The Organization Development Institute International, Latinamerica
Presidente: Eric Gaynor Butterfield
www.theodinstitute.org
DESARROLLO
ORGANIZACIONAL : Formas de prestar servicios de Consultoría
Hasta más o menos mediados del siglo pasado (1950) las empresas han
estado operando en un mercado relativamente estable perteneciendo la
mayor parte de las organizaciones a los sectores primario y
secundario. Con la aparición de un sector financiero y de servicios
que tiene un crecimiento vertiginoso, las empresas enfrentan una
situación sin igual donde las proyecciones “hacia el futuro” no
tienen necesariamente una relación con el “pasado reciente” de las
mismas.
La especialización y
división de funciones comienza a alcanzar sus rendimientos
decrecientes – como todo lo que es explotado “al máximo -, y las
personas más avezadas empiezan a identificar la importancia de una
visión, misión y acciones por “proceso” como un complemento o
alternativa adicional a la operatoria vertical de tipo jerárquico.
El trabajo de Blake & Mouton (1959) formaliza un nuevo arreglo
organizacional : el de la organización matricial que, por su
naturaleza misma crea condiciones altamente conflictivas tanto en
los individuos como en los grupos y a su vez entre ambos y la
organización misma (Eric Gaynor Butterfield, 1971 : “Después de la organización
matricial nada ha de ser igual”).
Aparece cada vez en
mayor medida la necesidad de contar con asistencia externa a la
empresa como una forma de agregar nueva luz a lo que está pasando
dentro de la propia empresa. Los consultores proliferan –
inicialmente fueron conocidos como asesores, término éste que era
común para profesionales que se desempeñaban también hasta ese
momento dentro de la organización -, y junto con ellos aparecen
diversas formas o métodos para realizar la prestación como consultor
(externo). Esta diversas formas fueron sintetizadas en un trabajo
presentado por Eric Gaynor Butterfield en Michigan State University (1975), bajo
el título de “Tipología de servicios de consultoría”.
Teniendo en cuenta el
interés mostrado por diversos empresarios y directivos / gerentes de
empresa que se familiarizaron con el trabajo arriba mencionado, el
Dr. Eric Gaynor Butterfield desarrolló una separata que era incluida en las
diferentes propuestas de consultoría, y también aplicada en
Conferencias, Disertaciones y Cursos de Desarrollo Organizacional –
Servicios de Consultoría.
En fecha reciente, mes
de septiembre de 1996, el Dr. Eric Gaynor Butterfield ha sido invitado para
publicar dicha separata en la Revista del IAEF, la que fue publicada
un par de meses después en la mencionada revista ( Año 12, Nº 131,
mes de Noviembre de 1996). Se incluye a continuación la misma.
Tipología de servicios
de consultoría – Separata preparada como Guía para empresarios y
directores de empresas que contratan servicios de consultoría
Por lo general los
consultores independientes, firmas consultoras y consultores
internos de la organización “focal” comienzan a prestar sus
servicios profesionales a partir del momento en que una organización
(o un sector de la empresa) percibe que necesita apoyo de recursos
externos para mejorar su efectividad y eficiencia.
Ahora bien, desde el
momento que la empresa (o la unidad bajo análisis) le participa al
consultor los puntos de mejora que espera introducir en sus
operaciones y las deficiencias que esperan subsanar, tanto la
organización en cuestión como el consultor (ésta figura incluye de
aquí en más al “equipo consultor”) desarrollan una serie de
supuestos básicos respecto de la forma en que se ha de realizar la
intervención o trabajo de consultoría.
Con el propósito de
analizar este proceso relacional entre la organización y el
consultor, se han categorizado las intervenciones de consultoría de
acuerdo con la siguiente tipología :
A. Consultor “genio” –
Organización Cliente “Ignorante”
B. La consultoría como
una distribución o re-distribución, de recursos
C. La consultoría como
un “proceso de aprendizaje mutuo tanto para la organización como
para el consultor”.
