Edward Lawler sugiere
ver a la paga como un elemento dentro de todas las formas
de compensación posible y a su vez identifica algunos
aspectos vitales que deben tenerse en cuenta.
El primero de ellos es el “clima organizacional”
donde bajo el enfoque de Likert (sistema 4 o sistema 4T) o
de Mc Gregor (teoría Y) como consecuencia de prácticas
participativas y un sistema interno abierto basado en la confianza
los distintos participantes organizacionales hacen más
flexible su percepción de satisfacción con su
paga en relación a terceros. En un clima organizacional
donde prevalece el autoritarismo como es el caso del sistema
1 de Rensis Likert o Teoría X de Douglas Mc Gregor
(“Leadership and Motivation” – 1966), el
monitoreo y control desde la cúspide muchas veces no
condice con una propuesta basada en la coordinación
y cooperación.
También la tecnología tiene mucho que ver con
el sistema de compensación y para ello Edward Lawler
toma en cuenta el trabajo de Joan Woodward (“Industrial
organization: theory and practice” - 1965) donde establece
una tipología basada en unidades, producción
en masa, o procesos productivos. Teniendo en cuenta el número
creciente de organizaciones de servicio y también financieras,
Edward Lawler sugiere la necesidad de desarrollar un sistema
de compensación y remuneración que tenga en
cuenta otros componentes como es el caso del “establecimiento
de objetivos en forma conjunta” que guarda algunas distinciones
con la dirección por objetivos.
El trabajo de Derek Pugh (“Organizacional structure
in its context: The Aston Programme” – 1976) y
del Aston group han mostrado la influencia del tamaño
de la organización y de distintas variables de estructura
organizacional (como lo son el grado de centralización,
el grado de formalización, etc.) sobre la eficiencia,
cambio y desarrollo organizacional. La organización
que adopta la forma descentralizada como ha sido el caso de
General Motors Corporation cuando consolidó su posición
de liderazgo respecto de Ford Motor Co., permite establecer
un sistema de compensación más relacionado con
los niveles de productividad.
Lo más importante según Lawler es que se tenga
en cuenta que debe existir un “match” apropiado
entre las características de la organización
y las características del sistema de remuneración,
lo cual es más sencillo decir que hacer, especialmente
porque puede convertirse en un problema de si primero viene
el huevo o la gallina. Aunque no sabemos exactamente todo
lo que se debe hacer para lograr este “match”
apropiado sí sabemos por otro lado que hay algunas
cosas que no tenemos que hacer o que debemos modificar. Un
sistema de paga regulada donde se emparejan los pagos por
las contribuciones de distintas personas – tal cual
lo sugieren los sindicatos – no es el mejor mecanismo
para aumentar la eficiencia organizacional y consolidar su
posicionamiento en el mercado. Mantener en secreto lo que
ganan las personas hace que la mayor parte del personal perciba
que otros ganan más “por encima de lo que realmente
ganan”, y por consiguiente aumenta la insatisfacción
personal con la paga.
Así como Victor Vroom (ya citado) desarrollaron un
esquema cognitivo para identificar aquellos líderes
más eficaces y eficientes, Edward Lawler desarrolló
todo un esquema decisorio basado en los conceptos arriba mencionados.
Su tabla de decisiones parte de identificar el tipo de cultura
organizacional, la que es dividida en dos: autoritaria o democrática.
A su vez cada uno de estos dos estilos organizacionales son
subdivididos de acuerdo con su tecnología siguiendo
a Joan Woodward, en: producción unitaria, en masa,
en proceso, o de servicios profesionales. Estas distintas
subdivisiones son sujetas a dos opciones adicionales según
el tamaño de la entidad: grande o pequeña y
finalmente todas estas opciones posibles pueden dividirse
en otras dos según siga un esquema centralizado o descentralizado.
Para cada uno de estos distintos tipos de “organización
final” Edward Lawler sugiere “un mejor sistema
de compensación” que el lector avezado y el profesional
interesado en eficiencia, cambio y desarrollo organizacional,
puede llegar a aceptar o a disentir. De todas maneras sabemos
que las organizaciones deben cambiar y lo deben hacer ya que
su contexto es cambiante; y el cambio organizacional debe
contemplar un cambio en el sistema de compensación
y remuneración. Las que no lo hacen quedan sujetas
a la fuerza de sus contendores o a las del mercado.
• Leavitt, H. J.
Para cualquier persona interesada en comportamiento individual
y su impacto sobre “otros”, los grupos y la empresa,
el trabajo de Leavitt no puede ser ignorado.
