VENDEDORES
Y ADMINISTRADORES SOBRESALIENTES
David
McClelland
y Lyle Spencer Jr., director
mundial de investigación y tecnología de
Hay/McBer en Boston,
recolectaron miles de casos sobre
vendedores y administradores
sobresalientes en distintas empresas.
‘Los administradores comunes se
contentaban con dedicar a sus clientes una
mínima cantidad de tiempo, apenas lo
necesario para mantenerlos satisfechos’,
le dijo Spencer a Daniel Goleman.
‘Esas estrellas, en cambio, pasaban
mucho tiempo con ellos: los cortejaban,
los llevaban a algún bar, les hablaban de
las nuevas tecnologías y las
posibilidades que mejorarían los
productos de sus clientes, de ese modo
no se limitaban a conservar la cuenta,
sino que aumentaban las ventas. Lo que
interesaba era el fortalecimiento de la
relación, percibir las pasiones y los
entusiasmos del cliente, saber cómo
actuar con ellos y establecer el enlace
entre sus necesidades y deseos, y los de
sus productos’.
Uno
de los trabajos en que la Inteligencia
Emocional tiene mucha importancia
competitiva es, asombrosamente, el de programador
de computadoras, en el que el 10%
mejor supera al promedio, en la
producción de programas efectivos, en
un 320%. Y las raras superestrellas
del 1% superior producen un pasmoso 1.272%
más que el promedio.
(J.
Martín, Rapid Application Development,
Macmillan, 1990, y C. Jones, Programming
Productivity, McGraw-Hill, 1986).
‘No
es sólo la destreza para los cómputos lo
que distingue a las estrellas, sino
también el trabajo en equipo’, dice Spencer.
‘Los mejores están dispuestos a
quedarse fuera de hora para ayudar a sus
colegas a terminar un proyecto, y en vez
de reservarse los atajos que descubren,
los comparten con otros. Ellos no
compiten: colaboran’.
(Competence
at Work: Models for Superior Performance,
John Wiley and Sons, 1993).
Pensemos
en el costo que debe pagar una empresa
cuando el gerente, el que toma las
decisiones y maneja a los empleados, es
deficiente en las habilidades emocionales
básicas. Un estudio realizado sobre
los gerentes de una cadena de tiendas
descubrió que los más tensos,
asediados y abrumados por las presiones
laborales obtenían el peor
rendimiento en las sucursales, sobre
cuatro mediciones: por utilidades netas,
ventas por metro cuadrado, ventas por
empleado y por dólar de inversión en
inventario. Y los que se mantenían
más compuestos bajo las mismas presiones
obtenían los mayores récords de ventas
en sucursal.
(Robert
F. Lusch y Rapy Serpkenci,
‘Personal Differences, Job Tensión, Job
Outcomes and Store Performance: A Study of
Retail Managers’, JOURNAL OF
MARKETING, enero de 1990).