Características de los distintos tipos de prestación
A. Consultor “genio” –
Organización Cliente “Ignorante”
En el transcurso de
reuniones informales mantenidas con “asesores” el Cliente ha elegido
QUE es lo que debe mejorar / cambiar, y por lo tanto, el esfuerzo es
orientado hacia seleccionar QUIEN (consultor) está mejor preparado
para asistirlo. La importancia de la etapa de diagnóstico no es
priorizada y se focaliza directamente la acción hacia mejoras
orientadas a las áreas o procesos “que supuestamente son las
causales de ineficiencia” (desafortunadamente el Cliente aprende que
se han atacado los efectos y no las causas de las deficiencias, al
terminar el trabajo de consultoría).
Bajo esta forma de
prestación de servicios de consultoría, el desarrollo de la labor
del consultor puede adoptar tres orientaciones básicas :
- Aquella que presupone
que el asesor es un experto en solucionar problemas del tipo que
supuestamente la organización confronta actualmente,
- Aquella que presupone que el asesor es un experto en materia
teórica en relación al problema que la organización confronta, y
- Aquella que presupone que el asesor es un experto en materia
técnica en relación al problema que la organización confronta.
Hay algunas
características típicas que se presentan bajo cada una de estas dos
opciones. Veamos la primera de ellas.
Bajo esta primer
situación el consultor focaliza su atención en “descubrir” falencias
dentro de la organización y hacerlas notar a la alta dirección. El
consultor piensa que esta es una buena forma de consolidar su
posición como “experto” o “genio” en la materia. Dedica tiempo y
recursos a “descubrir” fallas, vicios, errores dentro de la entidad
identificando aquellos puntos críticos dentro de la misma. Culmina
su labor inicial con informes verbales o escritos donde minimiza la
importancia de los recursos actuales de la organización y la
participación que éstos puedan tener en crear, desarrollar e
implementar mejoras en la empresa.
En estos informes tanto
verbales como escritos se detallan principalmente los puntos
negativos, y el consultor pone especial énfasis (es el epicentro del
informe) en señalar las “penurias organizacionales”. La
concentración del profesional en dichas variables asumiendo que son
las causas de las desmejoras, produce, desde ese mismo instante,
varias consecuencias disfuncionales que se van a manifestar más
abiertamente en la fase de implementación de mejoras.
Por de pronto, el pre-diagnóstico
que se realiza “antes” de incorporar al consultor, no siempre es
correcto. Más bien, nuestra experiencia como consultores nos
demuestra que en la gran mayoría de los casos ese pre-diagnóstico
identifica mayormente los efectos y no las causas de los males
organizacionales. Por lo tanto la traída del consultor experto en
solucionar los efectos en el mejor de los casos consigue apaciguar
el impacto de éstos por un corto tiempo, pero no llega a eliminar
las causas u orígenes de las desventuras empresariales.
Exploremos ahora la
segunda opción, donde se acude al experto teórico. Aquí se acude al
experto teórico que supuestamente está vinculado con lo que se
“presupone” que es el problema de la organización (bajo esta
modalidad de prestar servicios profesionales se supone que “no se
puede contratar un experto si previamente no se ha identificado el
mal de la entidad”). Al igual que en el caso anterior la
intervención focaliza su interés en los efectos y no en las causas
que debilitan la empresa. Aquí también se consigue amortiguar
parcialmente los males o por cierto tiempo, bajo la hipotética
situación que el consultor teórico “acierte” en su diagnóstico
inicial. Por supuesto el experto teórico está especializado en sólo
algunos conceptos o marcos teóricos y estos son tomados como verdad
absoluta que pueden y deben ser adoptados por las empresas en todas
las situaciones independientemente del sector industrial a que
pertenezca o su etapa de desarrollo organizacional, entre otros
aspectos. Y esta especialización es la que predispone al consultor
teórico a “seleccionar” una única y mejor forma de producir el
cambio organizacional (dentro de los marcos conceptuales que el
maneja con cierta comodidad).
