CASOS
DE INTELIGENCIA EMOCIONAL
EN
LA EMPRESA (X)
EL
PODER DE LA COMUNICACIÓN
Derek
Wanless,
jefe del NatWest Group, uno de los ‘cuatro
grandes’ de la banca británica, con activos totales de U$S
250.000 millones, dedica un 30% de su tiempo a
conversar con los empleados cara a cara. Insiste en
acercarse a ellos para oír su voz emocionalmente honesta.
Sólo así, dice, puede uno ver y sentir lo que está
pasando realmente.
Esto
es algo a lo que muchos ejecutivos están prestando mayor
atención. Por ejemplo, Colin Marshall, presidente
de British Airways, una de las compañías más
grandes del mundo, con U$S 9.000 millones en ventas,
cree que la apertura y la honradez emocional son elementos
vitales para obtener el mejor rendimiento de su organización.
‘No
creemos que donde estamos hoy sea donde estaremos o
esperamos estar mañana’, dice. En los últimos cinco años
British Airways ha realizado 110 seminarios,
cada uno con 25 directivos, y en cada uno de ellos Marshall
dice que ha pasado dos o tres horas conversando abierta y
honradamente con los gerentes sobre varios aspectos del
negocio. Dice que después de años de estricto control,
los directivos al principio vacilaban en hablar con
franqueza, pero ahora ya saben que no se les va a
sancionar si critican a la compañía. Para probar este
punto, Marshall ha despedido a directivos que no
escucharon abiertamente a las críticas o ideas y ha
promovido a los que tienen honestidad emocional y se han
enfrentado al sistema.
Compañías
como Hewlett-Packard (HP) son prueba de que las
empresas pueden mantener un alto nivel de conexión
emocional a medida que están creciendo. La clave, según Lewis
E. Platt, su presidente y director ejecutivo, es usar
todas las formas posibles de mantener vivo el sentido de
conexión.
En
una entrevista dijo:
‘Yo
viajo mucho, cerca de dos terceras partes de mi tiempo, y
paso mucho tiempo frente al personal de HP. Esto lo hago
de una manera informal, por ejemplo andando de un lugar a
otro para hablar con la gente. Otras veces tenemos lo que
aquí llamamos charlas de café. Estas son famosas en HP.
Reunimos a todo el personal de una dependencia y durante
media hora hablamos de lo que está ocurriendo en la compañía,
qué es importante, qué nos espera, y luego contestamos
preguntas. Yo por lo general agrego media hora o una hora
más para mezclarme con la gente. Estas cosas son muy
importantes’.
Las
charlas de café de Platt están saturadas de franqueza,
intuición y empatía y crean un sentido de conexión
que se extiende por la compañía. Cada una es un diálogo
basado en escuchar cuidadosamente a la gente y luego
tratar de incorporar sus ideas en la continua innovación
y operaciones de HP.
De
cualquier manera que las veamos, las relaciones
emocionales son la savia de
cualquier negocio.
Robert
Petersona,
profesor de marketing en la Universidad de Texas,
descubrió que la conexión determinante entre satisfacción
del cliente y negocio de repetición es un vínculo
emocional que tiene que desarrollarse entre el
consumidor y el producto o servicio. Esa clave íntima no
es la calidad, precio competitivo y un departamento de
servicio (todos estos son requisitos elementales para sólo
permanecer en el mercado), sino el vínculo emocional,
el sentido de conexión.
Más
o menos lo mismo sucede cuando se trata de las relaciones
de un gerente con sus trabajadores. Dice Phil Quigley,
director ejecutivo de Pacific Bell: ‘Yo no
pienso en el liderazgo como una posición ni como una
destreza, sino como una relación’.
‘Uno
no se interesa en una persona por lo que ella sea sino por
lo que le haga sentir a uno
–observa Irwin Federman, antiguo presidente de Monolithic
Memories-. Sostengo que en igualdad de
circunstancias, trabajamos más y más eficientemente para
una persona que nos gusta. Y nos gusta en proporción
directa a cómo nos haga sentir’. Viendo la otra
cara de la moneda, Will Schultz, profesor de
Harvard, dice: ‘Mis relaciones con otros dependen
en gran parte de cómo me sienta yo acerca de mí
mismo’.