Existen diversas publicaciones de Leavitt que han significado
aportes importantes pero una de ellas en particular es reconocida
por su relevancia en cuanto a la relación entre los
conceptos de autoridad y redes de comunicación y su
impacto sobre los logros de los participantes. Este trabajo
de Leavitt fue publicado en el Journal of Abnormal and Social
Psychology (número 46, enero 1951, páginas 38-50)
bajo el título de “Some effects of certain communication
patterns on group performance”.
Leavitt es un maestro en el manejo de la comunicación.
Pocos expertos han realizado contribuciones similares a las
suyas, y en especial respecto del comportamiento individual
y grupal en las organizaciones. La forma o manera en que los
distintos miembros de un grupo pueden estar “linkeados”
o interactuar en dicha red comunicacional, es sumamente variada;
y es posible que solamente muy pocos de estos intercambios
sean de real utilidad. ¿Cual(es) de todos estos patrones
hace(n) un aporte significativo al grupo? Esta es “la
pregunta del millón”. Algunos resultados de dicho
estudio muestran que:
1. Los patrones de comunicación de cada grupo determinaban
su comportamiento. 2. Las posiciones que los participantes
ocupaban durante el patrón comunicacional influían
sobre el comportamiento mientras ocupaban dichas posiciones.
3. La característica principal del patrón comunicacional
en cuanto a diferencias comportamentales era el grado de centralización.
Un hallazgo muy significativo – e ignorado incluso
hoy día después de más de 50 años
– muestra que cuando el grado de centralización
e independencia están distribuidos en forma pareja,
probablemente no ha de existir un líder, sucederá
un número importante de errores, el nivel de actividad
ha de ser alto, la organización se moverá en
forma despacio, y el nivel de satisfacción de los participantes
ha de ser alto. Además el ocupante de un rol o posición
con un bajo nivel relativo de centralización respecto
de otros miembros del grupo, ha de ocupar una posición
de seguidor, dependiente del líder, aceptando sus instrucciones
y mandatos, y representando un rol que permite a este participante
poca oportunidad para alcanzar prestigio, un nivel de actividad
importante y auto-expresión.
Leavitt sugiere 4 formas de trabajar en grupos:
- Círculo
- Cadena
- Y
- Rueda
En un extremo existe la rueda (con centralización
mayor) y el círculo (con menor grado de centralización).
Es sumamente provechoso para las personas interesadas en los
procesos de cambio tener en cuenta las implicancias del uso
de estas distintas formas de operar ya que tanto los niveles
de “satisfacción” como los resultados a
alcanzar varían entre las mismas.
The Organization Development Institute International ha usado
para estos efectos un Cuestionario – Test siguiendo
a Leavitt basado en las siguientes preguntas:
1. ¿Tenían un Líder en su grupo? ¿Quién
era?
2. ¿En qué posición estaba ubicado el
Líder?
3. Favor de describirnos como estaba organizado su grupo
4. ¿Está usted satisfecho con el trabajo que
ha estado realizando en su grupo?
5. A medida que transcurría el tiempo en su grupo ¿puede
decirnos como se sentía usted tanto en lo relacionado
con los resultados como a título personal?
6. ¿Existía algún problema o algún
obstáculo que impedía el perfecto funcionamiento
del grupo? ¿Puede compartir con nosotros cuáles
eran? ¿Podría decirnos en qué momento
aparecían estos obstáculos o bajo qué
circunstancias?
7. ¿Piensa usted que existe alguna forma para que su
grupo sea más productivo? ¿Qué sería
y como lo haría?
8. ¿Qué calificación le daría
a su grupo en términos de resultados alcanzados?
9. ¿Qué calificación le daría
a su grupo en términos de aprendizaje?
10. Si tuviera que organizar este trabajo en grupo nuevamente
¿que cambios introduciría?
11. A su vez, en este nuevo grupo ¿cree usted que las
demás personas se han de sentir cómodas y contentas
de volver a participar en él?
• Likert, Rensis
Rensis Likert (“New patterns of management” –
1961) conforma el selecto grupo de practitioners, académicos
e investigadores que han ido más allá del modelo
mecanicista organizacional de Frederick. Taylor y Henry Farol
(“General and industrial management” – 1949),
y al que también hacen mención Burns & Stalker
(1961), bajo la denominación de “organización
mecanicista”.
Al igual que Arnold Tannenbaum trabajó en el instituto
líder en investigación social del estado de
Michigan, USA (Institute for Social Research), y durante sus
últimos años fue líder de su propia firma
de consultoría a empresas.