La experiencia nos ha
demostrado que son muy pocas las intervenciones efectivas como
resultado de la selección de esta forma de intervención ya que esta
práctica en particular o enfoque de consultoría puede resultar en
consecuencias disfuncionales para la organización – Cliente.
En la tercer opción
dentro de esta tipología de Consultor “genio” – Organización Cliente
“ignorante”, se presentan manifestaciones muy similares a las
descriptas en el punto anterior con la diferencia en que el
consultor aquí en lugar de privilegiar una teoría, tiene la
tendencia a elegir una técnica en particular. Y ésta técnica está
vinculada con alguna “Best Practice” en particular. Ya hemos hecho
referencia en otras publicaciones y presentaciones a alguna de las
consecuencias no anticipadas y negativas de seguir este camino (Eric Gaynor Butterfield 1994,1995, 1996). Si realmente el consultor hace la
“elección” de una best practice en particular como la única y mejor
manera de lograr el desarrollo organizacional, ¿ como puede el
consultor conciliar su selección – supuestamente correcta - con el
hecho que en los últimos 20 años han existido mas de 20 Best
Practices diferentes y han co-existido más de 6 al mismo tiempo ? Le
cedemos la respuesta a los consultores que adoptan esta metodología
que, en nuestra opinión, penaliza a la organización – Cliente (en el
mejor de los casos puede llegar a ser una situación de aprendizaje
para el mismo consultor que cobra sus honorarios profesionales, pero
no lo es para la organización – Cliente que le paga al consultor sus
honorarios).
Ahora bien, ¿ Qué es lo
que tienen en común estas tres modalidades de la Opción A ? Por lo
general, bajo esta opción A Consultor “genio” – Organización cliente
“ignorante” el avance de los trabajos es acompañado por informes
verbales o escritos a la alta dirección que no son transmitidos en
forma cristalina a los demás participantes e incumbentes
organizacionales. Más aún, resulta paradójico que generalmente los
consultores se quejan y critican el comportamiento de los
participantes organizacionales por “no ser abiertos con ellos” , por
“resistirse al cambio” e incluso por “esconderles información
relevante”, cuando ellos mismos, es decir los consultores, operan y
ejercitan prácticas idénticas a las que ellos mismos critican.
Podemos decir que estos
informes en la práctica responden al enfoque higiénico (de prestar
solo atención a la limpieza externa en el mejor de los casos) y
satisfacen – con suerte – el requerimiento de la propuesta
tradicional de consultoría donde los honorarios están directamente
relacionados con la presentación de informes y no con la calidad de
los procesos de la propia intervención de consultoría.
En muchos casos estos
informes a la alta dirección requieren en una segunda instancia la
emisión de Manuales operativos y funcionales de las “nuevas y
mejores prácticas” sugeridas por el consultor. A estas alturas ya
sabemos donde terminan dichos manuales : con algo de fortuna pueden
llegar a ser guardados o archivados en alguna “biblioteca” de las
gerencias o responsables involucrados y no existe ninguna relación
entre las mismas y las prácticas diarias operativas, administrativas
y comerciales de la organización.
De hecho que esta
metodología de realización de intervenciones produce consecuencias
no-anticipadas y negativas en la propia consultoría y a su vez
afecta e impacta disfuncionalmente sobre los resultados de la
empresa. Por lo general no se implementan las recomendaciones (de
hecho no se cuenta con la colaboración del incumbente al llegar a la
fase de implementación de mejoras y cambios) ya que la misma
mecánica del consultor ha sido la inapropiada y atenta contra una
efectiva implementación.
¿ Cómo culminan estos
trabajos de consultoría ? Por lo general los “Manuales”, “Informes”,
y “Mejores Prácticas” van reduciendo su importancia en el tiempo y
consiguientemente existe una tendencia a volver a las prácticas
anteriores con la incorporación de algunas mejoras (distintas de
aquellas a que ha hecho mención el consultor) que sí son
implementadas por los participantes organizacionales responsables de
la gestión dentro de la empresa.