Investigadores
del Centro de Liderazgo Creativo han descubierto
que la ‘insensibilidad hacia los demás’ es la
razón que más se cita para explicar el fracaso de
ejecutivos y líderes. Los estudios mostraron que la
capacidad de extender empatía –de entender el punto de
vista ajeno- era la diferencia más pronunciada entre
los que triunfan y los que fracasan.
Veamos
un ejemplos de los beneficios de responsabilizarse por las
conexiones emocionales. Probablemente escuchar y respetar
los sentimientos no es una cualidad de liderazgo que acuda
a la mente del lector cuando piensa en los ‘Tres
Grandes’ fabricantes de automóviles de Detroit.
Durante muchos años, Chrysler y su antiguo
presidente Lee Iacocca (quien superficialmente
parecía tener alto CE (Cociente Emocional), pero en
realidad tenía su estilo administrativo autocrático)
ciertamente no se veían como ejemplos de lo que pudiera
llamarse una cultura corporativa de alto CE. Pero los
tiempos han cambiado. Iacocca ya no está y Chrysler
se ha transformado en lo que muchos consideran la
empresa de automóviles más activa de los EE. UU.
y ha llegado recientemente a ganar más aún que General
Motors y Ford.
Para
reemplazar a Iacocca, Chrysler contrató a Robert
Eaton, un hombre que apenas pasa de los 50 años y había
manejado GM Europa desde 1988 hasta 1992. En enero
de 1993 se encargó de Chrysler e inmediatamente
los empleados comprendieron que tenían un líder
distinto. Eaton está considerado como continuamente
accesible, intuitivo, un entrenador que sabe escuchar con
empatía. A menudo él mismo al teléfono y periódicamente
entra a visitar a los gerentes y empleados para charlar
con ellos.
‘Yo
no creo
–dice- que yo tenga menos impacto sobre Chrysler
que Lee Iacocca. Sólo que será muy distinto porque mi
punto de vista es interno, de trabajo en equipo, distinto
del que él tenía’. Las primeras veces que un líder
pide a su gente que le hable con honradez sobre cómo se
siente, los empleados pueden vacilar. Pero si el líder
sigue preguntando y demostrando su propia voluntad de
expresión emocional fracasa, al fin llegan a creer que el
líder realmente quiere entender sus sentimientos, no sólo
sus pensamientos, y se franquearán.
Una
de las primeras iniciativas de Eaton fue establecer
un ‘equipo para el comportamiento de la alta
administración’, destinado a enseñarles a los altos
funcionarios a ser más accesibles, a estimular a los
subalternos para que hablen, escucharlos y hacer contacto
visual. Todo esto ocurrió a tiempo que se formaban
‘equipos de plataforma’ Inter-funcionales, que reunían
en un mismo lugar a todos los que toman parte en la
producción de un vehículo, desde el concepto de mercado.
Esta medida inmediatamente facilitó la comunicación y
el desarrollo, redujo costos y aceleró la producción.
Esto
llevó, entre otras cosas, al Neon de Chrysler.
En sus primeras etapas de desarrollo, los líderes
obtuvieron la ayuda y consejo de aliados y proveedores no
tradicionales, como el Sindicato de Trabajadores del
Automóvil. Los trabajadores de línea contribuyeron
con más de 4.000 inquietudes y propuestas
para modificar el proyecto.
Los
resultados sacudieron la industria automovilística
y Neon se enfrentó con éxito a los fabricantes
japoneses en el mercado norteamericano de autos pequeños.
Toyota recientemente anunció uno de los más
rigurosos exámenes que haya hecho jamás sobre el automóvil
de un competidor. En su informe observa que el Neón
Chrysler lleva ‘incorporado en su diseño
economías de costos sin precedentes en un automóvil
americano’.
Chrysler
aspira, naturalmente, a mantener este impulso y ampliarlo
para que tomen parte activa todos sus trabajadores,
directivos, proveedores y demás interesados, creando uno
de los esfuerzos de equipo más inteligentes y más
intuitiva y emocionalmente genuinos de la industria. Que
los empleados de una compañía en cualquier nivel puedan
preguntarse unos a otros: ‘¿Qué le preocupa a
usted realmente sobre tal cosa?’, o bien ‘¿Qué
le dice su intuición sobre la solución de este
problema?’, y que puedan hacer tales preguntas
sin temor al ridículo o las represalias, ha venido a ser
una señal distintiva de las empresas prósperas como Chrysler,
que fue elegida como la compañía del año en enero de
1997 por la revista FORBES por ser ‘inteligente,
disciplinada e intuitiva’.
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