CASOS
DE INTELIGENCIA EMOCIONAL
EN
LA EMPRESA (VI)
LAS
ARTES DE LA INFLUENCIA
La
fusión de Salomon
Brothers y Smith
Barney creó una de las firmas financieras más
grandes del mundo.
A las pocas semanas del anuncio se realizaron una
serie de reuniones en ambas firmas, para resolver cómo
harían esos dos peso-pesados para convertirse en un
solo gigante. Como suele suceder en esos casos,
centenares de trabajadores perderían sus empleos,
pues había muchas funciones repetidas en ambas compañías.
Pero,
¿cómo se puede dar esa noticia sin empeorar una
realidad ya preocupante?
Un
jefe departamental lo hizo de la peor manera posible.
Pronunció un discurso lúgubre, casi amenazante, en
el que esencialmente dijo: ‘No sé qué voy a hacer,
pero no esperen que sea amable con ustedes. Tengo que
despedir a la mitad de la gente y no estoy muy seguro
de cómo tomar esa decisión. Me gustaría que cada
uno me dijera sus antecedentes y su preparación, a
fin de comenzar’.
Su
colega de la otra compañía lo hizo mucho mejor. Su
mensaje fue animoso: ‘Creemos que esta nueva empresa
será una estimulante plataforma para nuestro trabajo,
y tenemos la bendición de contar con personas
talentosas en ambas organizaciones. Tomaremos las
decisiones tan de prisa como se pueda, pero no sin
asegurarnos de haber reunido información suficiente
para ser justos. Los mantendremos informados acerca de
la marcha de las cosas. Y para decidir tomaremos en
cuenta los datos de desempeño objetivo, las aptitudes
cualitativas y el trabajo en equipo’.
Los
del segundo grupo, según dijo Mark
Loehr, director gerente de Salomon
Smith Barney, ‘produjeron más,
pues estaban entusiasmados por las posibilidades. Y
sabían que, aun si terminaban despedidos, la decisión
sería justa’.
Pero
en el primer grupo ‘todos carecían de motivación.
Oyeron decir: ‘No se me ha tratado con justicia’,
y eso provocó un ataque colectivo de amígdala.
Estaban amargados, desmoralizados. La gente decía:
‘Ni siquiera sé si quiero seguir trabajando para
este idiota, mucho menos para la empresa’. Los
buscadores de talentos se pusieron en contacto con la
gente y se llevaron a algunos de los mejores de ese
grupo, pero a ninguno del otro’.
El
arte de la influencia requiere manejar con efectividad
las emociones ajenas. Ambos jefes departamentales eran
influyentes en este sentido, pero de maneras opuestas.
Los
trabajadores estelares son diestros en la proyección
de señales emocionales, lo cual los convierte en
potentes comunicadores, capaces de dominar a un público.
En pocas palabras, los convierte en líderes.
(‘La
Inteligencia Emocional en la Empresa, Daniel
Goleman)
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