¿ Cuál es la visión
final del proceso de consultoría ? Tanto el consultor como la
organización cliente reafirman su profecía de auto-realización de
Consultor “genio” – Organización cliente “ignorante” con el cual se
ha dado inicio originalmente al trabajo de consultoría y, a menos
que desarrollen un cambio de enfoque es muy posible que refuercen
sus preconceptos y sigan operando bajo este círculo vicioso donde
sólo pueden obtenerse en el mejor de los casos mejoras parciales y
por un plazo muy corto de tiempo.
El consultor dirá para
su consuelo que “El cliente no ha sabido o no ha querido incorporar
sus mejoras y recomendaciones” con lo cual su identidad y calidad
como consultor no se ve alterada y está listo para encaminarse a
“realizar otro trabajo de consultoría” donde ha de prevalecer
nuevamente, y en forma paradójica, la misma profecía de
auto-realización donde se va a fortalecer aún más el círculo vicioso
de Consultor “genio” – Organización cliente “ignorante”.
B. La consultoría como
una “distribución de recursos”
Bajo este tipo de
intervenciones el consultor es seleccionado no necesariamente por su
grado de “expertise” en la materia como consultor genio sino en su
calidad de apropiado “distribuidor de recursos”. El cliente
predetermina la forma como concluirá la intervención del consultor,
determinando el enfoque y el curso específico de acción que seguirá
el equipo de consultoría (en algunos casos hasta puede participar,
directa o indirectamente, en la emisión del “informe final”).
A diferencia de la
opción A anterior donde el interés se centra en QUE y QUIEN, aquí se
prioriza el COMO de la finalización del trabajo de consultoría,
donde se satisfacen las demandas y exigencias del cliente.
Aquí el trabajo de
consultoría en si mismo es visualizado como una “gran torta” donde
los distintos incumbentes y participantes “recibirán” distintas
porciones de la misma (“a piece of the pie” en la cultura
norteamericana o “un pedazo del queso” en nuestra cultura).Entre los
incumbentes debemos incluir a los variados participantes
organizacionales como asimismo al consultor quien, con la
herramienta correcta, realizará el “corte” que apriorísticamente se
ha definido como el más “ventajoso o conveniente” (por supuesto que
esto es válido para algunos miembros de la organización pero
necesariamente ni para todos los miembros ni tampoco para “la
organización”).
Debemos señalar que en
toda intervención de consultoría es muy posible que al finalizar el
mismo se realice efectivamente una nueva distribución de recursos
dentro de la empresa que difiere de la que se presentaba al momento
de comenzar la intervención. Lo que caracteriza a este tipo de
enfoque de prestaciones de consultoría es el hecho que aquí una
cantidad importante de la distribución de recursos se realiza
durante la misma intervención de consultoría.
Esta característica de
“distribución apriorística de recursos” atenta contra una correcta
asesoría de procesos ya que asume – incorrectamente – que :
1. La variable
relevante con implicancias de causa – efecto (variable
independiente) es la distribución de recursos organizacionales, y
2. que la manipulación apriorística de la misma no produce
consecuencias negativas o disfuncionales sobre otras variables que
impactan en la eficiencia de la empresa.
Son sumamente numerosas
las situaciones donde las prestaciones de consultoría son realizadas
bajo esta modalidad, tanto por los consultores internos como
externos a la empresa.
Las “re-ingenierías”
orientadas a reducciones masivas de personal en forma similar
(porcentajes) a través de toda la organización: “Todos los
departamentos deben reducir su dotación en un 20 %”, son típicos
trabajos de consultoría bajo esta modalidad. No es necesario abundar
en detalles sobre el impacto negativo de esta práctica que falla
aunque más no fuere, por “tratar igual a quienes son naturalmente
distintos”. Nuestra experiencia nos ha demostrado que los desajustes
entre necesidades de dotación y carga de trabajo real, no son
similares a través de toda la entidad.