Rensis Likert estaba convencido – y había encontrado
evidencia empírica para ello – de que el tipo
de supervisión que se basa en poner permanente presión
sobre los subordinados quienes a su vez están comprometidos
con cada vez más y más sub-tareas especializadas,
lo que refuerza el gerenciamiento en base a “tener permanentemente
ocupadas a las personas”, no es el más efectivo
y eficiente. Este tipo de supervisión al que Likert
denomina supervisión “centrada en la tarea”,
puede producir resultados medianamente satisfactorios solamente
en el corto plazo y sus consecuencias disfuncionales dentro
de su propio grupo de trabajo como así también
respecto de otros y la organización como un conjunto
se han de mostrar muy rápidamente. En The Organization
Development Institute International, Latinamerica como consecuencia
de diversos trabajos de consultoría y la experiencia
en este tipo de supervisión “centrado en la tarea”
le hemos dedicado una frase, que lee así : “No
hay nada más inútil que hacer eficientemente
todo lo que no es necesario”.
Likert identifica un distinto tipo de supervisión
que contrasta con el que está centrado en la tarea
al que denomina “centrado en el empleado”. Así
como Arnold Tannebaum en sus diversos trabajos de campo y
de investigación muestra como el grado de control y
de influencia no es un juego de suma 0 – donde lo que
uno tiene lo pierde el otro – y por lo tanto el superior
puede ganar en poder e influencia dándole poder e influencia
al subordinado, Likert llega a la misma conclusión
seleccionando la variable centralización y discriminando
entre la que es centrada en la tarea de la que pone foco en
las personas. Las personas no trabajan en las organizaciones,
según Likert; sino que las personas son la organización.
Algunas de las características de la supervisión
centrada en los empleados son:
1. ejercen un tipo de control general y no tan específico
2. ayudan a los subordinados para alcanzar mayor productividad
3. toman en cuenta la opinión de los subordinados
4. los involucran en los cambios
5. se orientan más hacia los resultados que hacia los
métodos y procedimientos
6. establecen objetivos y metas de alta productividad que
son “alcanzables”
Dentro de su extenso trabajo Likert ha identificado cuatro
estilos gerenciales más comunes (en los últimos
años hace referencia a un quinto estilo) que son los
que se presentan a través de las organizaciones.
Las características generales de cada uno de estos
estilos son:
Sistema 1:
- opera dentro del estilo autoritario explotador
- se basa en el temor y las amenazas
- la comunicación es desde arriba y hacia abajo
- existe un importante distanciamiento psicológico
entre el superior y el subordinado
- las decisiones se toman en la cúspide de la organización
Sistema 2:
- opera dentro del estilo autoritario benevolente
- consigue cumplimiento a través de las recompensas
- las actitudes del personal son de subordinación hacia
sus superiores
- la información fluye generalmente de arriba hacia
abajo y muy ocasionalmente fluye hacia arriba limitándose
a aquellas cosas que el jefe quiere escuchar
- las decisiones vitales y de política son tomadas
en la cúspide de la empresa, pero está prescripto
(formalmente) lo (poco) que puede ser delegado a los subordinados
Sistema 3:
- opera dentro del esquema consultivo
- consigue cumplimiento como consecuencia de las recompensas,
ocasionalmente hace uso de ciertos castigos y se busca algún
involucramiento
- el flujo de la información comienza a transformarse
en comunicación; es tanto hacia arriba como hacia abajo.
La comunicación hacia arriba que no incluye lo que
el jefe quiere escuchar es proporcionada en pequeñas
cantidades y en forma muy cautelosa
- las decisiones vitales y de política son tomadas
en la cúspide de la empresa y los subordinados pueden
tener una cierta cantidad de influencia sobre lo que sucede
dentro de sus unidades
- los subordinados pueden decidir sobre aspectos relacionados
con su trabajo
Sistema 4:
- opera bajo el sistema de gerenciamiento grupal
- la gerencia se maneja con recompensas económicas
- la gerencia pone en práctica un sistema de participación
grupal
- la gerencia promueve el involucramiento del personal en
establecer altos objetivos de performance
- la gerencia promueve el desarrollo de nuevas metodologías
y procesos en el trabajo
- la comunicación fluye hacia abajo, hacia arriba y
hacia ambos lados y se realiza sobre base cierta
- los superiores y subordinados están muy próximos
entre sí desde el punto de vista psicológico
- la toma de decisiones dentro de la organización es
realizada a través de procesos grupales
- existe una superposición entre los grupos donde el
superior de una unidad es el subordinado de otra en una cadena
sucesiva que Likert llama “linking pins” (eslabones
de enlace).
