HABILIDADES
CLAVES
EN LAS RELACIONES LABORALES
·
Habilidades
de percepción:
la habilidad de percibir señales no
verbalizadas; de situarse en la posición del
otro, ya sea en sentido literal o figurado, y
comprender sus sentimientos y reacciones.
·
Habilidades
para escuchar:
prestar mucha atención a lo que los demás
dicen y cómo. Emplear indicios no
verbalizados para alentar la conversación
abierta. Permitir que las personas terminen de
emitir sus opiniones sin interrumpir.
·
Manejo
de los sentimientos:
estar consciente de los propios sentimientos y
las condiciones ambientales que los provocan.
Utilizar las propias reacciones emocionales
como medidor en las situaciones grupales.
Expresar las emociones como método de
aumentar la comunicación y de pedir
reacciones emocionales de los demás.
Reaccionar con espontaneidad. Tomar en cuenta
los sentimientos cuando se toman decisiones.
·
Intimidad/autenticidad:
desarrollar simpatía personal con los demás.
Compartir información personal sobre uno
mismo y alentar a los demás a hacer lo mismo.
Concentrarse en el individuo completo, no sólo
en el empleado.
·
Dar
devoluciones:
dar devoluciones claras y directas sobre el
rendimiento. Solicitar devoluciones de colegas
o empleados. Utilizar esa retroalimentación
para modificar el comportamiento propio.
·
Evaluar
el impacto personal:
comprender el impacto de la propia conducta en
los demás. Reconocer cómo los demás nos
perciben y las consecuencias de las propias
acciones en la creación de las relaciones.
EL MANEJO DE
LAS EMOCIONES
Las
emociones son guías que nos hacen falta
para comprender todas las reacciones humanas.
Sin
ellas, uno sólo puede especular acerca de
la calidad de una relación o una interacción;
con ellas, hay mayor certeza de percibir
a los demás de manera precisa y
correcta, en cuanto a donde están parados y cómo
se sienten.
Mientras
las habilidades de percibir y escuchar son
ingredientes claves, la habilidad de
manejar los sentimientos es de igual
importancia para la eficacia en el manejo de
las relaciones laborales. Aunque algunos
gerentes tradicionales creen que no hay lugar
para las emociones en el trabajo, el hecho es
que todos tienen sentimientos, los
reconozcan o no.
A
diferencia de los pensamientos, por lo general
los sentimientos se pueden expresar en términos
sencillos: nos sentimos mal, felices o
tristes, temerosos o valientes. Cuando se
trata de sentimientos, sólo se requieren
algunas palabras descriptivas. Sin embargo,
para muchos hombres y menos mujeres, reconocer
sus sentimientos es una de las tareas más difíciles.
Aunque
cada uno tiene tal necesidad, solemos
confundir lo que sentimos con lo que pensamos.
Desde temprano, en la niñez, nos enseñan
a valorar el pensamiento racional y adjudicar
nuestras reacciones emocionales a la situación.
Con el tiempo, aprendemos a esconderlos de
los demás e ignorarlos nosotros mismos.
Esto es lo que hace la socialización, en
distinto grado, de acuerdo a la persona, pero
especialmente con los varones.
Al
alentar a los niños a ignorar sus propias
emociones, la sociedad tiende a disminuir
su responsabilidad de responder a las de los
demás. Más tarde, como adultos, muchos
hombres pueden racionalizar sus reacciones sin
examinar siquiera cómo se sienten. Con el
tiempo, después de años de negligencia
cuidadosa, pierden contacto con su vida
emocional interna. Inclusive en casos en
los que quieren sentir y expresar sus
sentimientos a los demás, ya no pueden.