Los consultores
externos también participan de esta opción en cuanto a prestaciones
de servicios de asesoría cuando se involucran en trabajos donde la
organización cliente ya ha :
1. predefinido las
ineficiencias de la empresa,
2. el castigo de los “culpables”, y
3. la recompensa “para los elegidos”, en forma anticipada a un
diagnóstico objetivo de la situación que confronta la empresa.
Esta práctica de
consultoría externa es por lo general acompañada por un informe
escrito del consultor a la organización cliente, donde documenta los
cambios institucionales del “supuesto” trabajo de reorganización
encomendado. Bajo esta opción de consultoría navegan las
“organizaciones-que-no-aprenden” y los consultores “a destajo”. Los
fundamentos de esta opción asumen que son los recursos situacionales
los actores principales que impactan en la eficiencia
organizacional, y es por ello que centran su atención en el cambio
de los recursos situacionales como panacea de efectividad.
Desafortunadamente
aprenden muy tarde que quienes han aprendido (o más beneficiado) son
efectivamente los actores, y como estos son situacionales (cumplen
el ciclo organizacional característico de las personas
individuales), no es la organización la que aprende. De hecho pueden
encontrarse numerosas situaciones de este tipo en instituciones
públicas y empresas gubernamentales donde los “talentos” son
incorporados – y también alejados – como resultado de decisiones
afectivas-no-meritorias (por decir lo menos) en lugar de racionales,
basados en un sistema de reparto con privilegios para algunos
miembros de la organización (y en perjuicio de la entidad en su
conjunto).
Esta opción de
consultoría se acerca considerablemente a la consultoría de oficio o
por decreto que se caracteriza por reducir el número de opciones en
lugar de aumentar el número de las mismas ofreciendo un enfoque y
perspectiva distinta. Ya veremos al explorar la tercera opción – la
de consultoría como un proceso de aprendizaje – como una de las
contribuciones más importantes del consultor es la de brindar un
nuevo enfoque o perspectiva que permita a la entidad redefinir su
rumbo, misión y objetivos.
Las filiales de
empresas multinacionales donde el aprendizaje organizacional depende
en gran medida de las decisiones adoptadas en la Casa Central,
necesitan desarrollar mecanismos que las protejan de adoptar esta
opción. Por un lado se nutren de las “creaciones” desarrolladas en
la metrópoli, que luego son estandarizadas, enlatadas y formalizadas
para sus filiales lo cual significa una comodidad organizacional que
“disfrutan” en los años de crecimiento natural. Sin embargo se
encuentran totalmente desamparados cuando en la metrópoli “ordenan”
cambios, reducciones, re-ingenierías que no pudieron anticipar en su
propio modelo “de decreto” donde la organización no aprende (no se
orienta a aumentar el número de opciones sino mas bien a reducirlas;
no desarrolla mecanismos que le permita buscar un enfoque distinto)
y por lo tanto terminan padeciendo del esquema “central” en el que,
paradójicamente, se encontraban tan cómodos durante la “buena
época”.
El caso extremo de
“consultor mercenario” (Eric Gaynor Butterfield, diciembre 1994), es decir,
aquél que plasma en un informe y “propone” los cambios inducidos y
monitoreados por el propio cliente, puede llegar a categorizarse
bajo esta opción B de formas de prestar servicios de consultoría.
D. La consultoría como
“un proceso de aprendizaje mutuo tanto para la organización como
para el consultor”.
Nuestra experiencia nos
demuestra que los cambios y mejoras son más efectivos y duraderos
cuando los servicios profesionales son desarrollados como un
“Proceso de Aprendizaje” mutuo entre el cliente y el consultor.
Bajo este punto de
vista se valoriza la experiencia de la organización y de sus
participantes, que han llevado a la empresa, de una u otra forma, a
un real posicionamiento dentro del contexto en el que opera. Es por
ello, que algunos miembros de la empresa son siempre elegidos para
participar activamente en las distintas etapas del trabajo de
asesoría.