Likert no duda en que las organizaciones efectivas y eficientes
han de posicionarse y operar bajo el Sistema 4, aunque hay
algunas excepciones que se pueden presentar bajo las siguientes
circunstancias:
b. necesidad de competencias técnicas muy específicas
c. requerimientos de una supervisión centrada en el
trabajo
d. presencia de urgencias por encima de lo importante
e. cuando el contexto opera bajo una “torta fija”
f. funcionamiento de la organización en base a la
eliminación del contendor
g. posicionamiento como retador (respecto del líder)
que desea no atacar solamente los flancos
Los beneficios que pueden conseguir estas empresas en el
corto plazo pueden perderlas con el transcurso del tiempo
y muy rápidamente. Es el tipo organizacional llamado
“depredador” a que hacemos mención en The
Organization Development Institute International, Latinamerica.
En el mejor de los casos los beneficios a largo plazo se ven
trastocados con actitudes de los participantes organizacionales
que se orientan a la desmotivación tanto hacia su propio
trabajo, como hacia su unidad departamental e incluso hacia
la empresa en su conjunto. Estas empresas, según Rensis
Likert, tienen por lo general una alta rotación de
personal que en términos de alta migración de
personal les hace perder a las personas mas valiosas (ver
tambien el libro del Dr. Donald Cole y Eric Gaynor Butterfield: “Suicidio
Profesional y Asesinato Organizacional” - 2004). En
este perfil de empresas centradas en el trabajo se da además,
y con mucha frecuencia un nivel alto de conflicto entre la
gerencia y el personal.
Likert pone bien en claro que no existe una única
forma mejor de relacionarnos con otras personas, y por lo
tanto los superiores han de tener que considerar el perfil
de sus subordinados, priorizando entre otros cosas sus habilidades,
destrezas, competencias, necesidades, inquietudes y valores
entre otros. Lo que está muy cerca de lo señalado
por Mary Parker Follett (“Creative experience”
– 1924) algunas décadas atrás.
Donde Likert hace una contribución que va mas allá
del trabajo de Mary Parker Follett es en relación con
lo que el mismo denomina una serie de variables que todo gerente
debe saber medir. Hoy en día existen métodos
objetivos que nos permiten medir e identificar un perfil específico
perteneciente a un empleado en particular, y hace mención
a algunas de ellas. Entre otras:
1. el nivel de motivación personal
2. el nivel de motivación grupal y organizacional
3. el grado de lealtad y compromiso hacia la unidad y hacia
la organización
4. la medida en que los objetivos individuales y grupales
pueden coincidir con los organizacionales
5. el grado de confianza existente a través de las
distintas jerarquías
6. el grado de confianza existente entre los pares
7. la eficacia del sistema de comunicación
8. la medida en que los superiores tienen en cuenta las necesidades
de los subordinados
9. la medida en que la organización tiene en cuenta
las necesidades del management
10. la medida en que la organización se esfuerza por
el desarrollo de la carrera del miembro organizacional
Esta información – entre múltiples otras
– permite apreciar tanto al practitioner, al consultor,
y al facilitador de cambio, la marcha de la empresa a través
de lo que Rensis Likert llama el “sistema de interacción
e influencia”. Haciendo esto en distintos momentos se
podrá apreciar tanto las mejoras como los retrocesos,
el origen tanto de unas como las otras, y que es lo que se
debe hacer para trasladar y desplazar a la organización
hacia el escenario preferido. Ya las sugerencias y recomendaciones
que se hacían “a dedo” no necesitan hacerse
más. “La ley de la situación” a
que hace referencia Mary Parker Follett cuenta a partir de
Rensis Likert con una serie de instrumentos que permiten medir
la marcha organizacional. El termómetro organizacional
está en marcha y el modelo “action-research”
provee una herramienta y metodología que jamás
ha estado anteriormente al alcance de los agentes de cambio
y consultores.
Como resultado de trabajos posteriores y sus respectivos
hallazgos Rensis Likert identificó un sistema organizacional
que iba más allá del Sistema 4 al que denominó
Sistema 4 T (Modelo de Organización Total).
El sistema 4 T emerge como consecuencia de la doble necesidad
que tienen las organizaciones de mayor diferenciación
y al mismo tiempo mayor integración (ver trabajo de
Lawrence and Lorsch, “Las organizaciones y su contexto”
- 1968). La organización bajo el sistema 4 T debe manejarse
ante estas fuerzas opuestas a las que hay que sumar el hecho
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