Por otro lado, bajo
esta concepción, los directivos de la organización y sus
participantes más activos, perciben que existen áreas de posible
mejora. A su vez, esperan los aportes positivos del consultor para
contribuir a dichas mejoras. La empresa aspira a lograr esto a
través de :
1. un auto-conocimiento
de parte de la organización cliente, y
2. un nuevo enfoque por parte del consultor, lo que constituye uno
de sus aportes más genuino y creativo.
Ambos puntos encuentran
su fundamento y logro a través de la experiencia concreta en
intervenciones similares (aunque no idénticas) en otras empresas. El
lector habrá advertido que se ha hecho mención al auto-conocimiento
que representaría la fase inicial de todo trabajo exploratorio de
consultoría. El concepto de auto-conocimiento (centrado en la
organización cliente) se diferencia substancialmente del diagnóstico
tradicional (que centra su interés en el consultor). El
auto-conocimiento implica un rol activo de parte de la empresa en
cuestión, mientras el concepto de diagnóstico posiciona a la entidad
en un rol mas bien pasivo. Por lo general los consultores que
desarrollan sus labores profesionales bajo las opciones A Consultor
“genio” – Organización cliente “ignorante” , y B La consultoría como
una “distribución de recursos”, hacen referencia a un Diagnóstico
como primera etapa de todo desarrollo. De hecho la palabra
diagnóstico tiende a fortalecer las opciones A y B donde la
organización cliente está orientada a un rol pasivo bajo A en la
etapa inicial, y a un rol activo pero excluyente (de parte del
consultor) en el caso de B.
Hemos experimentado los
beneficios en aquellas intervenciones que hemos liderado al poner
énfasis en el auto-conocimiento que reemplaza ventajosamente al
diagnóstico del modelo tradicional. Ahora bien, si tuviéramos que
elegir un sustento para nuestra elección de servicios de consultoría
, ¿ cuál sería ? Pues bien, en los pórticos de los templos griegos
era costumbre encontrar la frase tallada en piedra que decía :
“Conócete a ti mismo”. Este principio se ha mantenido vigente a
través de los siglos, siendo reafirmado por filósofos y pensadores
de distintas épocas. Los estudiosos actuales de las ciencias del
comportamiento siguen este mismo principio, como resultado de la
validez de trabajos y estudios científicos sobre el tema.
Parangonando esta idea,
las organizaciones actuales, - que han reemplazado el trabajo
individual por el trabajo colectivo -, deberían esculpir en las
fachadas de sus edificios la frase “Conozcamos a nuestra
organización”. Es a través del propio conocimiento (sus puntos
fuertes, los puntos débiles, la forma de enfrentar y superar la
crisis, el enfoque creativo, el atractivo de los desafíos, la
superación de temores, la cultura existente), que la empresa puede
lograr un posicionamiento y nivel competitivo adecuado, tanto para
mantenerse en el mercado como para lograr un crecimiento sostenido.
Por lo tanto en la
primera etapa el consultor debe involucrarse con la organización
cliente en un trabajo exploratorio, para lograr un auto-conocimiento
de la organización y la situación que se confronta.
Habiendo satisfecho el
primer punto, reemplazando el diagnóstico por el auto-conocimiento,
analicemos ahora la segunda variable : el “enfoque”. El estado del
arte de las ciencias del comportamiento y de los especialistas en
desarrollo organizacional, demuestran la importancia de asistir al
cliente en un enfoque distintivo, que se aleja de la visión del
consultor “experto” o consultor “distribuidor de recursos”. Así como
nos hemos retrotraído en el tiempo, a la época de la Grecia antigua,
para referirnos a la importancia del auto-conocimiento de la
organización, vamos a dar un ejemplo de la influencia de un enfoque
distinto aplicándolo sobre una situación en particular.
“Se cuenta que en la
antigüedad un mercader había solicitado dinero prestado a un
usurero, estando incapacitado de devolverlo al vencimiento. El
usurero era de avanzada edad, horrible en su apariencia y ruin en su
proceder. Ante la desazón del mercader, le ofreció como única
posibilidad de dar por saldada la deuda, que la hija del mercader
pasara a ser su esposa. Para ello, le planteó un procedimiento que
le daba un 50 % de probabilidades. Consistía en tomar dos piedras,
una de color negro y otra de color blanco, colocarlas en una pequeña
bolsa de mano y luego dejar caer una. La decisión sería tomada en
base al que acertaba el color de la piedra que quedaba en el bolso
de mano. El ruin usurero con el propósito de asegurarse la hija del
mercader como esposa, eliminando de esta manera la posibilidad con
que contaba el mercader de condonar su deuda, colocó dos piedras del
mismo color en el bolso, lo que fue observado por la hija del
mercader. El usurero dejó caer rápidamente una de las dos piedras al
suelo tratando de cubrirla con el polvo de la tierra. Al intentar
abrir el bolso de mano para descubrir el color de la piedra, que por
supuesto era del mismo color que la arrojada, la hija del mercader
muy gentilmente le hizo detener la acción, diciéndole que esto no
hacía falta, ya que, revisando la que estaba en el suelo, se
verificaba que la que estaba en el bolso era del color opuesto. Con
este cambio de enfoque la hija del mercader salvó de ser desposada
con el ruin usurero y al mismo tiempo, logró saldar la deuda de su
padre ...”
Una vez definido como
modelo de consultoría el auto-conocimiento, debemos desarrollar la
metodología y los aportes que hacen tanto los consultores como los
participantes organizacionales al Proyecto de asesoría en cuestión.
Ahora bien, ¿ cuál es
la metodología a seguir para desarrollar el trabajo de consultoría
como un proceso de aprendizaje ? El consultor debe reconocer que la
organización reúne un cuerpo de expertos en el área empresarial en
que se encuentra inserta. También reconoce que la entidad posee los
recursos y los talentos necesarios para seguir desarrollando en
forma eficaz sus operaciones. Por lo tanto una de las contribuciones
más significativas es la de transferir a la organización cliente
aquellas experiencias positivas instaladas en otros clientes, con el
proósito de explorar una inserción “adaptada” a la organización bajo
análisis.
La segunda contribución
es la de transferir a los clientes marcos conceptuales relacionados
con las variables “independientes “ a tener en cuenta y el
conocimiento del “estado del arte” de la disciplina interviniente.
Es decir, bajo la concepción de la consultoría como un proceso de
aprendizaje, se involucra a la organización cliente en un
auto-diagnóstico donde el consultor transfiere sus vivencias de
otras intervenciones y sus conceptualizaciones abstractas al
cliente, las que son integradas con el rico conocimiento situacional
de la empresa o función bajo análisis.
A diferencia de las
opciones A y B anteriores, bajo la opción de consultoría como un
proceso de aprendizaje, se define el trabajo del consultor como el
de ser un factor de asistencia al cliente para describir (no evaluar
ni prescribir) con la mayor claridad posible la situación que se
confronta. En esta etapa el consultor debe esforzarse en
proporcionar información relacionada con otras experiencias
instaladas exitosamente, y en aumentar el número de opciones posible
(en lugar de reducirlas adoptando una Best Practice como por ejemplo
Calidad Total o Re-ingeniería). El asesor debe conceptuar su trabajo
como el de lograr el mayor involucramiento total del cliente por
“aprender” el conocimiento y las experiencias del mismo consultor,
empeñándolo en ser un buen diagnosticador.
Bajo esta opción se
asume que los “problemas” o “áreas de mejora” pueden resolverse por
mayor tiempo y en forma más efectiva si la organización misma, a
través de sus miembros, aprende a resolver sus propias situaciones.
El consultor en esta etapa cumple el rol de entrenar al cliente para
las labores de auto-conocimiento y descripción de la situación, en
lugar de sacar “su solución” sin la participación del cliente, como
es el caso de la consultoría tradicional (opciones A y B).
Nuestra experiencia
como resultado de diversos trabajos de consultoría muestra que los
trabajos de asesoría en cambio organizacional mas exitosos son
aquellos donde el consultor ha sido experto en cómo diagnosticar y
en cómo desarrollar una interrelación efectiva con los miembros de
la organización que conocen íntimamente la cultura en la cual su
identidad de trabajo está involucrada (conocimiento situacional).
La consultoría como un
proceso de aprendizaje exige del consultor un esfuerzo por
identificar cuál es la variable “independiente” que eventualmente
impacta sobre la variable “dependiente” (Desarrollo Organizacional
efectivo y eficiente). Esto no siempre es tomado en cuenta por los
consultores y practitioners ya que incluso lo que es correcto
científicamente no es adoptado correctamente. A título de ejemplo
podemos acudir a los periódicos que informan diariamente que “el sol
sale a las .... horas”. En realidad no es el sol que sale a las ...
horas sino que es “la tierra la que sale a las ... horas”. Como
vemos un “estado del arte” que ha sido ilustrado por Copérnico y
Galileo hace unos 400 años atrás no es tomado en cuenta
correctamente ... En la consultoría tradicional (esquemas A y B) se
dedican pocos esfuerzos a estudiar la relación anterior de
variables.
Otra diferencia
respecto de la consultoría tradicional está relacionada con el
número de variables que se manejan. La consultoría como un proceso
de aprendizaje asume que los sistemas son complejos, que existe una
fuerte interrelación de variables, y que “no juega un solo bando”.
La consultoría tradicional supone que el consultor juega con “las
piezas blancas” (del ajedrez), y en sus casos más extremos no sólo
considera que “el oponente no juega” sino que como consultor es
también dueño de la segunda movida, y de las subsiguientes.
Esto lo paga muy caro
la organización cliente al momento de tener que instalar las
recomendaciones, donde se presentan las consecuencias no-anticipadas
y negativas para la entidad. A título de ejemplo (tipo de
dramatización) de cómo los procesos son juegos de dos actores (como
mínimo) recordamos que una frase arraigada en la sociedad es aquella
que sugiere que : “Detrás de todo gran hombre ... hay una gran
mujer” . Esta frase inspira un sentimiento de satisfacción en las
mujeres al escucharla. Sin embargo, haciendo una movida más, tan
sólo extendiendo dicha frase, podemos descubrir otras reacciones
femeninas si decimos : “Detrás de todo gran hombre hay una gran
mujer ... y detrás de esa mujer está la esposa de él”.
La consultoría como un
proceso de aprendizaje implica identificar y separar las variables
independientes de las dependientes, y procesar el mayor número de
variables posibles con el propósito de descubrir aquellas posibles
consecuencias no anticipadas y disfuncionales para la empresa.
Finalmente, otra
diferencia de la consultoría como un proceso de aprendizaje respecto
de las metodologías tradicionales se centra en el descubrimiento que
toda organización, como los seres vivientes, tiene una situación de
cuasi-equilibrio, donde se presentan conjuntamente fuerzas tanto a
favor del cambio, como a favor de preservar la situación actual. La
consultoría tradicional, bajo sus opciones A y B ya mencionadas, se
empeña siempre en aumentar las fuerzas a favor del cambio.
Sin embargo el estado
del arte de las ciencias del comportamiento ha demostrado, que una
reducción eficaz de las fuerzas que intentan preservar la ineficaz
situación actual, es el camino más apropiado para introducir las
mejoras y obtener los beneficios esperados. Este postulado de las
ciencias del comportamiento ha sido validado empíricamente por los
consultores que apoyan sus intervenciones bajo la concepción de la
asesoría como un proceso de aprendizaje y por lo general no es
contemplado por aquellos que adoptan las opciones A y B de
consultoría tradicional. |